Los expertos en sociometría parece que están de acuerdo, y aunque ello no garantiza que acierten, es una pista creo que en este caso fiable: el resultado de las elecciones del 26-J no va a variar en exceso en el número de votos del acaecido el 20-D, pero respecto a la formación de Gobierno el factor clave es el reparto de los escaños, y ahí la Ley D’Hondt tiene atemorizados a los partidos, porque a la atribución proporcional de los escaños hay que añadir el reparto de los cocientes, y los restos se juegan en diferencias de muy pocos votos, lo cual va a deparar probablemente disgustos y sorpresas. De entrada ojito la noche electoral porque hasta el último minuto la cosa no va a estar clara.

En las circunscripciones más pequeñas, hasta la fecha, PP y PSOE ganaban los restos porque la diferencia de votos con el resto era enorme, pero al entrar en escena Unidos Podemos el escenario cambia y puede rascar muchos escaños en la hora undécima.

El bipartidismo no ha muerto, se ha “modernizado”, conformando dos bloques a derecha e izquierda, conformado cada uno de ellos por dos candidaturas que pelean por la misma bolsa de votos. En la derecha, el PP vende que se las promete felices, porque Rajoy se los ha llevado a todos al huerto y ahora va a volver a ser la lista más votada, lo cual consideran que será una suerte de amnistía de todos los males de la corrupción, y a ver quién se niega a sentarse a negociar con él. Pero quizá quien haya estado más listo, una vez más, haya sido Pablo Iglesias, el comunista que se niega a decir que lo es, experto conocedor de la Ley D’Hondt, que considera que si no consigue sobrepasar al PSOE le va a faltar poco, y en cualquier caso puede conseguir que Unidos Podemos y el PSOE, los dos partidos de la izquierda, sobrepasen en escaños a PP y Ciudadanos y puedan conformar Gobierno. Si le sale la jugada habrá que hacerle un monumento a Rajoy, Moragas y Arriola en la puerta de Génova 13.

El PP sigue en la soledad absoluta, por más que Ciudadanos no le cierre la puerta por lo que pueda pasar, y lo fía casi todo, como les conté en mi anterior columna, al miedo que pueda generar en muchos votantes un eventual éxito de Unidos Podemos y un Ejecutivo frentepopulista. Pero la corrupción no va a abandonarles ni en la campaña electoral, los sumarios siguen su curso, y no es descartable que, aunque es claro que será la lista más votada, tampoco tras la cita electoral de junio esté en disposición de gobernar con Ciudadanos. O sea, otra derrota sin paliativos.

Ciudadanos se ha desdibujado un poco y pesa sobre Albert Rivera y su gente la posibilidad de que el inútil pacto con el PSOE de Pedro Sánchez lleva a los ex votantes del PP que se pusieron de su lado a repetir. Si repiten una campaña como la del 20-D saldrán escaldados. Si aciertan en los mensajes y se afianzan con rigor en el discurso de centro que tratan de arrebatarle entre PP y PSOE podrían repetir escaños o incluso crecer algo, pero lo tienen complicado.

El PSOE lo tiene crudo. Anda perdido, sin rumbo ideológico, metido en disputas internas que no cesan, con un discurso difuminado y su gran aspiración es seguir siendo la segunda fuerza tanto en votos como en escaños. Si no lo consigue, Pedro Sánchez estará políticamente muerto y dejará al partido en la UVI, con el riesgo de seguir los pasos del PSI de Craxi y del Pasok griego. Complicada papeleta la que tiene Sánchez, por más que se ponga estupendo y presente gobiernos en la sombra a los que quizá nunca les llegue la luz del sol.

Y queda Unidos Podemos, la coalición de populistas y comunistas liderada por Pablo Iglesias, que es ahora mismo quien objetiva y técnicamente tiene más posibilidades de obtener éxito electoral. Nadie duda de que la operación ha sido inteligente, evita la desaparición de IU, y coloca a Pablo Iglesias cerca de ser la pieza clave. No se les puede negar perspicacia política. Si a ella se unen la ausencia de escrúpulos y la torpeza de los adversarios, ahí tienen el horizonte, guste o no guste.

Nadie sabe lo que va a suceder, pero quienes creemos que es mejor no tener Gobierno a tener un mal Gobierno nos tememos que podamos estar cerca de llevarnos un disgusto de aúpa. Pero los ciudadanos deciden. Cuando se acude a las urnas se sabe que puede suceder de todo. Y no es que cada pueblo, salvo invasión, tenga el Gobierno que se merece. En democracia cada pueblo tiene el Gobierno que posibilitan los votos depositados en las urnas. Esto es lo que hay. Y mientras no le demos boleto al señor D’Hondt y reformemos la Ley Electoral, así seguiremos.