México, allí donde mandan los narcos, es la sede de la desolación. El infierno es el infierno, lo llames como lo llames. El Estado dimitió hace tiempo de sus obligaciones, enfrascado en luchas de poder. El poder del perro. Desatendió al personal, y los ciudadanos están a la intemperie moral y físicamente. Allí saben, como Gandolfini, mi Tony Soprano favorito, que no se caga donde se come, y mucho menos se caga donde comen los “mero mero” del narco.

Leer texto íntegro en http://theobjective.com/blog/es/