Esperanza Aguirre ha dimitido. Hace ya mucho tiempo que prometió dejar la presidencia del PP de Madrid, pero ha dimitido acorralada por la corrupción de su partido y por la amenaza que se cierne sobre el PP madrileño en forma de imputaciones importantes para las que quedan horas, o como mucho días. O sea, que bienvenido sea el gesto, más aún en este país en el que no dimite casi nadie, pero no limpia una mancha que queda ahí para siempre y a buenas horas, mangas anchas contra la corrupción. Y una vez dimitida del partido, debe coger el petate y abandonar el Ayuntamiento y la política. Si no, seguiremos como estamos. Y será una dimisión a medias e insultante.

Su salida, por el hecho en sí mismo, por el tono y por el contenido de su mensaje, es la penúltima andanada a Mariano Rajoy: “Ya sabe él lo que tiene que hacer”. Y va el PP y tuitea “Gracias, Esperanza”. Si no fuera por la E mayúscula podría interpretarse como que a alguien en esa casa le queda un ápice de creencia en que es posible salvar al PP del fango. Pero no, le dan las gracias a la lideresa, ellos sabrán por qué. Como Rajoy sabrá por qué le escribe a Aguirre un mensaje diciéndole “lo entiendo”. Si lo entiende no se nota.

Aguirre, por primera vez, entró algo en materia de corrupción, habló del Caso Púnica y de Granados, pero no repitió eso de que ha nombrado a muchos y solo dos le han salido golfos. Ella sabe mejor que nadie que debió irse hace tiempo. Incluso, insisto, se comprometió a ello. Por eso el gesto incompleto de hoy no le resta una micra de responsabilidad política en la porquería anidada en el partido del que era presidenta.

Desde hace días Aguirre está advertida de que la Audiencia Nacional es un hervidero de rumores acerca de lo que se avecina en Púnica. Se saben hasta los nombres de al menos dos consejeros suyos que van a caer. Y hacia abajo muchos más. Si Aguirre ha dado este paso es porque sabe que no es filfa. Que la cosa va en serio, y que las pruebas son concluyentes.

Y Rajoy, Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana-Alfonso-coño-te-quiero-Rita-eres-la-mejor, queda a los pies de los caballos, por más que digan que está feliz con la dimisión de Aguirre. Solo su terquedad insoportable le mantiene en el machito, aunque sea consciente de que en su caída puede arrastrar a todo el PP. ¿Cómo puede el jefe de la banda no darse por aludido? ¿Cómo es posible que no haya nadie en el PP que le cante las cuarenta, a él y a los que quedan de la vieja guardia pringada hasta las cachas por acción u omisión en la corrupción galopante? ¿Hasta cuando la gente decente del PP va a mantener este silencio cobarde y cómplice? El PP debe afrontar su refundación con urgencia. De lo contrario al entierro del partido solo acudirá una cuerda de presos. Esto es lo que hay.