Seguimos a la espera de la investidura que no investirá a nadie, y de la segunda vuelta que puede llevarnos de nuevo a las urnas para después volver a las andadas. Pero hay vida más allá de esta política de vuelo raso. Y hay política. Y hay intrigas. Y hay que contarlas, no vaya a ser que se nos escape alguna como se nos escapan cada día. Una de ellas, con hondura real, es la de la película documental “Yo, Juan Carlos I”, del cineasta Miguel Courtois, a quien conozco bien desde que dirigió “Lobo” hace ya unos años. Una película que no nos dejan ver aunque la televisión pública nacional, RTVE, ha aportado lo suyo, que es lo nuestro.

“Yo, Juan Carlos I” se estrenó el pasado día 15 en France 3 en horario de audiencia máxima. Es una coproducción de Cinétévé y RTVE, que aportó lo suyo en las imágenes de archivo que ha utilizado Miguel Courtois después de grabar varias entrevistas exclusivas con Don Juan Carlos a lo largo de 2014 y 2015 de las que informó en exclusiva República.com.

La televisión pública española entró en el proyecto siendo presidente Leopoldo González Echenique. El equipo de Echenique dio el visto bueno al proyecto y al rodaje pero, terminado el montaje de la cinta, Courtois recibió en París la visita de un ejecutivo de RTVE, presidida ya por José Antonio Sánchez, para visionario la cinta. Terminado el visionado, el enviado de Sánchez le dijo a Courtois que debía incluir alguna entrevista con dirigentes del PP, a poder ser Mariano Rajoy, porque si no “hay un desequilibrio”, ya que en la película aparecen entrevistados, entre otros, Alfonso Guerra y Alfredo Pérez Rubalcaba. Courtois le explicó que no es un trabajo periodístico, sino cinematográfico, un documento histórico, y que la aparición de Guerra y RUBALCABA se debía a que protagonizaron momentos esenciales narrados por el Rey emérito, negándose en redondo a incluir entrevistas que él, aplicando sus criterios profesionales, no consideraba relevantes ni necesarias.

La respuesta del directivo fue, según me explicaba ayer Miguel Courtois, “surrealista. Me dijo que la película no tenía interés, que carecía de actualidad debido a que Juan Carlos ya no es Rey, y que RTVE no la iba a emitir. No daba crédito”.

Courtois insiste en explicarme qué “se trata de un autorretrato, de una película documental de alto valor histórico, en la que Don Juan Carlos habla por vez primera de muchas cosas inéditas hasta la fecha, rodadas con el ojo de un director de cine, no de un periodista. Acepto cualquier crítica, faltaría más, habría aceptado que RTVE dijera que no le gustaba, que estaba mal hecha, con argumentos profesionales, pero decirme que ha perdido actualidad porque Juan Carlos ya no reina es el argumento más estúpido que he escuchado nunca, nunca”.

La película documental de Miguel Courtois, en la que ha colaborado Laurence Debray, hija de Regis Debray, autora de “La forja de un Rey”, extensa biografía de Juan Carlos I, es un documento de alto valor histórico, de factura excelente, nada polémico. No es un trabajo periodístico, pero si tiene valor histórico y aporta munición a cualquier periodista para hacerse preguntas, por ejemplo, acerca de la excelente relación que mantenía con Franco. Escuchamos en boca de Don Juan Carlos testimonios interesantísimos. El corte del documental es clásico, no genera polémica, y aporta enorme valor escuchar al Rey emérito hablar en los meses inmediatamente previos a su abdicación e incluso, los últimos grabados después de abandonar y dejarle el reinado a su hijo Felipe. La decisión de no emitirlo que ha adoptado la RTVE que preside José Antonio Sánchez es intolerable en un medio público. Pero hay historia.

Además de no emitir la película en RTVE, la Embajada de España en Francia suspendió un pase especial que estaba organizando en París coincidiendo con su estreno en la televisión pública francesa.

¿Por qué este escándalo que si no fuera por la investidura que nunca se consuma ocuparía portadas de y portadas? Las claves me las dan en las proximidades de la Presidencia del Gobierno. Una persona que forma parte del equipo de Rajoy me garantiza que “ni el Gobierno ni el PP han tratado de evitar la emisión en España. El asunto va más allá de RTVE”. Vale, acepto este animal de compañía, pero dos cosas: el presidente de RTVE se pliega, obediente, sumiso, a instrucciones que vulneran sus obligaciones frente a los ciudadanos, y hay que saber dónde se localiza ese “más allá”. Y tras semanas de pesquisas, estoy en condiciones de garantizar que es en el Palacio de la Zarzuela. No me consta que con intervención directa de Felipe VI, pero sí que se ha hecho saber que en estos momentos conviene que toda la atención “este focalizada en el Rey, y no en su padre. Es lo que conviene. No sería bueno para ninguno de los dos”.

Y en esas estamos. Nos tratan de nuevo como a súbditos. Otra vez creen que los ciudadanos somos menores de edad a quienes hay que administrar la información. De nuevo se juega con lo público en beneficio particular de algunos apelando a razones de Estado que no se sostienen, como siempre.

Si RTVE ha coproducido “Yo, Juan Carlos I”, están obligados a emitirlo con urgencia. Los españoles tenemos derecho a verlo sin necesidad de ir a Perpignan o a Biarritz como en los viejos tiempos algunos iban a ver películas de sexo. No pueden hacernos viajar en una regresión a tiempos del dictador. Lamentable RTVE, lamentable el Gobierno que conoce la componenda y no obliga a su obediente votante al mando de RTVE a emitirlo, lamentable la Casa del Rey sugiriendo la conveniencia de ocultárnoslo. Lamentable todo. Una vez más. Esta película sí la hemos visto, y creíamos que no íbamos a tener que volver a verla. Ni en Perpignan.