Ya está claro. Vamos a las urnas, no habrá pacto del último segundo. Podemos e IU se preparan para acudir de la mano a las elecciones a ver si juntos liquidan al PSOE. Pablo Iglesias se va a pasar por el forro las primarias y las listas serán a su gusto. Pedro Sánchez prepara las suyas, ha tachado ya varios nombres, pero quién sabe si sus mayores le dejarán ser cabeza de cartel o habrá desembarco y él desaparece del mapa. Ciudadanos busca su sitio y prepara una campaña en la que no lo va a tener nada fácil. Y Rajoy despacha con Puigdemont a deshora, reunión inútil, y sonríe cuando le dice a los suyos que tras las nuevas generales el será quien forme Gobierno y presida una coalición con Ciudadanos, o con Ciudadanos y el PSOE si es necesario, y le está esperando a Sánchez para entonces.

Pero hay mucho mar de fondo en el fango de nuestra clase política, empresarial y mediática, y muchos movimientos. Muchas manos limpias y muchas manos sucias entrelazadas. Hoy ha habido una enganchada seria entre el fiscal Horrach y la letrada Virginia López Negrete. El representante del Ministerio Público en el caso Noos ha acusado a Negrete a gritos de estar implicada en el presunto caso de extorsión a la infanta Cristina y le ha recriminado que trate de desmarcarse del asunto cuando “estás al tanto de todo”. Un espectáculo lamentable.

Me aconseja una fuente policial de la que me fio que no me crea que la acción popular del caso Noos ha chantajeado a Cristina de Borbón para retirar la acusación. Me sugiere que quizá las cosas hayan sido más bien al revés, y dado que los denunciantes no entraron al trapo de las propuestas amistosas para hacerse a un lado que les llegaron a través de personas interpuestas desde los aparatos del Estado que se ocupan de las cloacas, se puso en marcha la maquinaria policial y judicial contra Ausbanc y Manos Limpias. Vamos, que no me creo nada de lo que nos están contando. Y todavía retumban en mis oídos las palabras de Rajoy en la entrevista con Lomana en Antena 3: “la infanta es inocente y le va a ir bien”.

Que los capos de ambas entidades son dos pájaros que practicaban desde hace años el chantaje a tutiplén es evidente, lo sabía todo el mundo. Como todo el mundo sabía que excepto el BBVA y pocos más, las grandes compañías, muchos medios y algunos particulares temerosos entraban al trapo y pagaban. Y como todo el mundo sabía que contra Ausbanc había habido ya denuncias que no solo es que habían quedado en nada, sino que se habían vuelto en contra del denunciante al que la resolución judicial definitiva le había jodido la vida.

O me explican por qué ahora se pone la maquinaria en marcha para liquidar a estos dos golfos apandadores o no me trago la película. Conozco las cloacas, se muy bien como se las gastan los que manejan los hilos. Como se que sólo se puso en marcha la cosa contra los Pujol cuando interesó, para tratar de resolver el problema catalán. Porque lo de los Pujol también lo sabía todo el mundo, y si no que le pregunten a los fiscales Villarejo y Mena, que intentaron cumplir con su obligación y el Gobierno de Felipe González les liquidó a ellos sin problema alguno.

El problema penal de la infanta Cristina han tratado de resolverlo por las vías de la negociación bajo cuerda, las gestiones de Juan Carlos I al más alto nivel, las ofertas inconfesables, poniendo al servicio de su defensa al Ministerio de Hacienda, a la Fiscalía en pleno, a la Abogacía del Estado, a buena parte de las empresas del Ibex 35 y todo ello con la complicidad de muchos medios de comunicación. Y, al final, ha sido el Ministerio del Interior quien ha gastado la última bala con la operación contra los capos de Manos Limpias y Ausbanc, a buenas horas mangas verdes.

Es para partirse la caja de la risa. Y ya puestos, y dado el interés de Interior y algunos jueces en perseguir las extorsiones, podían comenzar cuanto antes a investigar los ausbancs y los manos limpias que funcionan en los medios de comunicación. Porque todo el mundo sabe también como está el patio. La proliferación de medios, en papel y digitales, la crisis que no cesa y la desvergüenza de muchos ha llevado a editores grandes, pequeños, medianos y mediopensionistas a utilizar la recortada para generar ingresos publicitarios. También en nuestro oficio se practica la extorsión. Lo sabe todo el mundo. También la Policía. No doy nombres porque no dispongo de pruebas. Pero puestos a investigar, quizá sería muy sano que este caso se destapara pronto. Para limpiar este oficio maravilloso y para que los ciudadanos sepan de que va cada uno.

Y ahí lo dejo. Quizá haya que rescatar esta columna en unos meses. O en unos años. La verdad, cuanto antes mejor. Para todos. Por la salud de nuestro sistema democrático. Y cada palo que aguante su vela.