Los mensajes cordiales y de arropamiento de los Reyes de España a su amigo Javier López Madrid, yerno del empresario Juan Miguel Villar-Mir, poco después de estallar el escándalo de las “tarjetas black”, de las que fue beneficiario, suponen el primer patinazo serio de los Reyes desde la abdicación de Juan Carlos I, y se produce en un momento de grave crisis política e institucional en España, por lo que las consecuencias pueden ser enormemente negativas.

El periódico digital “Eldiario.es”, con la firma de Pedro Águeda, desveló ayer que los Reyes mantuvieron un intercambio de mensajes por iMessage enormemente imprudentes con López Madrid, especialmente los de la Reina, muy poco después de conocerse que el amigo de Sus Majestades fue uno de los beneficiarios de las tarjetas del escándalo, y solo cuatro meses después de la coronación de Felipe VI. López Madrid es protagonista de varios asuntos judiciales. En febrero de 2015 fue imputado por un presunto acoso a la doctora pinto, con la que mantenía una relación apasionada. La Fiscalía ha solicitado el archivo y la mujer ha denunciado un montaje policial del empresario. La UCO ha puesto de manifiesto las estrechas relaciones que mantiene con un grupo de destacados comisarios de Policía. Recientemente ha sido interrogado por el juez Velasco en el sumario de la Operación Púnica por haber financiado presuntamente con dinero negro al PP.

Primero fue la Reina quien, cinco días después de saberse que López Madrid había gastado 34.807 euros con Bankia, rescatada con dinero público, le dijo al empresario amigo: “Te escribí cuando salió el artículo de los de las tarjetas en la mierda de LOC (el suplemento de El Mundo La otra crónica), y ya sabes lo que pienso, Javier. Sabemos quién eres, sabes quiénes somos. Nos conocemos, nos queremos, nos respetamos. Lo demás, merde. Un beso compi yogui (Miss You!!!)”.

López Madrid responde con la siguiente afirmación: “Os lo agradezco mucho. En el futuro extremaré el cuidado, vivimos en un país muy difícil y seré aún más consciente de mi conducta”. Y es en ese momento cuando interviene el Rey Felipe VI en respuesta al comentario de que vivimos en un país muy difícil: “¡Y tanto! Me uno al chat, pero prefiero tener un rato para charlar sin intermediación electrónica ni telefónica. Comemos mañana? Abrazo”.

López Madrid contesta dos minutos después: “No puedo señor estoy en San Francisco. Vuelvo el domingo, pero si es necesario regreso antes”, a lo que FELIPE VI contesta: “Ahí va! Pues claro que no, hombre. Era por charlar con tranquilidad. Ya cuando vuelvas hablamos. Un abrazo y disfruta algo lejos de este barullo”.

En la Casa del Rey me garantizaban ayer ayer que Felipe VI rompió la relación con López Madrid nada más conocerse su implicación en el caso de las tarjetas “black”, “y en los mensajes se ve que quiere ser prudente, que se da cuenta de que no es adecuado comunicarse de ese modo y no quiere hablar por teléfono o a través de mensajes, y en cuanto regresó López Madrid de su viaje almorzaron, una semana después,  y ahí acabó la relación por iniciativa del Rey”.

Esta es la versión oficial, que algunos, no yo, ponen en duda. En la Casa del Rey hay una honda preocupación por las consecuencias de la filtración de estos mensajes, que se producen además en un momento en el que las relaciones de Su Majestad con Presidencia del Gobierno son manifiestamente mejorables. Con ocasión de la renuncia de Rajoy a tratar de buscar la investidura hubo alguna conversación tensa entre el rey y Rajoy y entre el secretario general de la Casa, Jaime Alfonsín y una persona del entorno más cercano a Rajoy, con intercambio de reproches y menciones duras a gestiones reservadas. La misma fuente de la Casa Real me garantizaba ayer que “hubo alguna tensión lógica de la gravedad del momento, pero todo quedó resuelto”, no sabemos cómo.

Es evidente que la Reina Letizia jamás pudo imaginar que estos mensajes iban a hacerse públicos porque no podía sospechar que iban a terminar en una investigación policial e incorporados a un sumario. Pero también es claro que evidencia una impericia y una torpeza mayúscula, por el contenido de las misivas, por el apoyo a una persona sabiendo que su comportamiento era al menos escasamente ejemplar y porque es impropio de una mujer que es periodista de profesión hablar en esos términos de un medio que se limitó a informar de unos hechos ciertos y relevantes, cual era que López Madrid había sido beneficiario de unas tarjetas de Bankia opacas al fisco.

Ahora la preocupación en la Casa Real es enorme. Mi interlocutor me explicaba ayer que “si hay más mensajes incorporados a esa causa que no tienen nada que ver con la misma sería un comportamiento inaceptable por parte de la Policía”, evidenciando el formidable cabreo con el Ministerio de Interior y con el Juzgado, los dos lugares en que ha podido producirse la filtración y en los que pueden producirse más fugas de documentos comprometedores.

Pero el comportamiento de la Reina inevitablemente dispara las posibilidades de que muchos piensen que Sus Majestades rompen aparentemente la relación con López Madrid de cara a la galería, empleando un discurso ejemplarizante hacia fuera, mientras en privado actúan de otro modo, anteponiendo la amistad a la gravedad del comportamiento del amigo íntimo del rey desde la adolescencia.

Y todo ello agravado por el hecho de que se percibe una diferencia notable de trato en el suministrado a López Madrid y el que dieron a Rafael Spottorno, al que se invitó a que renunciara a su puesto de Jefe de la Casa Real por el mismo caso de las tarjetas “black”. ¿Qué diferencia hay entre el comportamiento de uno y otro?

Mi interlocutor de la Casa me garantizaba ayer que “la ruptura con López Madrid es real, sincera e irreversible”, y añadía que le parecía intolerable que “algunos comparen este episodio con el del sms enviado por Rajoy a Luis Bárcenas, pues el mensaje de la Reina, afortunado o no, es un mensaje a un amigo pero sin que tenga nada que ver con sus problemas penales, mientras que Rajoy envió el sms a un compañero de partido implicado en sumarios que afectan al partido”.

Ayer se produjo un hecho notable en la reacción de los medios de comunicación que nos recordó viejos tiempos, que creíamos superados, de Juan Carlos I y sus amistades peligrosas: el silencio casi absoluto de los medios de comunicación tradicionales y buena parte de los digitales, que optaron por el silencio absoluto, es decir, por ocultar a los ciudadanos un hecho relevante. Incluso El Mundo, cuyo suplemente calificó de “mierda” la Reina Letizia, no se hizo eco de lo sucedido hasta las 21 horas, en que publicó una carta abierta a la Reina de Iñaki Gil, responsable de LOC.

El episodio es grave y compromete a la Casa Real ante la opinión pública. El Rey parece que trató de ser prudente, con escasa fortuna, pero leer que la Reina le dice a un beneficiario de las tarjetas “black” que el Rey y ella saben quien es, quienes son ellos, y sabiéndolo, se respetan, y lo demás es una mierda de un medio de comunicación resulta espantoso, insólito, impropio de quien ostenta una corona real sobre la testa, impropio de una periodista, impropio de quien ocupa un lugar como el que ella ocupa como consorte del Jefe del Estado, lo cual le confiere una responsabilidad institucional incuestionable. Están tardando los Reyes, en especial la reina, en pedir disculpas. Mucho.