He leído con interés hoy esta noticia de El Mundo y no puedo evitar escribir unas líneas, pocas, que es domingo.

“Esas manos… lejos del Twitter, por favor” »

Twitter como fuente de quebraderos de cabeza de algunos famosos. Gran asunto. Creo que Darío Prieto escribe sobre un asunto de interés pero no ha dado con el enfoque más adecuado, o al menos así me lo parece a mí. Cada uno de los casos que analiza son bien diferentes y sólo tienen en común que se han producido en esta red social, en este patio, y que han generado polémica. En mi opinión, Vigalondo ha acreditado su falta de tino, regular educación ciudadana y cierto sectarismo ideológico, trufado de un exceso de soberbia; Alex se ha visto envuelto en una polémica que quizá le haya desbordado, no ha faltado el respeto a nadie y ha cometido algún error como cometemos todos, y sólo una batalla por un poder que el no busca le ha puesto para algunos en el punto de mira; Alejandro Sanz, en uso de su derecho, polemizó en este patio, expresó sus opiniones y aceptó la batalla pública. He discrepado de el en muchas ocasiones, pero no he tenido la sensación de que haya hecho nada que no quisiera hacer o de que se haya visto sorprendido por lo ocurrido; y Bisbal…. ay Bisbal¡¡¡¡¡¡¡¡ Su comentario sobre Egipto y las pirámides y algún otro desnudan sus carencias intelectuales. Y ya está.

Todo esto ocurre en Twitter y fuera del patio. Aquí encuentra uno lo mismo que en la calle, ni más ni menos. Esas manos teclean 140 caracteres y depende del talento de cada uno lo que se escribe resulta o no interesante. Son esas cabecitas, las de algunos, las que generan los problemas, no Twitter. Este patio lo que si hace es ayudar a veces a que la indigencia intelectual, el sectarismo o la incapacidad de debatir sin faltar de algunos quede en evidencia. Lo que les ha ocurrido a estos en Twitter es lo mismo que le ocurrió a Ramón Jáuregui, vicepresidente del Gobierno, que la lió parda al hablar en un off the record con periodistas sobre la sucesión de Rodríguez Zapatero. El off the record no fue respetado, se conocieron sus palabras, se analizó su contenido y la lió parda, hasta el punto de poder haber comprometido el resultado de una operación política de gran calado. Y sin Twitter que valga.

O sea, que no nos vengan ahora con que Twitter tiene la culpa. Que utilicen mejor esas cabecitas. Y que dejen al patio en paz y no le echen la culpa de su impericia, de su incontinencia, de su torpeza o de sus errores.