El Rey disuelve hoy las Cortes. Es la primera vez en democracia que se aplica el punto 5 del artículo 99 de la Constitución y se da por finalizada una legislatura sin que se puede formar Gobierno. Todo un éxito de la nueva política que, vaya usted a saber, quizá nos acerque de nuevo al bipartidismo que nos tenía hastiados. Los partidos se han hundido en la miseria y veremos cuantos españoles acuden a las urnas el próximo 26 de junio, cuando termine una campaña en la que los mismos que han sido incapaces de pactar para designar un Ejecutivo nos van a vender la moto de nuevo, pero ya con escasas posibilidades de que nadie les crea. Desde el 20 de diciembre a hoy, excepto Ciudadanos, el resto han mirado por su propio interés, han salpicado el camino de vetos, personalismos, líneas rojas y demás zarandajas, y todo este espectáculo para que el 27 de junio estemos, quizá, en el mismo punto de partida.

El fracaso de los dirigentes y los partidos le ha costado ya a España dinero y prestigio. Veremos si tras las próximas elecciones percibimos una actitud diferente que posibilite encontrar soluciones a los muchos problemas políticos que tenemos en España y salidas a las múltiples encrucijadas económicas que nos tienen sumidos en una crisis de la que parece que no vamos a salir nunca.

Hay quienes creen que la repetición de las elecciones es lo mejor que nos podía pasar. Quienes piensan así consideran que un Gobierno del PSOE con Podemos, Izquierda Unida, Compromís e independentistas de izquierda y nacionalistas conservadores habría sido ya la caraba. Y añaden que si el resultado en junio es parecido, Pedro Sánchez y el PSOE no tendrán más remedio que pactar con el PP. Pero la cosa no está tan clara, y Pedro Sánchez ha acreditado ya que su impericia y su mala cabeza no tienen límites, y sabe además que por ahí firma su sentencia de muerte como líder del socialismo español, que está a dos telediarios de seguir los pasos del PSI de Craxi y del Pasok griego.

A estas alturas del partido, respecto a Sánchez y el PSOE, la única duda es por donde va a perder más votos, por la izquierda hasta llegar a que le sobrepasen Podemos e IU, o por la derecha para empeorar y alargar el deceso. Los barones permanecen con el hacha levantada. El felipismo, cada día más activo, origen de todos los males, maniobra para evitar la debacle y mantener el partido en vida en su propio beneficio. Y la militancia decente de desespera y se siente impotente ante tanta estulticia.

En el PP la corrupción no deja de hundir las siglas en la miseria moral, pero Rajoy se siente victorioso, Arriola sigue influyendo y Moragas diseña otra campaña para que todo siga igual. Rajoy, convertido en una estatua, con el esperar pasivo a que escampe como única estrategia, afronta la campaña seguro de que va a ser presidente otros cuatro años con el apoyo de Ciudadanos, aunque Rivera y sus muchachos no dejen de negarlo.

El veto de Sánchez es verdad que le ha venido de perlas a Rajoy. No se le puede discutir al presidente en funciones que por ahora va ganando la partida, pero su liderazgo interno sigue cuestionado, su solvencia como presidente es quizá irrecuperable y podrá presidir un Gobierno, pero tiene imposible recuperar el prestigio y la autoridad moral sobre la mayoría de los ciudadanos, incluso sobre muchos de los que le voten por miedo a lo que puede venir.

Si gana en minoría, con parece probable, entonces sí le veremos a él toreando en el terreno de los pactos y los acuerdos, que no es sencillo, como bien puede explicarle Pedro Sánchez. Ahí estarán los dos, y les veremos las costuras. Con la fácil que hubiera sido que ambos se marcharan a sus casas el 20 de diciembre por la noche, asumiendo su fracaso, como sucede en las democracias que de verdad funcionan. Pero no, ahí están, dispuestos a casi todo por mantenerse en el machito. Y a nosotros, al personal, que nos den. A ellos les va bien. Ya tienen la pensión garantizada.