El martes se celebró el Día Mundial de la Libertad de Prensa. No me gustan los días mundiales porque las causas que se defienden han de tener amparo y cuidado cada día. Pero sirven a veces para reclamar atención, en este caso acerca de las múltiples amenazas que sobrevuelan sobre el derecho de los ciudadanos a recibir información y de los periodistas a ejercer su trabajo libremente.

El periodismo es un oficio de alto riesgo. Son excesivos los países que acosan, persiguen, maltratan, encarcelan, torturan y asesinan a periodistas. En el último año 63 han pagado el alto precio de su propia vida por ejercer este oficio maravilloso, y decenas han sido encarcelados o secuestrados. Buena parte de las víctimas no trabajaban para grandes medios o corporaciones, sino para pequeñas empresas o ejercían la profesión como free lance.

La libertad de prensa está amenazada en países como México, Rusia, China, Arabia saudí, Irán, Venezuela, Egipto o Turquía, no digamos en las zonas de conflicto bélico. Hay muchas zonas opacas informativamente donde no hay periodistas para denunciar los excesos del poder. Los Estados totalitarios y el crimen organizado en todas sus variantes persiguen a los periodistas porque somos una amenaza para ellos, una de las mayores. Pero no nos engañemos, en los regímenes democráticos también se persigue, de otro modo, a la Prensa, sin violencia física, pero con otros métodos reprobables que causan enorme daño social y pasan más desapercibidos, y que en muchos casos llevan a la autocensura para evitar problemas.

En estos momentos tres periodistas españoles, Antonio Pampliega, José Manuel López y Angel Sastre permanecen secuestrados en algún lugar de Siria. El 10 de julio se cumplirá un año desde que fueron capturados en Alepo. Desde hace 10 meses están privados de su libertad ilegalmente por tratar de contar los horrores de la guerra. Conviene no olvidar a estos tres reporteros. A Antonio Pampliega, el entrañable “Pampli”  le conozco más que bien. A José Manuel López muy poco. Y a Angel Sastre solo de leerle. De Antonio puedo decir que es un cuerdo de atar de lujo, un tipo íntegro, locuaz, comprometido, valiente, con un corazón inmenso.

Como ha sucedido desgraciadamente en otras ocasiones, hay escasa información sobre ellos. La poca de que se dispone no se difunde porque no contribuye a informar de nada relevante y porque hacerlo complicaría las posibilidades de que el final sea feliz. La profesión en general guarda un silencio que quienes estamos cerca de los cautivos agradecemos. Las autoridades gubernamentales españolas está cumpliendo con su obligación escrupulosamente y con toda la eficacia que es posible en un caso como este. Pero la ausencia de noticias no debe significar olvido.

Son muchos los colegas que cada día muestran su solidaridad y su interés por el desenlace de este drama. Pero no se me oculta que el hecho de que ninguno de los tres secuestrados trabajara para un gran medio hace que la situación sea diferente.

La labor de estos jóvenes reporteros que cada día se desplazan a los lugares periodísticamente más difíciles, complejos y peligrosos del mundo para hacer posible que la humanidad sepa lo que sucede, que las víctimas de tanto horror se sientan un poco reconfortadas y que no haya, o hayas las menos posibles zonas negras informativas merece un respeto, una admiración y una sensibilidad que en general brilla por su ausencia. Insisto, la mayoría trabajan por su cuenta en condiciones paupérrimas, o para empresas pequeñas con medios limitados. Las grandes corporaciones no asumen riesgos, evitan costes y después pagan a precio de saldo el trabajo si les interesa en función de sus audiencias, no de la relevancia de la información.

Ya ha pasado el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Por eso prefería escribir hoy estas líneas. Porque hoy no se celebra ningún día especial, pero tres colegas, tres compatriotas, y muchos otros seres humanos, permanecen secuestrados en Siria. Quede constancia de la solidaridad, el afecto, el respeto y la conciencia de todos los cuerdos de atar del oficio, y de mí mismo. Para que no nos olvidemos. Para que no les olvidemos.