Comienzo afirmando que no tengo ni idea de lo que va a suceder el domingo en las elecciones. Añado que no termino de fiarme de la demoscopia patria. Y abrocho el arranque confesando que me malicio que va a haber sorpresas.

Tras dos días escuchando a responsables de empresas demoscópicas, las explicaciones no me han despejado las dudas, aunque me han dejado alguna certeza. Todos los que se ganan la vida arriesgando pronósticos basados en las encuestas creen, y me han convencido, que en los porcentajes su margen de error es mínimo. Ahora bien, en lo que se refiere al reparto de los escaños los fuegos de las cocinas han ardido, y ahí puede haber patinazos. La puñetera Ley D’Hondt que PP y PSOE no han querido modificar, va a llevar hasta el límite el domingo la tensión, porque en muchas circunscripciones pocas decenas de votos pueden decidir muchos escaños en el reparto final de los restos.

PP y PSOE lo van a pasar mal, y es probable que el domingo lamenten muchas cosas de su pasado reciente. Ciudadanos tiene difícil crecer en porcentaje de votos, aunque no es descartable que consiga algo, pero el señor D’Hondt le va a hacer pupa en el reparto de escaños, donde podría hasta bajar. Y pase lo que pase, Podemos va a salir ganador.

Y quedan las incógnitas de si es cierto que hay tanto voto oculto entre quienes van a optar por apoyar a los partidos de la vieja política y de si al final el PSOE va a verse beneficiado por el supuesto miedo a Podemos para salvar los muebles.

Coincido con Pablo Sebastián, nuestro director, en que quizá a Pablo Iglesias le convenga una legislatura corta de gobierno del PP con él al frente de la oposición para asaltar el poder en las siguientes elecciones.

Y en los cuarteles generales de los partidos, sobre todo de PP, PSOE y Ciudadanos, hay canguelo. En Ferraz saben que si se hunden en la tercera posición apoyar un posible Gobierno con Iglesias al frente es un suicidio. También son conscientes de que si son segundos con Unidos Podemos pisándoles los talones, darles entrada en un hipotético Ejecutivo presidido por Sánchez es otra sentencia de muerte. Y no se les oculta que apoyar un Gobierno de PP y Ciudadanos, aún sin Rajoy, les debilita enormemente. Todos los caminos son malos. Solo les salvaría una sorpresa positiva en la que no creen ni ellos. Y en Génova temen perder votos en beneficio de Ciudadanos, porque ello en definitiva a quien favorece es a Podemos.

Un galimatías. Una situación compleja que ha llevado hoy a Rajoy a descargar en Sánchez y Rivera la responsabilidad de evitar que haya que ir de nuevo a las urnas, consciente de que por muy bien que le vayan las cosas no va a poder gobernar solo. Solo da opción a que PSOE y Ciudadanos apoyen un Gobierno suyo, y si no él hará lo mismo que tras el 20-D, porque solo acudirá a una investidura si tiene garantizado ganarla. Y hoy también, Albert Rivera ha propuesto a Rajoy y Sánchez una mesa de negociación a partir del próximo lunes, antes de conocerse los resultados, un diálogo sin condiciones previas, reiterando que él está dispuesto a renunciar a estar en un hipotético Gobierno por el bien de España.

O sea, que hemos pasado del compromiso de todos en que no habrá terceras elecciones al temor generalizado a que tras cerrarse las urnas, salga un resultado que haga inviable el acuerdo y nos lleve al mantenimiento de la parálisis que padecemos, con las graves consecuencias políticas, económicas y sociales que ello tendría para todos. Esta es la realidad que tenemos delante. Quedan solo cuatro días, cruciales para el futuro de España. Esto es lo que hay.