Ignacio Escolar, director de el digital diario.es ha sido despedido de la cadena SER, donde llevaba colaborando desde el año 2006, como represalia de Juan Luis Cebrián por haber publicado informaciones relevantes respecto a la aparición en los papeles de Panamá de personas muy próximas al capo de Prisa. Además, Juan Luis Cebrián ha dado una orden tajante para que ningún periodista de Prisa participe en las tertulias de La Sexta, por el mismo motivo. Además, ha anunciado acciones legales contra eldiario.es, elconfidencial.com y La Sexta.

Entre los trabajadores de Prisa cunden el pánico y el asombro, y consideran inaceptable que Cebrián embarque a todo el grupo en una asunto estrictamente personal, y llegan a decir que debiera mirarse las portadas de El País sobre los papeles de Panamá, para evidenciar que su conducta, además de más propia de un sátrapa, es contradictoria con el comportamiento del diario estandarte del grupo que él dirige con mano de hierro.

En la Sexta muestran su asombro y critican la respuesta de Cebrián, apelando a la libertad de expresión y la libertad de prensa, y censurando el comportamiento de Cebrián, que consideran “impropio del máximo responsable de un grupo con la historia que tiene Prisa”.

Estoy consternado por la consternación de algunos. El despido de Escolar y la prohibición de Prisa a sus empleados de acudir a La Sexta forma parte del comportamiento habitual de muchos periodistas y empresarios de prensa. No es una novedad. No es de ahora. Hace mucho tiempo que este oficio está bajo mínimos. Y algunos debieran permanecer calladitos no vaya a ser que asomen la cabeza y se la pongan colorada.

En la Sexta se aplican también criterios sectarios, se impide la presencia en sus programas de quien le cae mal al que manda, se censura la información que afecta a los amigos y si alguien osa plantarle cara al jefe le cae encima la espada de Darth Vader y vuela su cabeza como ha volado la de Escolar en esta actuación repulsiva de Cebrián.

Los medios, especialmente los grandes, tiene escaso respeto a la libertad de prensa, y menos a la libertad de expresión. Esta república de las ideas es un oasis de libertad infrecuente. Se lo escribo por experiencia. Y respecto a Juan Luis Cebrián, algunos le conocemos bien. Quien lleva años presentándose como responsable de la expedición de carnets de demócrata, dando lecciones sobre ética periodística y personal, impartiendo cátedra sobre libertad de prensa, fue, no se olviden, el director de informativos de la Televisión Española del dictador, con Carlos Arias Navarro, “carnicerito de Málaga” como presidente del Gobierno. O sea, el hombre de confianza para la propaganda del Régimen franquista. Con este currículo, ¿a alguien le extraña su comportamiento? Por no recordar el entusiasmo con el que se puso de lado de los responsables políticos de los crímenes de Estado del felipismo (¿recuerdan lo del sindicato del crímen?), y tantas otras.

Mi solidaridad sincera con Ignacio Escolar y los periodistas de Prisa. Y ellos, como yo, estoy seguro de que estarán indignados, pero no creo que sorprendidos. Como tampoco podrán criticar mucho los capos de La Sexta a quien ha actuado como actúan ellos. Esta es la realidad. Así de cruda. Y así de dura.