Pedro Sánchez ha dado un paso atrás, o dicho de modo que se entienda, se ha acojonado. Ha decidido aplazar las primarias y el Congreso de mayo hasta que haya nuevo Gobierno en España, o sea, que puede que hasta el día del juicio. El sábado un Comité Federal aprobará el aplazamiento del 39 Congreso, y Andalucía, con las espadas en alto, dice que espera a escuchar los argumentos que expone Sánchez el sábado para pronunciarse.

Es evidente que esta decisión de Sánchez certifica que no va a haber acuerdo con Podemos y vamos a elecciones en junio. Sánchez ha temblado de pensar que Susana Díaz le hiciera un traje y quiere garantizarse ser cabeza de lista en las próximas elecciones. Con un riesgo enorme, porque podría superar a Rajoy en derrotas en un tiempo récord: lleva dos, el 20-D con el peor resultado de la historia del PSOE y la investidura, y de volver a caer acumularía tres en sólo seis meses, todo un éxito.

Como en esta política nuestra los partidos suelen saltarse a la torera hasta sus propios Estatutos, acudo al detalle de las normas que se han dado en Ferraz. Martu Garrote, joven veterana militante socialista, a punto de ser liquidada por Pedro Sánchez, buena conocedora de la letra de la norma, me recuerda que Sánchez fue elegido en un Congreso Extraordinario provocado por la dimisión de Rubalcaba, cuyo mandato terminaba en febrero de 2016, “es decir, los militantes votamos a Pedro para un tiempo concreto, el que le restaba de mandato a Rubalcaba, y ese tiempo terminó hace dos meses”.

Los Estatutos del PSOE otorgan cierta flexibilidad a la Ejecutiva Federal saliente y a su Comité en la elección de la fecha de celebración de los Congresos Ordinarios, y la norma hasta ahora ha sido que estos no coincidan con periodos electorales por razones de oportunidad política, pero en opinión de Garrote y otros militantes y dirigentes socialistas “lo que estamos viviendo no tiene precedentes. El retraso en las generales hizo imposible que el Congreso se celebrara a su tiempo, primeros de febrero, por lo que el Comité Federal, el 30 de enero, decidió aplazarlo a mayo en una decisión que la dirección vendió como un consenso que hoy se evidencia que no era tal”.

No hay duda de que en enero Sánchez era consciente de que el calendario electoral era el que era, y que si la aritmética no permitía formar Gobierno habría que celebrar elecciones en junio. El 30 de enero ya veía todo el mundo que podía ocurrir lo que está sucediendo. ¿Por qué entonces Sánchez se empecinó en que el Congreso se celebrara en mayo?

Parece evidente que Sánchez los tiene de corbata, y no ve tan claro que la militancia pueda elegirle hoy en un Congreso en el que votarán todos los militantes. Es claro que en términos de oportunidad política no parece a priori el mejor momento, pero los Estatutos se elaboran para cumplirlos. Los críticos con Sánchez consideran, y probablemente no les falte razón, que celebrando primarias y Congreso en mayo, como estaba previsto, el PSOE se presentaría a las elecciones de junio con un líder reforzado, fuera quien fuera, con un equipo sólido, con la batalla interna resuelta, con unas listas electorales más representativas y en mejores condiciones de obtener un resultado digno y de presentar frente a sus competidores un partido con más democracia interna que cualquiera de los demás.

De aquí al Comité Federal del sábado van a pasar muchas cosas. La batalla es seria y ninguno de los bandos quiere hacer prisioneros en esta guerra, porque en política las guerras se ganan, no se libran. Como en la vida misma.