La cosa está que arde, pero nunca arde. El secretario general del PSOE de Galicia es imputado por varios delitos y Pedro Sánchez y Oscar López le mantienen al frente del partido mientras liquidan a Martu Garrote, una joven veterana militante de Madrid por expresar sus opiniones. En Valencia un juez recomienda a Rita Barberá declarar voluntariamente e imputaa al PP, y salen a la luz conversaciones entre relevantes dirigentes en los que se escucha a una decir que “en este país lo único que funciona es la corrupción”. No se atisba posibilidad alguna de que tengamos Gobierno y Pedro Sánchez, al borde del abismo, se monta una visita al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, que va a dar mucho que hablar.

El líder socialista, por ahora, se cita con Puigdemont en plenas negociaciones para intentar conformar Gobierno, y con la desconexión catalana como gran cuestión, y claro, ha cabreado a Albert Rivera y sus Ciudadanos, que le advierten claramente que en función de lo que salga del contacto sin tacto podrían romper el acuerdo que tienen rubricado entre ambas formaciones. Y con los grandes prebostes del PSOE ojo avizor y con el hacha levantada para cortarle la cabeza a la mínima.

Hasta la fecha Sánchez ha dicho por activa y por pasiva que no quiere el apoyo de los independentistas catalanes para llegar a La Moncloa, y ha garantizado que no habrá referéndum. Esta reunión con Puigdemont la justifican sus fieles en que “hay que dialogar con todos, no lógico que ni el Rey ni el presidente del Gobierno en funciones hayan recibido aún al presidente de la Generalitat y nosotros queremos encontrar salidas a un conflicto territorial sin sobrepasar las líneas rojas que se han marcado”.

En Ciudadanos ha sorprendido que el PSOE no les informara de la reunión: “No están obligados a contarnos cada paso que dan, pero no se entiende que Sánchez dijera públicamente que iría a todas las reuniones con Albert Rivera y a la primera se salte a la torera sus palabras y sus compromisos. Es poco serio, Por eso la desconfianza es lógica”.

Bien haría Sánchez en cogérsela con papel de fumar. Diga lo que diga y haga lo que haga en la Generalitat van a tratar de sacar rédito del encuentro. Para muestra, el botón de la nota de prensa con la que anunciaba la Generalitat la cita: “El president Puigdemont es reuneix demá amb el president Pedro Sánchez al Palau de la Generalitat”. Literal. “El presidente Pedro Sánchez”. Estos van a lo suyo, y a Sánchez puede costarle cara la visita.

Sánchez va a Barcelona a ver si es capaz de sacar agua de un pozo seco. Pretende garantizarse la investidura con el apoyo o la abstención de Podemos, que exige el referéndum, y piensa que con Puigdemont puede articular un discurso suficientemente farragoso para soterrar con palabras huecas un compromiso que después incumplirá. Una misión imposible de la que puede salir escaldado. El presidente Sánchez tiene un problema serio y cada día que pasa es mayor.