Tras la primera de las dos reuniones clave de Rajoy de esta semana, seguimos con dudas. Albert Rivera ha sido suficientemente claro. Tres certezas: Rajoy tiene decidido intentarlo y someterse a la investidura, Ciudadanos está dispuesto a abstenerse y no sabremos hasta mañana, tras la reunión de la Ejecutiva, si Rivera y los suyos estarían dispuestos a votar sí en el caso de que en la segunda votación fuera imprescindible para que el PP gobernara. O sea, que aún no ha salido el líder naranja de su laberinto.

La reunión de hoy entre Rajoy y Rivera ha sido correcta, no excesivamente larga, ha restañado algunas heridas y no ha despejado las dudas. Rivera mide sus pasos y traslada toda la presión a Sánchez, que se reúne mañana con el presidente del Gobierno en funciones. Está muy bien escuchar a Rivera que unas terceras elecciones no son una opción, pero puede darse el caso de que sólo sean evitables si ellos votan que sí.

Está claro que no quiere Rivera aparecer como socio preferente de Rajoy, y ha sido claro al expresar que no apoyaran a pies juntillas a un Gobierno popular. Pero claro, después de todos estos escarceos llega la realidad. Si Ciudadanos a lo más que llega es a la abstención, Rajoy no podrá gobernar porque solo podría aspirar a llegar a 144 votos, en el supuesto de que convenciera a los canarios y al PNV, o a 152 con los de la antigua Convergencia, o sea, un sueño de verano.

Un cualificado colaborador de Rivera me dice tras la entrevista: “No lo tenemos fácil, pero está quedando claro desde hace tiempo que nosotros somos los únicos que nos estamos batiendo el cobre desde diciembre porque haya Gobierno. Si el PSOE quisiera y no se empecinara en sus líneas rojas, el asunto estaba resuelto, y gobernaría Rajoy con un programa tasado de reformas de regeneración democrática. Nos guste o no, que es que no, Rajoy ha sido el más votado, incluso ha crecido en votos, por lo que le corresponde a él. Nuestra obligación es obligarle a avanzar en la regeneración, forzarle a que el cambio esta vez sea de verdad, al menos en unos mínimos pactados por escrito. Y eso sería bueno para España, y si al final no es, la responsabilidad será del PSOE”.

Rajoy sigue siendo optimista. Después de haber estado toda la campaña ninguneando y atacando a Rivera y Ciudadanos, con la milonga de que votarles no servía para nada, reclamando el voto útil, ahora necesita los escaños de Rivera. A ver qué dice mañana la Ejecutiva naranja, qué condiciones pone y a ver qué ofertas concretas hace el PP.

De la reunión de mañana con Pedro Sánchez no cabe esperar nada, porque en los milagros no creemos. Otra cosa es que a Sánchez le obliguen los suyos antes del último segundo a no suicidarse, pero el laberinto de Sánchez es peor que el de Rivera, y mientras en Albert se perciben ganas de encontrar la salida cuanto antes, en el líder socialista nada, no se atisba ninguna posibilidad, está enrocado.

O sea, que seguimos más o menos igual, con la amenaza de unas terceras elecciones, con la incomprensión general, el cabreo formidable y la incertidumbre, que es demoledora para todos. Mañana más. Aunque me temo que no mejor.