Rajoy compareció anoche en La Sexta Noche, donde se ablandaron, porque en esa casa cuando llega el momento, se hace lo que conviene, que es no sacudir en exceso a quien puede seguir mandando y marcarse un Bertín, o sea, una entrevista de sofá y almohadón, sin almohadones. Lo gordo fue cuando le lanzaron la pregunta grabada de “un amigo de Pontevedra con el que hago caminatas”, sin que ni el presentador ni el entrevistado nos dijeran que, en realidad era el marido de la ministra Ana Pastor. Solo cuando ardían las redes sociales la cadena optó por revelar la verdadera identidad de quien preguntaba, avergonzados. Ejemplares los progres, que tuvieron en plató a Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana y nadie mencionó el nombre de Bárcenas. Unos valientes, si señor. El estilo de Darth Vader.

El momento que retrató definitivamente a entrevistador y entrevistado fue cuando el primero le espetó al presidente, tras una pregunta sobre si dimitiría si pierde las elecciones, que no estaba satisfecho con la hondura de la respuesta. Mariano, que jugaba en casa, fue sincero: “Es lógico, porque no le he respondido”. Y siguieron con el masaje. Me dio la impresión de que preparaban el debate de mañana, al que Rajoy no asiste.

En el equipo del presidente hay preocupación. Todavía creen posible que Rajoy obtenga un resultado que le permita repetir, pero no las tienen todas consigo. Uno de los hombres clave de la campaña me decía esta mañana: “Somos optimistas. Las encuestas hay que saber leerlas. Va a haber muchísima participación, hay mucho voto indeciso y ojo que en intención directa de votos ganamos más que bien”. Y tienen dificultades para armar el discurso, porque hay opiniones diversas en casa sobre el enemigo real: “Algunos creemos que Albert Rivera, pero ojo con zumbarle en exceso porque igual le necesitamos para gobernar. Otros creen que Pedro Sánchez, por eso el cara a cara en la Academia de TV, pero cuidadín, que no nos conviene que se despeñe, porque por ahí está la clave de que el bipartidismo quede en barbecho. Al final, Mariano escucha, pero hace lo que considera, como debe ser”.

Y Albert Rivera sigue a lo suyo. Su escuela ha sido Cataluña, donde ha habido muchos pactos y mucha negociación, y donde él ha labrado su imagen fresca y renovadora, y a la vez valiente. Rivera quiere ser presidente, y sabe que en estas lo tiene difícil. Pero es listo, y traza su camino. Si consigue quedar por delante del PSOE la cosa puede acelerarse, y hay más de un escenario que le llevaría a La Moncloa. Pero es el único que ha dicho claramente que no le importaría ejercer la oposición como debe ser. No es amigo de grandes pactos, y sí de acuerdos puntuales en asuntos concretos con compromiso de cumplimiento de programa. Y por ahí va la cosa, todos pendientes de la encuesta definitiva, que son las urnas, y ahí todos sabemos que puede haber sorpresas, en todas las direcciones. Y aunque no lo dicen, todos saben que el señor D’Hondt y su ley protegen el bipartidismo desde la transición con enorme eficacia.

Es curioso como la corrupción, Bárcenas, Rato, Pujol, los ERE de la vergüenza, etc, no aparece en la campaña de modo muy concreto. Me recuerda a aquellas elecciones en las que Aznar se olvidó de los GAL y el robo de los Fondos Reservados, para terminar perdiendo ante un González que estaba ya perdido, pero aguantó, pese a que todas las encuestas, hasta las hechas el día de la votación a pie de urna, le deban como derrotado. Ojito con esto que puede ser un balón de oxígeno para Rajoy.

Y llega el debate a cuatro que es en realidad un debate a tres y medio, con Pablo Iglesias denunciando la “Operación menina” para colocar a Soraya Sáenz de Santamaría como presidenta. El PP ha dado pistas colocando por primera vez carteles en los que aparece el número 2 de la lista, y no solo el candidato a presidente. Una novedad evidentemente intencionada. Si no hay operación, se le parece. Porque a los carteles se le añade la realidad, que es una vicepresidenta que ha mandado mucho en el Gobierno y una candidata que va a sumir un papel relevante en la campaña, protagonizando incluso uno de los debates esenciales.

Si mañana Soraya fracasa, siempre podrán decir que Rajoy es el verdadero candidato. Si la cosa queda en empate, nos contarán que ello demuestra la solidez del PP, que puede enviar a debatir indistintamente al 1 o al 2. Si gana el debate se dispararán las alarmas de muchos, porque entonces empezará el chau chau de que Rivera pondrá como condición para apoyar al PP que Rajoy desaparezca.

Está todo caliente, y volátil. Por vez primera me da que la campaña puede condicionar el voto de muchos. Y ya se sabe que en una campaña, como en los debates, es esencial primero no cometer errores. Esa es la primera victoria. Porque es más fácil perder las elecciones en estas dos semanas que ganarlas. Y todos con un ojo en Cataluña y rezando para que el Daesh no decida actuar antes del día 20 en nuestro territorio. Porque por esos dos escenarios pueden reventar las costuras.