“Es de las personas más creativas, con más iniciativa emprendedora que he conocido. Ahora está completando esa personalidad intentando crear una estructura, porque él abre espacios absolutamente increíbles donde quiera que va, no he visto a nadie que tenga más habilidad para abrir espacios nuevos, que tenga una comprensión de eso. Ahora está intentando articularse para que eso tenga la consistencia de institucionalizar, pero él por sí mismo es un creativo, y un creativo irrepetible, yo no he visto a nadie que tenga más iniciativa, más iniciativas audaces y con más capacidad emprendedora. Ahora que tanto se habla del espíritu emprendedor este es un emprendedor nato. Cuando este consolide un equipo de gestión, porque a él le aburre más la gestión como a todos los creativos, puede ser un fenómeno importante”.

Quien habla así en un vídeo para la historia es Felipe González Márquez, ex presidente del Gobierno de España durante 14 años. ¿A quién se refiere? ¿A algún artista, a algún escritor de fuste, a algún joven empresario de conducta ejemplar? No. González, sentado en un sofá del despacho del propietario del vídeo, que lo enseña por todo el mundo como carta de presentación en lugares de alto copete y escasos escrúpulos morales, se refiere nada más y nada menos que a Farshad Massoud Zandi, un millonario iraní, con nacionalidad española desde 1997 gracias a su creatividad, un bróker al que algunos califican de petrolero, alma mater, promotor y principal accionista con un 30% de Star Petroleum, sociedad radicada en Luxemburgo, con accionistas españoles como Javier Merino, que tiene un 2% y Juan Luis Cebrián, con un 2%.

Causa estupor, vergüenza y oprobio ver y escuchar a González en este vídeo, ejerciendo de promotor de quinta, de vendedor con naftalina de un tipo poco recomendable, de reputación escasa. “Este”, como menciona González a Zandi, lidera Star Petroleum, y gracias entre otros a FG, hizo un gran negocio en Sudán del Sur en una operación para ganar dinero rápido oculto a la Hacienda Pública. Y desde hace un año es objeto de investigación por Hacienda junto a otras cuatro empresas del propio Zandi, que es uno de los protagonistas de los “Papeles de Panamá”.

Felipe González salió del Gobierno tras perder las elecciones de 1996 con su prestigio por los suelos, acosado por múltiples casos de corrupción y como responsable político de un caso de terrorismo de Estado como los GAL, recuerden, 30 asesinatos, el secuestro de un anciano viajante de comercio, la pasta de los Fondos Reservados y la cal viva. Y sin solución de continuidad, abandonó la política y se convirtió en un hombre de negocios, protagonista del papel cuché, que obtuvo pingües beneficios viajando por el mundo dando lecciones, impartiendo doctrina sin rubor, y consiguió, gracias al nivel general de la sociedad que hemos construido, un prestigio internacional que ahora llama a su fin.

Obviando las obligaciones que se le suponen a cualquier ex presidente del Gobierno, igual que otro ex presidente del Gobierno, forma parte de esa gente guapa que vive como dios prevaliéndose de la influencia y de la agenda obtenida en un cargo público. Y claro, sucede que al final, tras tanto chapotear entre gentes de oscura reputación, rodeados de tanto lujo descomunal, terminan atrapados en el fango de la porquería, aunque al final siempre se salven, porque en esta película suelen ganar los malos, aún perdiendo, porque en la derrota se llevan los bolsillos repletos de dinero que les garantiza la jubilación.

Cualquier persona de bien se pregunta qué pinta González promocionando a Zandi en este video de la vergüenza, dando lustre a un tipo y a una empresa nada transparente, que actúa en paraísos fiscales huyendo de las Haciendas Públicas. “Creativo irrepetible”, “no he visto a nadie que tenga más habilidad para abrir espacios nuevos”, “puede ser un fenómeno importante”. Que poca vergüenza, que impudicia, que inmoralidad.

La presencia en esa sociedad de Juan Luis Cebrián, el hombre que pasó de ser el jefe de la propaganda política del dictador Franco con Arias Navarro, “Carnicerito de Málaga” como presidente a ser el baluarte de la defensa de la libertad de prensa, es relevante e ilustrativo. Es la muestra más clara de a dónde hemos llegado, y por qué. Es el origen de la mierda. Porque Cebrián y su grupo Prisa (¡Ay Polanco, Polanco!) apoyaron eficazmente a los Gobiernos de González, y Prisa redactaba el BOE, obtenía favores, recibía información privilegiada, influía en lo que quería y como quería, colocaba y desalojaba ministros, dictaba leyes por lo bajini y entre tanto sus popes de lo llevaban crudo.

El Rey emérito y sus amigos y comisionistas, el PSOE entregado a la beautiful y corrupto hasta las filesas, Pujol amasando su fortuna mientras González liquidaba a los fiscales que osaban denunciarlo, el PP preparando lo suyo, los empresarios de la cosa y el Ibex 35 cosiendo y destejiendo, los jueces amigos a togazo limpio, que puñetas, los grandes medios mamando y trincando a mansalva, la burbuja que crecía, los Solchaga, Rato y compañía como arúspices de las soluciones económicas, es decir, los artífices del desastre en el que estamos, de la porquería que nos come por los pies.

Esto es lo que hay. En esto ha terminado la cosa. Después de tanta historia, de tantos crímenes, de tanta cal viva y cal muerta, FG como paradigma, de vendedor por video de un golferas. Podía haber grabado el vídeo en un jacuzzi en bolas rodeado de mulatas caribeñas y fumándose un puro, o en un avión privado de los que frecuenta liquidando una de Möet, o en una de las playas venezolanas o dominicanas donde se han bebido hasta los floreros. Hubiera quedado mejor. Más realista. Así les luce el pelo. Y lo que queda por ver, porque entre tanto golfo hay muchos vídeos, como en la película, ya saben, sexo, mentiras y cintas de video. Quizá se lo merecen.

PS: Qué diferencia. Ayer falleció en Madrid Fernando Alvarez de Miranda, en silencio, con su dignidad intacta. Con una trayectoria política impecable. Con una honradez  inatacable. Después de haber estado en la política sirviendo los intereses generales y no para llevárselo. Uno de los últimos de una estirpe a la que ya echamos de menos. Descanse en paz Fernando, de quien puedo decir honrado que fui amigo porque él fue uno de los mejores amigos de mi padre.