El resultado de las elecciones del 20-D, en cualquier país de tradición democrática, supondría un problema menor que conllevaría un acuerdo para formar Gobierno con cualquier fórmula de las muchas que caben. En Esta España nuestra de la descomposición de un Régimen que va a acabar con casi todo ha supuesto un desastre cuyas consecuencias aún desconocemos. Y pueden ser múltiples, variadas y de gravedad extrema.

Crisis en Cataluña, donde Artur Mas, que destroza todo lo que toca, ha conseguido, después de dividir a la sociedad catalana, dividir a la CUP, ante la que se ha arrodillado. Como en su partido y en Juntos por la Corrupción no hay huevos para enviarle a su casa definitivamente para poder salir todos los catalanes del pozo, y en la CUP tampoco se han atrevido, por ahora, pese a que el espectáculo de las votaciones no arrojó mayoría a su favor, todo depende ahora de la cúpula directiva de los antisistema, que por ahora siguen sosteniendo a la banda del 3% y los ajustes gruesos. Veremos que pasa tras las campanadas, no es descartable que haya nuevas elecciones, pero me malicio que se sacarán un conejo de la chistera y se formará un gobierno surrealista para pillar a España con el pie cambiado y sin Ejecutivo, y con los dos grandes partidos a la gresca.

Crisis en el PSOE, donde la guerra se libra ya a campo abierto y en varios frentes. Parecía que el gran asunto era la política de pactos post electorales, ante el empecinamiento de Sánchez en el acuerdo con Podemos y otras fuerzas independentistas. Pero la pelea es ahora a muerte por el liderazgo del partido, entre los fieles al líder derrotado el 20-D y las huestes de Susana Díaz, que cuentan con una infantería más robusta.

El Comité Federal de ayer fue el más tenso que se ha vivido en el PSOE en muchos años y Pedro Sánchez pende de un hilo. No se sabe aún cuando se celebrará el Congreso, pero con Felipe González y el Ibex 35 entre bambalinas, la lideresa andaluza está dispuesta a todo, y se barrunta un final nada feliz para el candidato que ha cosechado el peor resultado electoral del socialismo desde las primeras elecciones de la democracia.

Y crisis en el PP, larvada, porque mientras Rajoy mande tampoco hay huevos en Génova para dar un paso al frente. Tampoco sabemos cuando habrá Congreso, aunque se están vulnerando los estatutos desde hace medio año, pero cada vez son más quienes creen que Rajoy debe dar un paso a un lado para poder conformar Gobierno al menos con la abstención de Ciudadanos y de un PSOE, que en ese caso, derribaría a Sánchez para colocar a Susana Díaz y encontrar una salida que no lleva a unas lecciones que en Ferraz aterran.

Veremos si los Reyes Magos nos traen regalo en forma de Gobiernos mínimamente estables o aparecen con carbón en forma de elecciones en Cataluña y en España. Veremos si Rajoy y Sánchez acreditan solvencia en la hora undécima y posibilitan una salida que a día de hoy es complicadísima. Veremos si la CUP es coherente o si la banda del 3% se sale de nuevo con la suya y empiezan la desconexión, que durará poco hasta que les desconecten a ellos.

O sea, que crisis, crisis y más crisis tras el 20-D. Es lo que tiene haber aguantado tantos años en manos de unos políticos de tercera que han reventado las costuras del sistema después de que muchos de los suyos reventaran la caja llevándoselo crudo. Y el personal, lampando. Y padeciendo la crisis mientras quienes nos han metido en ella se irán de rositas a sus retiros dorados.