Ya está decidido. Rajoy se ha salido con la suya. Sólo habrá un debate electoral a cuatro televisado, el lunes 13 de junio, producido por la Academia de Televisión, que cederá la señal institucional de la imagen a todas las cadenas que lo deseen, moderado ya veremos por quién. Será el único a cuatro porque Sánchez, Iglesias y Rivera tienen dicho que no aceptan a un número dos y solo acudirán si comparece el líder del PP, y éste no se mueve de su posición y únicamente acepta uno. Lamentable. Sin debates electorales no hay una democracia verdadera. Y con solo un debate de verdad el sistema acredita su insolvencia.

La fecha elegida es el tercer día de la campaña, lo cual rompe una norma no escrita en esta España nuestra de un solo debate, cual es la de celebrar el mismo a mitad de campaña. Se celebrará en torno a las 21,30 horas, la hora privilegiada de la tele, y coincide el mismo día que debuta la Selección Española en el Europeo frente a la República Checa, partido que se jugará a las 3 de la tarde.

PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos habían recibido más de veinte peticiones de debate a cuatro. PSOE, Podemos y Ciudadanos eran partidarios de celebrar tres. Dos de las tres grandes grupos audiovisuales lo habían solicitado para los días 16 y 20 (Atresmedia y RTVE), y Mediaset no ponía fecha a priori. Pero nada. Mariano Rajoy no se mueve de su posición de salida y solo acepta uno. Hay mucha presión para que el moderador no sea Manuel Campo Vidal, presidente de la Academia, tras el fiasco del último cara a cara entre Rajoy y Sánchez. Finalmente la propuesta de los organizadores es que el debate sea arbitrado por varios periodistas de las cadenas que decidan emitirlo, que serán muchas. Mediaset (Telecinco y Cuatro) tiene por costumbre no emitir ninguna señal colectiva excepto en el caso de los mensajes navideños del Rey, por lo que probablemente esta vez tampoco emitirán un debate que no produzcan ellos.

En una democracia solvente, un solo debate entre quienes tienen posibilidades de gobernar es algo de todo punto insuficiente, más aún ante unas lecciones tan importantes y decisivas, tras tantos meses de incertidumbre, y en un momento en el que la campaña electoral se presenta como decisiva dado el elevado índice de dudas en la intención de voto. Los debates no son una originalidad o una necesidad de los medios. Que va. Son un derecho de los ciudadanos, y no celebrarlos o celebrar solo uno es hurtar a los votantes un elemento esencial para decidir su voto.

Los ciudadanos tienen derecho a conocer las propuestas y programas de los partidos que concurren a las elecciones, y a analizar en varios debates entre los aspirantes a presidir el Gobierno cómo los defienden y como confrontan sus posiciones y que capacidad de convicción muestran cada uno de ellos. Por lo tanto, en democracia, los debates no son una prerrogativa de los partidos que los administran según su leal saber y entender, sino que forman parte o de la ley electoral o de la costumbre inamovible.

Visto lo visto, no es de extrañar que el nivel de confianza de los españoles en la casta política esté bajo mínimos, que en las lecciones del 26-J sea previsible una abstención elevadísima y que el bipartidismo haya sufrido un serio embate del que ha salido tambaleándose, y ya veremos si no termina K.O. Los españoles, en cualquier caso, ya han votado porque las cosas cambien, porque la regeneración deje de ser un eslogan electoral y una promesa incumplida elecciones tras elecciones para ser una realidad. Pero ellos, sobre todo el PP, no aprenden. Y siguen en las mismas. Ahora ya solo falta que los cuatro pacten no hablar de corrupción en el único debate verdadero. Y hay antecedentes en enfrentamientos cara a cara. Lo veremos.