Pedro Sánchez, el candidato del PSOE, afronta la última semana de campaña con el agua al cuello, presionado por el partido ante la amenaza de derrumbe que vaticinan las encuestas, con la espada de Damocles que representa Susana Díaz como relevo inmediato en caso de catástrofe, y en el alero con una cifra como frontera entre la vida y la muerte política: los 100 escaños. Si se queda por debajo tendrá que irse. Si los supera, quizá alguna carambola le salve. Buena parte de su suerte se la juega en el debate cara a cara con Mariano Rajoy mañana por la noche.

La encuesta publicada por El Confidencial en la que el PSOE se queda en un 17% del voto y en cuarta posición, por detrás de PP, Ciudadanos y Podemos es demoledora para él y ha caído como un obús en las caravanas de campaña socialistas. Personas del entorno de Sánchez dicen no creerla, pero en Ferraz alguno si lo considera verosímil. En lo que coinciden casi todos es en que buena parte de su suerte se la juega mañana por la noche en el debate con Rajoy, al que debe acudir con toda la artillería, pero en el que la principal arma contra el presidente, la corrupción, será munición menor para Sánchez, que verá como el inexpresivo candidato popular le responderá fríamente con los datos del escándalo de los ERE, que son a su vez una losa para el PSOE.

Pedro Sánchez y su equipo creo que han equivocado los ejes esenciales de su campaña. Inicialmente centraron todos sus esfuerzos en atacar a Rajoy, para poco a poco ir virando al ver que estaban haciendo agua por la izquierda, con Podemos arañándoles votos. La situación no era fácil. Porque al centrarse en Podemos, y también en Ciudadanos, estaba dejándole el campo libre al PP para escenificar que hay dos ligas, la del PP y la de los que pelean por el segundo puesto.

Llegado este punto, creo que Sánchez no debió acudir al debate a cuatro en el que el PP estuvo representado por Soraya Sáenz de Santamaría. Tenía un argumento de peso que le hubiera reforzado: no voy porque mi adversario es Rajoy, y yo no debato con segundones. Y para los que no fuera suficiente, podría haber añadido: y si no están Garzón y Herzog, que tienen representación parlamentaria, me parece un debate poco democrático. Y habría quedado como un campeón, reforzando su posición al centro y a la izquierda.

Otro error de bulto fue plantear la posibilidad de un tripartito con Ciudadanos y Podemos para desbancar al PP. Un segundo tardó Susana Díaz en desautorizar a Sánchez. La presidente andaluza está en la sombra, preparada para desembarcar en Génova con armas y bagajes si el 20-D el PSOE sufre un descalabro. Siempre amparada, asesorada y guiada por Felipe González, que se las sabe todas porque ya se sabe que para él gato blanco o gato negro es igual siempre que cace ratones. Y tiene bemoles que sea Susana Díaz quien guarde las esencias del socialismo, ella, que formaba parte de la Administración responsable del cuantitativa y éticamente mayor escándalo de corrupción de los últimos años, los ERE andaluces, donde lo que robaron fue el dinero destinado a ayudar a los desempleados.

Si a todo ello añadimos los dos golpes de mano que dio en precampaña, liquidando a Tomás Gómez y colocando a dedo a personas polémicas en las listas, sobre todo en Madrid, se puede afirmar que Sánchez está al frente del PSOE cogido con alfileres.

Y como todos los líderes lo saben, los barones se empiezan a mover. Hay conversaciones diarias de los siete presidentes autonómicos socialistas, que dependen a su vez para mantenerse de Podemos o Ciudadanos. Entre ellos son mayoría los que consideran que Sánchez debió centrar todos sus esfuerzos de campaña en golpear a Rajoy y al PP, y que sólo él es responsable de verse en una pelea con Albert Rivera y Pablo Iglesias de la que puede salir definitivamente trasquilado.

Incluso hay barones como García Page y Ximo Puig que despachan a diario con Susana Díaz planificando un futuro para el PSOE con la lideresa andaluza al frente de la nave.

PS 1.- Pero ojo porque pese a todo, la única encuesta que vale es la del 20-D, y puede haber sorpresas, en todas las direcciones.

PS 2.- Está tardando Rajoy en retirar de la lista del PP por Segovia a Pedro López de la Serna y en destituir a Gustavo de Arístegui como embajador en la India. Y se puede arrepentir. Queda mucha semana hasta el día 20 y el asunto le puede abrasar a Rajoy.

PS 3.- Como están tardando Pablo Iglesias y Podemos, tan de la casta en su reacción al escándalo, en retirar a la juez Victoria Rosell, cabeza de lista de Podemos por Las Palmas. No se puede exigir a los demás un listón ético que tú te pasas por el arco del triunfo. Y también se puede arrepentir de no hacerlo Iglesias, porque de aquí al 20 pueden pasar muchas cosas.