Pedro Sánchez y Albert Rivera, líderes de PSOE y Ciudadanos, alcanzaron un acuerdo tras días de negociaciones, las únicas que de verdad han existido. Sucede que el pacto y no sabemos para qué va a servir, porque juntos quedan lejos de la mayoría absoluta en el Congreso y Rajoy e Iglesias insisten en que PP y Podemos no votarán a favor. O sea, que se mantiene la incógnita respecto a lo que pretende el jefe del PSOE, y la militancia me imagino que estará atónita, como muchos de los dirigentes de la vieja guardia que no desaprovechan un micrófono cerrado para ponerle a caldo.

Es evidente que Sánchez se ha aferrado a Rivera como a un clavo ardiendo para buscar argumentos que le permitan trasladar la imagen de que él es quien lo ha intentado, y no Rajoy, pero sobre todo para conseguir lo que a día de hoy es su verdadero objetivo, su única esperanza de salirse con la suya y no quedar como Cagancho en Almagro: conseguir la abstención de Podemos en la segunda vuelta del día 5.

La cosa parece que ya no da para más,. Aunque vayamos a asistir todavía a muchas reuniones, dimes, diretes e intoxicaciones. Pedro Sánchez está en manos de Podemos. Si Pablo Iglesias y sus cuates se mantienen en sus promesas últimas, el líder socialista no será presidente del Gobierno. Todo apunta en esta dirección. Rajoy está deseando espetarle que no solo perdió las lecciones con el peor resultado de la historia del PSOE, sino que además ha sido incapaz de obtener la investidura pese a haberle dicho al Rey que podía hacerlo.

Pero ojo, que aún queda mucha tela que cortar, y no hay que descartar que Podemos finalmente opte por posibilitar con su abstención un Gobierno PSOE-Ciudadanos, que sería inmensamente débil, y no duraría más de un año. El argumento de Iglesias en este caso sería que han impedido que gobierne el PP y que al menos Iglesias y Rivera han puesto en marcha un programa con algunas reformas, y menos da una piedra. Y recompone su figura y sus alianzas, porque tampoco Podemos quiere elecciones en junio, porque avista un resultado peor que el 20-D.

Hay más posibilidades. Lean a nuestro director, Pablo Sebastián, su Manantial de hoy. Y siempre bebe en buenas fuentes. Pero a día de hoy, las cosas están como están, y quedan horas frenéticas de negociación política de fondo. Y eso no es malo.

Y a Sánchez le queda el trago, que va a ser curioso, de ver el resultado de la consulta a la militancia que tiene comprometida para el sábado. Que muchos habían olvidado. El dirigente socialista puenteó al Comité Federal y va a escuchar a sus militantes, a los que ha concedido la capacidad de decisión. Es igual que a estas alturas del partido, y quedan dos días, no se conozca el censo ni la pregunta de la consulta. Esto de la consulta, muy podemita, queda de cojones cuando se anuncia, pero llega el día y es un problema. Veremos si los militantes se pronuncian a la bolivariana aclamando al líder o si se revuelven y le dejan con un palmo de narices. La cosa está que arde.