El patio político está igual de triste, y cada día asistimos a acontecimientos que no abonan el optimismo. La crisis institucional y política es severa, el enfermo sigue muy grave, pero el equipo médico es tan numeroso como poco solvente y anda a por uvas y los familiares directos no ayudan nada. Ahora el acuerdo entre Podemos e Izquierda Unida, Unidos Podemos, ha animado el cotarro y tensado la cuerda de los nervios, y el PP, PSOE y Ciudadanos se pelean, cuarenta años después por el legado de Adolfo Suárez, a quien debieran dejar tranquilo.

Intuyen estas tres formaciones que el discurso de centro moderado puede inclinar la balanza de unos millones de votos dudosos que se presentan decisivos, y frente al populismo demagógico y extremista de Unidos Podemos se afanan en utilizar la memoria de Suárez, y hasta le citan en los discursos, mítines, ruedas de prensa y videos institucionales, y lanzan hashtag en las redes sociales.

El PSOE ha cerrado en falso la crisis interna y de liderazgo de Pedro Sánchez, y los barones aparentan una paz que es irreal, y veremos lo que dura, y Rajoy, como todos ya en campaña, ha vuelto a tirar de una posible bajada de impuestos, que ya se sabe que es lo suyo, prometerlo en campaña e incumplirlo en el Ejecutivo. No se sabe que cuentas están haciendo el presidente en funciones y su nefasto ministro de Hacienda, pero mientras tratan de evitar que la Unión Europea multe a España por incumplir el déficit, Rajoy le dice al Financial Times que “si los ingresos fiscales siguen aumentando, como lo están haciendo ahora, podemos plantear otro recorte de impuestos”. Así, con un par. No aprenden de sus errores.

En los cuarteles generales del PP tratan de transmitir optimismo. Me decía esta tarde uno de los hombres con buena mano en Presidencia: “creemos que la cosa va bien. Vamos a ganar de nuevo las elecciones. Las encuestas nos dicen que recuperamos voto de simpatizantes que se nos fueron y ganamos voto de indecisos con miedo a que pueda terminar gobernando Podemos con el PSOE. Quedan 40 días para las elecciones, y confiamos además mucho en la campaña, en nuestros aciertos y en los errores de los demás. La gente está cansada de inestabilidad, y somos nosotros quienes ofrecemos garantía para acabar con ella”.

Le muestro mi asombro por su convicción, con la corrupción que no cesa, sumario tras sumario, hoy la Púnica, y su respuesta es inmediata: “La corrupción ya la damos por descontada. Por más que se empeñen, la gente sabe que eso es el pasado, y nadie ha legislado tanto para combatir la corrupción como el PP”. Así, como lo leen.

En Génova están tranquilos, pese a la rumorología que anuncia movimientos y señala a Martínez Maíllo como sucesor de Cospedal. Un dirigente con despacho en la sede popular me dice que “aquí estamos tranquilos, la comunicación con Moragas y el equipo de Presidencia ha mejorado y creemos que las cosas van a salir bien, pero no debemos mostrar excesivo optimismo, no hay que vender la piel del oso antes de cazarlo y queda mucho hasta las cita con las urnas”.

A mí me da la impresión de que la corrupción va a ser protagonista inevitable de la campaña, porque no va a haber argumentos para evitar que los sumarios sigan su curso, y más de un juez instructor va a dar disgustos al PP de aquí al 26-J. El juez Velasco ha levantado el secreto del sumario de la Púnica y ha salido de todo y para todos, incluso para el PSOE. Las declaraciones de Marjaliza no tienen desperdicio y suponen un tiro de gracia para el PP madrileño. Y quedan muchos folios y muchos audios aún por escuchar.

Además no es descartable que pueda conocerse antes de las generales la sentencia del juicio del caso Fitur contra implicados de la Gürtel en Valencia. Sería un tiempo récord, pero me cuentan en ámbitos judiciales que el presidente está a punto de jubilarse y quiere quitarse el asunto de en medio cuanto antes. Y ya se sabe que la simpatías políticas de su señoría se inclinan más hacia el PSOE, lo que hace temer en buena parte de los acusados que el fallo será duro.

Y hay más sumarios en danza, y siguen los miedos a Bárcenas y sus ramificaciones, aunque les cueste reconocerlo. Incluso hay miedo a que pueda aparecer algún caso nuevo. Y, no lo duden, en los medios la campaña estará salpicada por la corrupción, aunque no debemos descartar que en los discursos y en los debates que se celebren suceda como tantas veces que la materia se orille. Porque el enfermo está muy grave, y en el equipo médico y los familiares el miedo paraliza, bloquea y lleva a cometer errores. Porque no aprenden.