A veces algunos dirigentes y simpatizantes de la izquierda de siempre, ya un poco rancia, se entregan al dislate, al secretismo y al dolor fingido. Pedro Sánchez, apurado dirigente del PSOE, un poco pagado de sí mismo en su sueño presidencial, se vio en marzo en secreto con Oriol Junqueras en una cita que no es una más, se ponga como se ponga. Por eso no lo contó. Porque se trajina el poyo de los independentistas, que quizá no le sirva, para llegar a La Moncloa, contraviniendo el mandato de su militancia y sus compromisos con el Comité federal. Apoyo a cambio de compromisos que no tiene un par para hacerlos públicos.

Pero Sánchez está lanzado, no se para en barras, y quiere ser presidente como sea. Aunque sucede que a lo mejor no puede ser, porque tiene que decidirse, él, solo él, y optar por Ciudadanos tratando de trabajarse ya fuera de plazo la abstención del PP, más que difícil. O de lo contrario, romper con Ciudadanos, instalarse en brazos de Pablo Iglesias y sus cuates de Podemos y de los nacionalistas e independentistas, pasándose por el forro sus compromisos públicos, sus pactos firmados y la palabra dada por activa y por pasiva. Esto es lo que hay. Lo demás son brindis al sol. A ver hoy que pasa en la reunión a tres, que parece que se celebra condenada al fracaso. Pasan los días, España sin Gobierno, el personal perplejo y hastiado y Sánchez jugando al ratón y al gato pensando solo en sus intereses y en su jubilación como ex presidente. Todo un panorama.

Y siguen los escándalos económicos. Javier Chicote nos detalla en ABC esta semana cómo Hugo Chávez aflojó 7 milloncetes de euracos a la Fundación CEPS, presidida por Alberto Montero, el profe de Málaga que le regaló una beca black a Iñigo Errejón para un trabajo en una materia que no es la suya. El dinerete era para “que en España puedan crear consensos de fuerzas políticas y movimientos sociales, propiciando en ese país cambios políticos aún más afines al Gobierno bolivariano”.

Chávez, ese hombre, le dio la millonada de dinero sucio a una Fundación manejada por Pablo Iglesias, Iñigo Errejón, Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa y Luis Alegre para que montara un partido. Y lo montaron. Y se llamó Podemos, como el partido venezolano Por la Democracia Social, que apoyó a Chávez y que Chávez expropió, literal, expropió, cuando su líder se sintió estafado por el bolivarismo.

Conocidos estos datos, soportados en documentación que lo acredita, la Policía y la Justicia pueden hacerse los tontos o aplicar la vigente Ley de Partidos Políticos que prohíbe que ninguna formación sea financiada por Gobiernos, organismos, entidades o empresas extranjeras. Ellos mismos.

Y la guinda llega de Panamá, con los dineros también sucios. El escándalo que todos sabíamos pero que indigna al conocer la súper lista con nombres y apellidos. La mayoría de quienes montaban allí la empresa para no pagar aquí sus impuestos no me ha sorprendido. Me indigna, pero no me sorprende. Pero ha habido uno que destaca por encima de todos. Uno que ha ido dando lecciones de moral progresista, de decencia, de integridad, que sigue escondido sin dar explicaciones. Pedro Almodóvar no es director ni guionista de este drama de Panamá, esa actor principal.

El mismo Pedro Almodóvar del NO a la guerra en Madrid y viva el Imperio en los EEUU, el mismo Almodóvar que tiene dicho cuando los escándalos: “…si me entero del asunto de las tarjetas opacas, me voy y espero al señor Blesa y al señor Rato y les corto el gañote…Nos tratan con desprecio absoluto; estoy estupefacto viendo como los niveles de corrupción se superan cada día…Habría que canonizar al pueblo español, porque ha habido motivos para un estallido social y no se ha producido”. Almodóvar es otro más de izquierda caviar que finge dolor por el sufrimiento de la gente corriente mientras pone a salvo sus cuentas millonarias en Panamá, y veremos si pagó al fisco o no. Por ahora se ha escondido, cobarde, anuló el acto de presentación a la prensa de su nueva película y todas las entrevistas y permanece encerrado. No se si se habrá ido a la suite de lujo que frecuenta en el Mirage de Tánger, la misma que les gusta a Felipe González y a Moratinos.

No deseo que nadie le espere y le corte el gañote a Almodóvar. Pero si le pido que de ahora en adelante se abstenga de darnos lecciones de moral mientras se gasta su dinero sucio, que no siga tratándonos con desprecio absoluto, porque estamos estupefactos y habría que canonizarnos.