Lo único que me quedó claro tras “El debate decisivo” de Atresmedia es que creo que no decidió nada. No creo que ninguno de los cuatro resultara evidente ganador. Pedro Sánchez es quien menos beneficio obtuvo, Pablo Iglesias creo que estuvo un poco por encima del resto, Albert Rivera fue de menos a más y Soraya Sáenz de Santamaría aguantó el tipo mientras Rajoy, desde Doñana, quizá pudo arrepentirse de no haber acudido.

Decía la semana pasada, y me reafirmo, que en un debate electoral lo esencial es no cometer errores, es por ahí por donde se comienza a ganar. Ayer ninguno de los cuatro patinó severamente, y desde ese punto de vista, poco tuvo de provechoso para los cuatro, pero también por ahí, dado que la victoria se ventilaba en el ataque, Pablo Iglesias estuvo un paso por delante de los demás.

Pedro Sánchez ve como el panorama se le pone crudo. Queda campaña aún, y le resta un cara a cara con Rajoy, pero por la izquierda Podemos le gana la mano, por el centro y la derecha Rivera le resta apoyo y el pasado reciente de su partido le pone en un brete cada vez que encara un intercambio del golpes directo con sus adversarios. Cambia su estética cada poco, ayer daba la sensación de no estar cómodo con la chaqueta tan abrochada y a veces se mostraba en exceso nervioso en la sonrisa, y un punto cínico. Hay momentos en los que no se le ve cómodo, quizá porque sabe que de las urnas el día 20 depende su futuro, y como el resultado sea malo, no digamos si queda como tercera fuerza, desde Andalucía le arrasará el tsumani del cambio en su propia casa. No estuvo mal en el minuto final, aunque mejorable, quizá como si no hubiera dicho lo que tenía preparado.

Albert Rivera arrancó nervioso, y mantuvo casi todo el debate un baile de piernas y un movimiento de manos que no le favorecieron en el discurso ni en la imagen. Me sorprendió que saliendo fuerte en el apartado de la corrupción, le perdonara la vida, hasta explícitamente a Soraya Sáenz de Santamaría, en un ejercicio buenista que no le ayudó nada, aunque a la largo del debate llevó a la número dos del PP al territorio de defenderse cuando ella luce más en el ataque, como tiene acreditado por tantas sesiones en el Congreso. Su posición política transversal le va a dar votos, es verdad que lidera el cotarro cuando se plantea la regeneración política tan necesaria, pero quizá la campaña se le va a hacer larga, porque cuenta con menos equipo que sus adversarios. Incluso me sorprendió que aceptara que la moderadora no le dejara terminar una intervención cuando Sánchez trató de acorralarle con sus pactos a derecha e izquierda, y tragó con que le quitaran la palabra para pasar a otro tema. El minuto de cierre creo que lo desaprovechó, y tenía su importancia.

Pablo Iglesias mejoró respecto al debate de El País, es de los cuatro de largo el que más experiencia tiene en televisión y se manejó con más soltura que sus tres rivales en el ring de Mauricio Casals, que todo lo puede. Quizá tiene menos empaque de presidente que sus adversarios, más imagen de mitin o de asamblea de Facultad, es un líder claramente populista, y por ahí le hace daño al PSOE. Pero tiene el problema de que cada vez que le araña votos a Pedro Sánchez le hace a la vez un favor a Rivera, que se sitúa en una posición que podría colocar a Ciudadanos como segunda fuerza, lo cual acabaría con Sánchez y dejaría a Ciudadanos con la llave de la caja fuerte para formar Gobierno. El balance de Iglesias fue más que bueno, y hubiera sido excelente si cuando se abordó el asunto catalán no hubiera quedado tan en evidencia. Cerró en el último minuto con talento y tablas televisivas, muy por encima del resto.

Soraya Sáenz de Santamaría, como buena opositora, recita los números y las estadísticas mejor que nadie, aterrizó en el súper plató de Atresmedia como víctima propiciatoria y aguantó el tipo con suficiente solvencia. En materia económica estuvo bien y fue hábil para evidenciar los flancos débiles de sus rivales, y en corrupción no le llegaba la camisa al cuerpo, y se le notaba en el gesto, abrumada por una realidad innegable que le lanzaban como misiles de papel, pero la dejaron salir viva. Y se anotó un tanto antes de comenzar al ser la única que saludó a los de UPyD que se quejaban con razón de no haber sido invitados al debate. Y en el minuto de oro vendió equilibrio y sensatez, con el discurso de el PP o el caos que en algunos sectores funciona.

Quizá la conclusión de lo que llevamos de campaña, y después de dos debates ya, es que el PP y el PSOE están en evidentes apuros, mientras Ciudadanos y Podemos se sienten fuertes, pero ojo que la ley D´Hont es muy cabrona con los pequeños, y como el PP, que va a ser la lista más votada, supere el 30%, y no es imposible, la cosa puede ponérsele bien a Rajoy. No está todo el pescado vendido y cuando llega la urna el personal a veces da un paso atrás porque el temor a lo desconocido acecha. La campaña y los debates es evidente que ayudan más a los partidos emergentes.

Y la estética, que tiene su importancia. Para los espectadores, Sánchez ocupaba el extremo izquierdo y Santamaría el derecho, con Rivera en el centro derecha e Iglesias en el centro izquierda. La colocación favorecía a los partidos nuevos. El plató me pareció mejorable, tenía un punto frío, distante, y los colores gris y azul, según los expertos, condicionan para el espectador el lenguaje no verbal, y en este punto Sánchez no parecía cómodo, Iglesias recurrió a un bolígrafo para serenar los nervios, Rivera se perdía en movimientos incesantes de pies y manos y Santamaría quizá estuvo incómoda con los tacones, pero se le notó más serena. Y los micros elevados, como de 59 segundos, resultaban un cuerpo extraño. Como raro pareció que los moderadores dispusieran de un atril y los debatientes combatieran a cuerpo. Poco elegante. Porque ya se sabe que en un plató de televisión tener atril o mesa atempera la tensión. Un detalle feo y poco cortés de los anfitriones.

En fin, que no ganó nadie, que el debate no fue decisivo, aunque Pablo Iglesias estuvo un punto por encima, y que no está todo el pescado vendido. Las espadas están en alto.