No está todo el pescado vendido. La política da muchas vueltas. Y Mariano Rajoy Brey no es fácil de derrotar. Creo que nos quedan muchas cosas por ver antes de tener Gobierno, o elecciones. Pero lo tiene crudo.

El PSOE es un mar de dudas y recelos. Cruz de navajas por el control. Se ha instaurado en parte de la prensa y la opinión pública el estado de optimismo respecto a Sánchez. Pero tiene enemigos y problemas. Buena parte de los dirigentes autonómicos no quieren que gobierne a cualquier precio, a braga quitada, y pretenden que el Comité Federal de fin de mes deba autorizar el acuerdo que se trajina con Podemos, IU, PNV y fuerzas independentistas variopintas. Ojo no vaya a ser que Sánchez crea tener La Moncloa a mano y le den un golpe interno, como los que él mismo ya ha dado, y se queda a las puertas del palacio.

Podemos juega con las líneas rojas, que suben y bajan, o desaparecen. La pasta es la pasta, y el poder el poder. Ahora dicen que el derecho a decidir no es línea ni es rojo. Pero se ponen campanudos con las políticas sociales que a Sánchez se le pueden poner en un pico que le haga un agujero en Europa y nos reviente las costuras al personal.

Y Rajoy, Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana, por su mala cabeza, puede estar en el final del camino. Y el PP al borde del precipicio, porque si el jefe no consigue revalidar, los cuchillos van a volar en Génova y alrededores, y el partido se va al carajo. Al menos este partido.

Hay quien le recomienda al presidente que ni le solicite mañana al Rey la investidura y de un paso atrás previo. Son los que ven ya cocinado el pacto de izquierdas con el poyo nacionalista y separatista. Quizá le haya sucedido a Rajoy que no ha sido consciente, y nadie de su entorno le ha hecho ver, que esta vez las cosas no dependen de él, tan acostumbrado a hacer lo que le venía en gana, o en desgana. Por su mala cabeza lleva toda la legislatura sin escuchar, sin comprender, sin atisbar que tanta derrota acumulada no la levanta ni una macroeconomía a favor.

Rajoy y su entorno parecen tener asumido el final, la derrota definitiva. No se ha lanzado a saco a la arena porque no sabe hacer política. No ha sido capaz de trasladar a los ciudadanos que si no hay pacto PP-PSOE-Ciudadanos es porque Sánchez no quiere. Acostumbrado a su peculiar manejo del tempo político, instalado en el dulce no hacer nada para que todo siga igual, ha sido incapaz de entender que la cosa ha cambiado, que la peña se ha cansado. Y llegado el tiempo de la negociación, la mano izquierda, la cintura, el diálogo y la finta, se ha quedado sin sitio ni pareja de baile que le sirva.

Hay quienes tratan de armar un acuerdo entre PSOE y Ciudadanos para después sumar a un PP sin Rajoy. Otros tratan de trajinar un acuerdo PP-PSOE-Ciudadanos con un presidente independiente. Incluso hay quien plantea ahí a Albert Rivera como solución.

Hay mucho movimiento. Nada se puede dar por cerrado. Pero Rajoy está al borde del abismo, y con Rajoy un Partido Popular repleto de cobardes que con su silencio cómplice han posibilitado este drama para el centro derecha. Si se consuma la tragedia van a tardar un rato en recomponerse. Por la mala cabeza de Rajoy y el miedo insoportable de sus mariachis.