En las primarias de julio de 2014 votó el 67% de la militancia socialista. Ayer, el 51,6%. Un 78,9 de los votantes se mostró a favor. Y el entorno del líder, Pedro Sánchez, estaba que no cabía en sí de gozo. ¡Pues que bien! Si ellos están contentos, a otra cosa. Y como la consulta no era vinculante, toma ya, ahora ha de respaldar el plan de Sánchez el Comité Federal, que se reunirá mañana lunes. Todo va sobre ruedas, excepto que todo sigue igual es decir, con el PSOE en manos de Pablo Iglesias para que Sánchez llegue a su sueño, el palacio de la Moncloa.

La pregunta no se si era “un insulto a la inteligencia política”, como dijo el decano de la facultad de Filosofía de Granada, y militante del PSOE, José Antonio Pérez Tapias, que compitió con Pedro Sánchez y Eduardo Madina en las primarias de 2014. Pero se las traía, y no era un dechado de concreción. Vamos era la típica pregunta de referéndum que se convoca con maldita la gana de hacerlo, con cara de para qué me habré metido en este lío: “El PSOE ha alcanzado y propuesto acuerdos con distintas fuerzas políticas para apoyar la investidura de Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno. ¿Respaldas estos acuerdos para conformar un Gobierno progresista y reformista”. Como toda la política de Sánchez vaya a ser del tenor de la pregunta la cosa es como para salir corriendo.

La consulta se ha celebrado sin que se haya producido la prometida campaña explicativa que habían anunciado al regular la consulta. En el equipo de líder socialista me dicen que “no ha habido tiempo material, se han alargado las negociaciones, se ha hecho lo que se ha podido”.

Como en la pregunta no se mencionaba el pacto con Ciudadanos, la militancia del PSOE lo que ha avalado en esta consulta es que Sánchez pacte con quien estime conveniente, con quien a él le venga en gana. Lo cual, a mí al menos, me parece una curiosa forma de hacer política. Sí, ya se que dicen que es un pacto para un Gobierno progresista y reformista, pero los mismos que dicen eso ponían a parir a Ciudadanos hasta hace un cuarto de hora.

Pero en el PSOE, pese a todo, hay división de opiniones. Hablé anoche con tres dirigentes, de tres generaciones diferentes. El mayor, ya un poco jarrón chino, me dijo que “el resultado es el que es, gato blanco o gato negro, como decía Felipe, lo importante es que cace ratones. Ha ganado el sí, y ahora a ver cómo saca adelante Sánchez la investidura”. El veterano pero aún joven, con trienios en el Congreso, cree que “no es para estar muy satisfechos, pero no se puede cuestionar que Sánchez llega el martes avalado por la militancia y por el Comité Federal del lunes. Y esto es la democracia interna, que aprenda el PP”. Y una joven e inquieta militante considera por el contrario que Pedro Sánchez “se ha llevado otro revolcón. La participación es baja, y ese 78,9 a favor es en realidad un 35 o un 36% de apoyo, lo cual es patético, y evidencia un rechazo incuestionable. Pero es igual porque esto era una pantomima”.

Así esta el patio. Y pese a todo, aunque los dirigentes del PSOE saben que hay mucha contestación por abajo, estaban satisfechos y yo diría que hasta aliviados, pues como me comentaba un miembro del equipo de Sánchez por la mañana, “ojo que las armas las carga el diablo, y como la militancia no apoye masivamente, aunque la consulta no es vinculante, tendríamos un severo problema. Me preocupa que vote poca gente, eso sería un desastre, pero ojala salga bien, no las tengo todas conmigo”.

Pero, todo hay que decirlo, cuando Podemos o Ciudadanos han consultado a sus bases, por lo general no se han acercado al 50% de participación, y este dato era utilizado ayer por el equipo de Sánchez para sacar pecho: “Lecciones de democracia interna, a nosotros ni una”.

Pues eso, que terminada la consulta del PSOE todo sigue igual. Con un acuerdo que en sí mismo no vale para nada, y pendientes de dos milagros para que los españoles tengamos Gobierno: que Podemos vote a favor de Sánchez o que Sánchez acepte una gran coalición con PP y Ciudadanos. Esto es lo que hay. Un fuerte olor a nuevas elecciones, con todo lo que ello conlleva. Poco bueno.