Tiene el doctor Enrique Moreno aire de galán de antaño, fama de dios del quirófano entre la clientela de mucha visa, e incluso mala fama de buen médico entregado a la recaudación millonaria entre otros ciudadanos que temen su poder o su influencia. O ambas cosas. Ahora tiene, además,  un problema serio en el Juzgado de Instrucción 52 de Madrid, donde se ha ensanchado una investigación que estaba al borde de encallar. Puede la causa comprometer su prestigio. Este sí que es un príncipe de Asturias en peligro de descarrile judicial por un asunto de envergadura médica y moral, que huye de las cámaras de Tele 5 como Urdangarín, silente, pero sin correr.

Moreno no quiere hablar y le dijo a Isabel Cabrerizo, productora de “Cada mañana sale el sol” de ABC Punto Radio, que permanecerá mudo “hasta que no haya sentencia”. Va a ser prolongado el silencio, porque el caso va para largo. Nosotros seguiremos hablando, porque las circunstancias en que murió Morente deben ser aclaradas. Tenemos información, vamos a contrastarla, y vamos a cumplir con nuestra obligación de contárselo al personal.

Al margen de la cualificación profesional del Doctor Moreno, que yo no pondré  en cuestión, va acreditándose que el trato que suministró a la familia Morente es miserable. Un acto médico no comienza en la consulta y termina al salir de un quirófano. Es parte esencial del mismo informar adecuadamente a paciente y familiares, y en esta materia este dios se mueve en el infierno. Y está por ver si la praxis médica en las intervenciones al maestro Morente fueron adecuadas o terminan por constituir delito. Por el momento, dentro de 72 horas, tres colegas del laureado Moreno ratifican ante el juez un informe que le cuestiona y compromete su horizonte penal seriamente.

Y entretanto ahí está el juez, Fermín Echarri, que no se corta en decirle a todo quien quiera escucharle,  que está loco por archivar la causa. Hasta en el WC de Plaza Castilla lo ha soltado. Manda huevos, que diría al alba Trillo. En vez de desear que se conozca la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, garzonea y quiere quitarse el asunto de encima. Pero no va a poder.  El letrado Gordillo torea en chiqueros judiciales como los Morente dan lecciones en los escenarios del cante jondo y mejor si cabe que Javier Conde le planta cara a un victorino en cualquier plaza, aunque sea la de Castilla. Echarri, con sospechosa ansia de archivo, ha pinchado en hueso.

Desde aquí, conste toda la presunción de inocencia para el doctor, y todo el derecho de los Morente y Conde a que se investigue hasta el final. Pero en este asunto quedan todavía por escucharse muchas palabras hasta llegar al final. Quizá las más interesantes sean las de Moreno. Seguiremos llamándole, no vaya a ser que decida hablar antes de la sentencia.