Contrastan la nieve y el hielo con el humo. Impresiona la fachada, tiesa, erguida en la catástrofe. De inicio pensé que era un decorado de Hollywood. Pero no es ficción. El edificio, donde habitaban personas modestas en convivencia con una mezquita, se derrumbó tras una explosión. Mineápolis es una ciudad fecunda, crecida al amparo del agua, de nivel cultural y artístico, hospitalaria con escritores y poetas, y regada de notas musicales. Tiene, como todas las urbes, distritos altos y bajos. Y estas cosas, los dramas,  suelen suceder en los barrios en los que los días parecen la noche y las noches parecen espejismos o alucinaciones que te conducen a amaneceres oscuros. En calles donde pululan forajidos, con foulard o sin él, para tejer y destejer pasiones, amores, sueños y quimeras. Y donde, en la necesidad, los bandidos buscan la luz de las farolas para cotejar el trinque.

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