Ciudadanos, el partido hiperliderado por Albert Rivera, obtuvo un buen resultado en las elecciones de hace una semana. 3.123.769 votos y 32 escaños son un buen caudal político. No son a día de hoy una alternativa de poder, pero sí un partido bisagra que puede jugar un papel relevante en la formación de Gobierno si juega bien sus cartas. Porque es posible que Mariano Rajoy termine por sacar adelante la investidura, pero no es fácil imaginar que pueda gobernar con un mínimo de futuro y estabilidad con 137 escaños y a la pelea cada día por sacar adelante cada proyecto. Con sus 137 diputados más los 32 de Ciudadanos suman 169, más los 5 del PNV y los 2 de los canarios (que pueden conseguir a poco que se lo propongan, digan lo que digan), puede armarse un Ejecutivo capaz de sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado y un programa de reformas democráticas que otorgara al menos dos años o dos años y medio que permitan a España avanzar y salir de la parálisis y la crisis que nos asola.

Insisto. Las expectativas excesivas perjudican la valoración del resultado y percibo un pesimismo peligroso en el seno de Ciudadanos que compromete su futuro. Tiene enorme valor su resultado, sin casi apoyos mediáticos, y a pesar de que una vez más pinchó en la última semana en sus mensajes. No le han ayudado nada ahora las diferencias de criterio evidenciadas en su dirigencia y los mensajes de los fundadores ya apartados de la gestión. El baile de la yenka en el veto a Mariano Rajoy es el eje del asunto. Juan Carlos Girauta, hombre clave, cabeza pensante, planteó la posibilidad de alcanzar un acuerdo para investir a un presidente al menos para media legislatura, Rajoy evidentemente, con el compromiso de una cuestión de confianza después de dos años. Al poco saltó José Manuel Villegas, el número dos del partido, para aclarar que esa cuestión no se plantea “ni como una condición ni como una posibilidad” y calificaba las palabras de Girauta como “una especulación”, para añadir que la intención de su partido es participar en algún tipo de acuerdo con el PP por solo en el caso de que en el mismo entre el PSOE, o al menos se abstenga.

Rivera lleva unas horas callado, pero está en un laberinto del que puede salir haciendo política de altura, teniendo claro su papel, siendo consciente de sus fortalezas y sus debilidades, y mostrando una habilidad de la que ha hecho gala muchas veces, aunque la sobreexposición de tantos meses le lleve a mostrarse cansado y a veces confundido. Tengo escrito que hizo bien y acreditó valentía al pactar con el PSOE, porque era la única opción real de Gobierno y antepuso los intereses generales a los suyos. Ahora le pesa la posibilidad de que no se entienda en buena parte del electorado un alejamiento del centroizquierda y un acercamiento al centroderecha. Es comprensible. Pero su temor es equivocado, es una pantalla porque el problema no está en que no se entienda, sino en que quizá no sepa cómo explicarlo. Si es así, es un problema grave, porque revela falta de convicción. No es difícil, y es un mensaje que puede calar muy hondo y en positivo en el personal. Si al final, y ojo que aunque no me parece probable no es imposible, se produce otro bloqueo y no es posible conformar Gobierno, Ciudadanos puede ser quien pague el pato y quede frente a los españoles como responsable del drama y quedar en una marginalidad política que sería la antesala de su defunción.

Intuyo que los tres millones largos de electores que les han votado lo han hecho para que impulsen en la medida de sus posibilidades una regeneración a fondo y en serio de nuestra democracia en apuros. Para que dé un paso adelante que posibilite que Rajoy sea vea obligado a poner en marcha reformas que de motu proprio no va a acometer. No para imponer vetos o condiciones imposibles, sino para jugar un papel relevante que puede desempeñar si se maneja con habilidad y solvencia. Este es su laberinto. Capacidad tiene para hacerlo. Otra cosa es que llegue justo de fuerzas y que el equipo le falle en el momento clave. Pronto saldremos de dudas.