No tiene otro objetivo que ser presidente del Gobierno. Es uno más al que parece que el interés general le trae al pairo. Está en la intriga a corto plazo, en sentirse poderoso, en tocar poder a costa de lo que sea. Y a este tipo de políticos lo que les sucede es que la ambición desmedida les ciega. Porque Pedro Sánchez está ya condenado a ser “El breve” haga lo que haga. Quizá me equivoque, pero el tiempo nos lo dirá.

Será “El breve” si al final consigue llegar a La Moncloa, porque el Gobierno que pueda presidir lo tendrá crudo, con Pablo Iglesias y sus cuates segándole la yerba, atado de pies y manos, y con una debilidad que le hará imposible llegar ni a la mitad de legislatura. Y será “El breve” si finalmente no consigue su propósito, porque entonces sus adversarios internos, enemigos íntimos, le cortarán la cabeza sin que les tiemble un músculo de su rostro.

Ayer en Ferraz quedó en evidencia que Susana Díaz, la lideresa que se arroga un poder del que carece, y sus mariachis tienen como objetivo esencial que Sánchez no sea candidato si se confirma su deseo, que es celebrar nuevas elecciones. La batalla interna no sólo no ha cesado, sino que se recrudece. Andan jugando al ratón y al gato, y me da la impresión de que Pedro Sánchez se ha equivocado.

Parecía una jugada inteligente cambiar el paso a sus enemigos. Tuvo que tragar con adelantar las primarias y el Congreso, lo que le perjudica, y los barones no podían negarse a decir que sí a la “podemita” consulta a las bases de un posible acuerdo de Gobierno con Pablo Iglesias. Consulta un poco ful, porque no es vinculante. Pero el error que me malicio es la confianza en unas bases que quizá tengan capacidad movilizadora en las redes sociales y en algunos medios, pero que, como me dice una joven veterana socialista “van a dejar a Sánchez como el rey desnudo. El se cree un estadista pero no es más que un pingajo autoritario sin futuro que utiliza a la militancia como sujeto pasivo de sus intereses personales, pero se puede llevar el revolcón definitivo”.

Al final, entre Sánchez y los barones liderados por Susana Díaz le están haciendo un flaco favor al partido. Si gobierna Sánchez el desgaste les pasará factura en las siguientes elecciones con dureza. Si vamos a las urnas sin llegar a formar gobierno está por ver qué resultado obtendrá la lideresa andaluza como cabeza de cartel.

Y mientras tanto en Podemos siguen a la suya, pura casta, desdiciéndose cada día, y sin aclarar los dineros iraníes de Pablo Iglesias, y tocándole los bajos fondos al PSOE con la oferta de Gobierno. Ese Ejecutivo maravilloso que le ofrecen al presidente Sánchez en el que ellos se guardan las carteras de vicepresidencia ejecutiva, Defensa, Interior, Justicia y Economía, y el control de los servicios de información y de RTVE. No saben nada estos jóvenes populistas.

Es curioso que Pablo Iglesias y sus podemitas, que se presentan como los inventores de la democracia, que aparecen como si desde la dictadura hasta hoy aquí nadie hubiera hecho nada por España, los salvadores de la patria que les trae el pairo, que dan lecciones de moral y conciencia social, en el monopoly al que quieren jugar no hayan reclamado los ministerios más sociales. No. Ellos quieren mandar de verdad. Quieren controlar a los militares y la policía, a los jueces, la pasta y la propaganda. Lo llevan en los genes, y lo han aprendido bien asesorando a regímenes en los que la democracia es un sueño inalcanzable, y donde a los discrepantes se les encarcela.

Y está al acecho de Sánchez y el PSOE. Ya se han cargado a izquierda Unida y ahora van a por el PSOE. Y no se les puede negar que lo están haciendo bien. Y que a este paso quizá lo consigan.

Y yo me pregunto: ¿Alguna vez tendremos en España políticos con sentido de estado, que sean capaces de pensar en las nuevas generaciones y no en las siguientes elecciones, que antepongan el interés general al interés particular suyo? Como decían en Hermano Lobo, Auuuuuuuuuuuuuuuuu.