Las cosas están complicadas y hasta que pasen estas Navidades convulsas no sabremos por dónde andan las soluciones, si las hay. Todo va a depender, creo, de la capacidad de Rajoy y Sánchez de entender el resultado de las elecciones y de la capacidad de todos para mirar más allá de sus propios problemas caseros, que padecen sin excepción.

En el PP Mariano Rajoy, en el que no se atisba una pizca de autocrítica y al que no se le cura la pulsión mandona ni a golpe de batacazos electorales, pretende el apoyo de PSOE y Ciudadanos para conseguir un pacto de Gobierno, o al menos un pacto de gobernabilidad. No tiene miedo a nuevas elecciones porque considera que, de tener que ir de nuevo a las urnas en primavera, los damnificados serían PSOE y Ciudadanos. Ayer, en el Comité Ejecutivo, recibió con desdén a Aznar, que reclamó un Congreso abierto, a lo que respondió Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana: “Congreso cuando toque y abierto como siempre”. Algunos dirigentes consideran que sin Rajoy el pacto de gobierno sería posible, pero nadie se atreve hoy a plantarle cara. En Génova, hasta que no caiga, siguen todos mansos y obedientes, hasta la derrota final.

El PSOE anuncia que votará en contra de la investidura de Rajoy. Sánchez recibe presiones de algunos barones para que se olvide de tratar de formar Gobierno con el apoyo de Podemos y fuerzas independentistas y él busca fórmulas para, pasada la primera votación de investidura, intentar un acuerdo que le lleve a la Moncloa. A quienes creen que debe dar un paso atrás les ha respondido que nasti, que él sigue. No lo tiene fácil y unas nuevas elecciones en primavera podrían suponer una debacle aún mayor para el PSOE a favor de Podemos.

Pablo Iglesias se lanzó ayer en tromba. Conviene recordar que Podemos obtuvo con su marca 42 escaños, sólo dos más que Ciudadanos. Los 27 restantes los ganaron las marcas con las que concurrió en Cataluña, Valencia, Galicia y Navarra. Y ahí tiene un problema y se evidencia un punto débil, porque ello le convierte en cautivo de quienes le han llevado al éxito, y por ello anunció que cualquier acuerdo pasa por un referéndum en Cataluña, una línea roja que coloca al PSOE en el disparadero.

Ciudadanos digiere un resultado que es bueno, pero muy por debajo de las expectativas creadas, y que les coloca en posición no decisiva, poco relevante, aunque puedan jugar un papel moderador que les puede permitir presentarse como la alternativa sensata y regeneradora o, llegado el punto de celebrar nuevas elecciones, colocarles en situación delicadísima. Por ahora apuestan por posibilitar un Gobierno del PP tratando de imponer reformas de calado.

Estos son los datos. A la vista de ellos, parece que el panorama fuerza a todos a ceder en algo. No será posible ningún acuerdo si cada uno se encastilla en sus posiciones. La amenaza de nuevas elecciones favorecería a PP y Podemos, y por ello en ambas formaciones percibo posiciones más radicales.

Desde las empresas del Ibex 35 y desde las instituciones europeas no cesan de llegar mensajes y presiones para forzar bien una gran coalición PP-PSOE sin Rajoy ni Sánchez, con Susana Díaz en el PSOE y Soraya Sáenz de Santamaría o Alberto Núñez Feijoo en el PP, o un acuerdo de gobernabilidad entre PP, PSOE y Ciudadanos pactando determinadas reformas y comprometiéndose a convocar elecciones en dos años.

Sigo pensando que el problema no está en que el resultado de las elecciones haya creado una situación ingobernable. El problema es que las urnas han liquidado a Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, y ellos no quieren enterarse. Porque, hables con quien hables, todas las posibles soluciones encallan por ambos dos. Con ellos va a ser difícil encontrar una salida mínimamente estable. Sin ellos el abanico de posibilidades crece. El obstáculo son ellos. El tiempo dirá si es así.