Los que cortan el bacalao en Podemos, o sea, Pablo Iglesias Turrión y los que le obedecen, manejan una prosa peculiar. Mezclan lo institucional en notas de prensa como la de la destitución de Pascual, en la que el gran jefe se expresa en tercera persona para llamarlo cese y la primera del plural para agradecerle los servicios prestados, en un tic muy franquista, y se expresan con una cursilería digna de mejor causa cuando se refieren a ellos mismos. Irene Montero, la pareja del jefe, dijo que los de Podemos “somos una familia y nos queremos, se nota en nuestros cuerpos y en como nos tocamos y nos besamos”. A Pascual le han tocado pero no se si en la carita o se ha tratado de un tacto rectal, como escribió Santiago González con tino sarcástico.

Iglesias y sus fieles conocen bien la historia de los partidos comunistas. Cuando se hace una purga, se hace. Se empieza dándole donde más duele a quien ha osado romper el paso marcado en el desfile. Y por eso liquida Iglesias a Pascual, secretario de Organización y hombre de máxima confianza de Iñigo Errejón. Aviso a navegantes. Esto va en serio. Vamos a por todas y nos estorban los tibios.

Acto seguido se hace un movimiento de despiste para apaciguar los ánimos y tratar de restablecer los complicados equilibrios internos. En este caso es en los anticapitalistas en quienes atisban peligro, e Iglesias hace un movimiento de aproximación y les da poder en Madrid. Y nombre a un crítico, Pablo Echenique, para ocupar el sitio del purgado.

La crisis de Podemos es seria. Afecta a Madrid, Cataluña, Galicia, País Vasco, La Rioja, Cantabria y también Andalucía. No hay territorio en paz absoluta. Y la bronca entre Iglesias y Errejón, que anda desaparecido pero activo internamente, pone en riesgo el futuro inmediato de la formación, dividida entre quienes como Pablo Iglesias quieren el poder a toda costa y entre quienes consideran que Podemos ha perdido el rumbo y ha de recuperarlo con urgencia.

No es la primera vez en la reciente historia que dos amigos íntimos rompen su relación. El profesor argentino Salvador Schavelzon, varias veces elogiado en sus menciones por Pablo Iglesias, ha escrito un documento de trabajo titulado “La formación de Podemos: Sudamérica, populismo postcolonial y hegemonía flexible”, cuya lectura recomiendo (http://www.rebelion.org/docs/207136.pdf), para estar ilustrados sobre quienes son y a donde quieren ir y, si pueden, llevarnos estos jóvenes dirigentes de Podemos.

En su escrito, Schavelzon explica certeramente como “La cercanía política y biográfica de los futuros dirigentes con los gobiernos progresistas de América del Sur les mostraría un camino por el cual avanzar en España desde una propuesta de representación de mayorías populares que pueda perforar el techo electoral en el que se había estacionado Izquierda Unida, desde donde provenían varios de los fundadores de Podemos y aliados iniciales. La “Hipótesis Podemos” consistía en mostrar que había una ventana de posibilidades para crecer desde una política que denunciara las políticas de austeridad posibilitadas tanto por el Partido Popular (PP) como por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), pero eludiendo un posicionamiento en el eje político derecha-izquierda”.

El profesor argentino amigo de Podemos apunta ya que entre Iglesias y Errejón hay discrepancias: “Aunque Errejón e Iglesias escriben juntos y comparten discusiones en esta época, sería la lectura de Errejón (2008) del proceso boliviano la que se relacionaría más directamente con la propuesta presentada por Podemos en 2014: una “operación populista”, de articulación hegemónica de un pueblo, realizada en el nivel del discurso y a escala nacional, y que Errejón analiza desde una perspectiva inspirada en Ernesto Laclau. En Pablo Iglesias, el lugar de Bolivia, era una lectura influenciada por el zapatismo y el autonomismo italiano, destacando el carácter movimientista presente al momento de llegada al gobierno de Evo Morales, y luchas por autonomía que después se diluirían en el fortalecimiento de la agencia estatal. “Bolivia en Movimiento” es título del libro organizado por Iglesias, enfatizando esta mirada. En Errejón el foco de análisis era la lucha por la hegemonía, desde un estudio discursivo”.

Cita el estudioso un artículo publicado en 2013 por Pablo Iglesias en el que este explica cómo se pasa de los estudios postmarxistas a la practica política real en la España del Siglo XXI: “Pablo Iglesias protagonizó un debate con varias réplicas desde ambientes de izquierda cuando publicó un corto artículo donde, a partir de su experiencia en los debates de la televisión a los que había empezado a ser llamado invitado, postulaba un “adiós a la clase trabajadora” para identificar el sujeto político del cambio con “los de abajo”, ya en camino de pensar una herramienta política acorde a eso. En una nota de opinión del diario Público se leía: Desde que salgo en las televisiones grandes percibo dos tipos de público bien diferenciados. Por una parte está la gente de izquierdas de toda la vida […] Pero hay otro público con el que no me había relacionado hasta hace una pocas semanas. Los que me paran por la calle y, sin concesiones a lo políticamente correcto o al lenguaje no sexista, me dicen “Ole tus cojones” y me dan un abrazo; los que me escriben larguísimos mails contándome las historias de sus hijos que se han quedado sin beca […] El técnico que me pone el micro en un plató y me susurra “cómete a esos cerdos”. El cámara que me guiña el ojo y me levanta el pulgar […] El anecdotario no terminaría nunca. ¿Son ellos la clase obrera llamada a asaltar los cielos? No lo sé pero tengo claro que son los de abajo y que a ellos hay que dirigirse”.

En su camino al poder, Iglesias ha de romper con dos izquierdas, y Schavelzon lo explica bien: “En términos de recorrido intelectual, el espacio que Podemos encuentra para una propuesta populista se construye a partir de dos rupturas con distintas izquierdas. Por un lado, la más presente en las posiciones públicas de Iglesias, del distanciamiento con la izquierda más ortodoxa del economicismo y el clasismo, pero principalmente como crítica a un aparato político que no tendría fuerzas para reaccionar y hacer las tareas necesarias para crecer electoralmente. Por otro lado, Podemos nacería de una segunda ruptura, quizás más difícil de presentar porque implicaba una discusión con algo del sentido común del 15M, movimiento que lejos de presentarse como el pasado, era recuperado como la manifestación social de una crisis que querían representar políticamente. En términos concretos, Podemos no se distancia del 15M –cada vez más convertido en mito de origen– sino con posiciones políticas que salen o recogen esa movilización desde lógicas de movimiento, asamblea y horizontalidad política multiplicada en diversos espacios políticos, por ejemplo el de la organización de un nuevo partido”.

“Con esta izquierda “quincemayista”, añade Schavelzon, la discusión es menos teórica que estratégica, aunque en términos conceptuales se traduce en la noción de límite atribuido a la irrupciones populares cuando estas no se organizan para alcanzar espacios institucionales. El debate lleva a Iglesias y sus compañeros a alejarse de referencias políticas con las que dialogaban, que además habían sido puntos de apoyo en la ruptura con la izquierda partidaria más clásica con la que dialogaban y varios de los futuros dirigentes habían integrado. La importancia de esta segunda ruptura también debe medirse en términos de actualidad y generación. Si el debate con el clasismo remite a los ‘80, como balance de la generación del ’68 y las derrotas de la izquierda mundial, la discusión que Podemos plantea con el sentido común “movimientista” los involucraría más de cerca. Es en este punto donde la experiencia de Podemos tiene un valor especial, como aporte en progreso a las discusiones de una época”.

Después, recuerda el profesor las críticas, livianas, de Juan Carlos Monedero al hiperliderazgo de Chavez en Venezuela, “porque desactiva, en última instancia, una participación popular que puede confiarse en exceso en las capacidades heroicas del liderazgo”, una crítica que cada día se repite hoy en sectores de Podemos frente a Pablo Iglesias con mayor intensidad.

La crisis es honda y seria, y tiene muchas claves, dos de ellas esenciales: primero las discrepancias respecto a apoyar con una abstención el Gobierno del PSOE para afrontar una legislatura corta que les permita rearmarse y reforzarse de cara a unas lecciones a dos años vista con un período de oposición constructiva que podría generarles votos o tratar de forzar la entrada con armas y bagajes en un Gobierno presidido por Pedro Sánchez pero con ministerios de peso e Iglesias de vicepresidente, tesis que defiende Iglesias convencido de que Sánchez no tiene otra opción.

La otra es el problema catalán, donde el profesor Schavelzon apunta certero una cita de Juan Carlos Monedero: “En la campaña de la elección catalana, en la que Podemos participó como parte de un frente con otros partidos, el recurso a lo étnico era criticado como estrategia de la “casta” catalana convertida de forma artificial al independentismo, como en Bolivia lo había hecho la elite de Santa Cruz. Podemos (Catalunya Si Que Es Pot) asumiría un discurso nacional y popular, con algo de clasismo, pero que no evitaría recursos de Pablo Iglesias, que hegemonizó la campaña, al lenguaje étnico refiriéndose a hijos de extremeños y andaluces que deberían “mostrar los dientes” contra el soberanismo (ver Manetto y Piñol 2015). Sobre el diálogo político de Podemos con América Latina y la plurinacionalidad, remito a Schavelzon… “

Y remacha el profesor: “ Hay un interesante registro de las preocupaciones de Errejón e Iglesias en una entrevista que en 2009 I. Wallerstein les concede, y es publicada en el periódico Diagonal. La pregunta decía: “Frantz Fanon, que fue uno de tus referentes teóricos, reivindicó el poder del nacionalismo como vía de liberación en los países del Tercer Mundo. ¿Puede ser el nacionalismo un mecanismo de emancipación en los países ricos?” En su respuesta, Wallerstein advertiría “Todos los nacionalismos son lo mismo. Cuando son reivindicaciones contra el poder, no importa qué poder, son progresistas. Sin embargo, en el momento en que conquistan el Estado, los nacionalistas se hacen de derechas”.

Errejón e Iglesias, Iglesias y Errejón, han tenido un enfrentamiento serio y profundo que va a tener muchas consecuencias. Ambos están, según me cuenta uno de los fieles a Pablo Iglesias “jodidos, tristes y defraudados el uno con el otro, pero Iñigo ha de recapacitar porque sabe que si entra en razón será bueno para el y para Podemos. A Pascual le cesamos porque se le fue de las manos Madrid y evidenció una torpeza inaceptable en este momento”. Un leal a Errejón lo ve de otra manera y me lo explica: “Pablo está disparado, se cree un mesías. Quizá sea posible un pacto, un acercamiento, los dos saben que si esto no se arregla, el daño para el partido será formidable, y para nosotros Podemos está muy por encima de las personas, incluso de Pablo, Iñigo, Juan Carlos o Carolina, los cuatro más relevantes”. La realidad es que esta batalla evidencia hasta que punto Podemos es uno más entre los partidos de la casta, reproduce comportamientos que no se compadecen con su discurso de cambio y el control por el poder desata batallas cruentas que dejan cadáveres políticos sobre la arena. En Podemos conviven diferentes familias políticas, cada uno con sus líderes, y entre ellos pelean por marcar el paso en la estrategia política. Y hay muchas disfunciones y cada día entre quienes quieren mantener el espíritu asambleario y quienes sostienen que se ha pasado de las musas al teatro y que alcanzar el poder es el único objetivo, cueste lo que cueste, como no importa de donde les llegue el dinero porque gato blanco o gato negro, lo importante es que cace ratones. O que se coma a los cerdos. En esto es en lo que andan.