La muerte del torero Víctor Barrio ha dado pie a que las hordas que campan por las redes sociales se despacharan a gusto contra el muerto cuando su viuda aún no había enterrado su cuerpo. Decenas de mensajes, de hombres y mujeres, identificados o anónimos, incidían en el dolor de la esposa de Barrio, y horadaban su alma en una supuesta defensa de los animales.

Las hordas de las redes sociales, en especial en Twitter y Facebook, se sienten legitimadas para el insulto a braga quitada, para la ofensa, para la humillación, para la lapidación civil de todos los que no piensen como ellos. Violan lo más íntimo desde la impunidad real de la red, aunque se sepa quiénes son. Se amparan en la libertad de expresión, pero esta también tiene límites. No vale todo. Porque este ejército de canallas y salvajes no toleran la discrepancia y son una máquina de generar odio y lanzarlo por la rampa infernal de internet.

Esta vez han sido los de siempre, sumándose a animalistas que, en una incoherencia insoportable, dicen defender la vida de los animales y lo hacen celebrando la muerte de un ser humano. Y por supuesto, siguiendo la senda de los sexta columnistas de la política pijoprogre, lo hacen también con humor, descojonándose de la víctima y celebrando su condición de tal, pero amparándose en la sátira, donde ellos creen que también vale todo, mientras no se lo hagan a ellos, claro.

Me espantan la persecución, la lapidación, la fumigación civil y social desde una militancia, sea la que sea, que imposibilita a alguien reconocer en quien no piensa igual que nosotros a alguien que merece el máximo respeto. No es aceptable. De nadie. Y menos aún de quienes no piensan como uno y por el mero hecho de discrepar. No soporto y me aterran y repugnan quienes practican este tipo de asesinato en el paredón de lo público amparándose en cualquier excusa para dar rienda suelta a su miseria intelectual. Hoy lo hacen en defensa de los animales. Mañana de una ideología, o de una religión, o de una bandera, o de una tierra o una frontera. Es lo mismo, se mire desde donde se mire. Y la red, internet, es un espacio de enorme riesgo para que campen a sus anchas tantos desahogados. Es inconcebible, además, que unos tipos que se dicen defensores de derechos de los animales pretendiendo evitar que sean maltratados, a la vez se expresen con tanta virulencia celebrando la muerte de un ser humano. ¿Sienten horror por la muerte de un animal y festejan la de un humano? He sentido leyendo algunos de esos textos lo mismo que cuando he escuchado testimonios de terroristas que explicaban cómo al asesinar no veían a seres humanos, sino uniformes, profesiones, enemigos. La defensa de los animales es un pretexto de estos salvajes que igualan a los animales con los hombres, o incluso que elevan a los primeros en su condición para justificar su desvarío.

Y entre todos los salvajes está el supuesto profesor de Valencia, Vicent Balaguer Santos, que en Facebook dijo: “ yo que soy un ciudadano muy educado, hasta el punto de ser maestro, me alegro mucho de su muerte. Lo único que lamento es que de la misma cornada no hayan muerto los hijos de puta que lo engendraron y toda su parentela… Hoy es un día alegre para la comunidad, bailaremos sobre su tumba y mearemos en las coronas de flores”. No está claro que sea maestro de verdad. La Consejería de Educación valenciana asegura que no es profesor ni en la red de centros públicos ni en la de concertados. Un letrado de Castellón ya ha presentado una denuncia contra él aportando su supuesto domicilio.

Este hombre horadó hasta el tuétano el corazón de la viuda, conscientemente. Si es maestro de verdad, debiera dejar de serlo de modo inmediato. Si de él dependen la formación de jóvenes valencianos es un peligro público superior a si se dedica a cualquier otra actividad. Intuyo que se ha hecho pasar por maestro sin serlo, pero estaría bien que se aclarara con rapidez este detalle.

El torero ha muerto en la plaza. La viuda ha sufrido doble cornada de dolor, la muerte misma de su amado y el odio de tantos animales que se dicen humanos. El maestro que espero no lo sea se ha despachado y espero que no le salga gratis. Y las hordas debieran andarse con cuidado, porque un día la cosa va a saltar de las redes a la calle y el cisco puede ser de órdago. Porque el personal se cansa, se harta, y un día alguien cometerá un error en la respuesta, al llevarla a la venganza. Es lo que tiene el asunto. Que no es banal. Que es muy serio.