Ahora sí que se acabó la broma en Cataluña. La decisión del Constitucional de suspender la resolución secesionista de la CUP a la que se sumaron Mas y sus sicarios ciegos lo deja claro y sitúa en el punto de mira legal a 21 altos cargos de la Generalitat. Si no cumplen con sus obligaciones legales tendrán que responder ante la Justicia por la vía penal.

Con aparente desgana, Rajoy ha puesto en funcionamiento la maquinaria legal del Estado, y una vez que arranca, no para. Y como los insurgentes no van a detenerse en su huida hacia el abismo, porque de hacerlo, además de evidenciar lo grotesco de su proceder, mostrarían a todo el mundo la evidencia de su descalabro, la cosa se va a poner muy seria. Veremos hasta donde llegan los valientes secesionistas y cómo asumen sus responsabilidades.

Los de la CUP quieren baile. Les va la marcha. Pero en CDC hay acojono. Al menos tres consellers, Felip Puig, Andreu Mas-Colell y Germá Gordó, no están por la labor de desobedecer al Constitucional. Y me explican personas de su entorno que “no es por miedo a las consecuencias legales, sino por convicción de que se han sobrepasado los límites de la sensatez”. Yo les digo que a buenas horas, que esos límites se sobrepasaron hace mucho tiempo. Quizá no conocen a Mas, o no pensaban que su desprecio a los catalanes llegara a tanto. O no fueran conscientes de hasta que punto Don Artur necesita tapar sus vergüenza y la corrupción rampante.

Ni en la segunda votación Mas ha conseguido salir reelegido presidente. Ahora hay hasta enero para encontrar una solución con otro candidato, y tampoco va a ser fácil. Muchos no quieren nuevas elecciones, pero quizá no haya otro remedio. Porque ni arrodillándose como se ha arrodillado ni mendigando como ha mendigado Mas ha obtenido el favor de los antisistema que con sus escasos votos tienen la sartén por el mango, cosas de nuestro sistema electoral.

No se recuerda precedente de un político que para mantenerse en el cargo haya estado dispuesto a tantas barbaridades. No se recuerda a un dirigente en España que haya llegado a proponer que le eligieran como presidente florero para que en realidad gobernaran tres por debajo de él. Cualquier cosa con tal de aferrarse a la poltrona que le pueda permitir mantenerse y tratar de evitar lo que le queda política y judicialmente.

Me temo que no queda mucho para que los Mossos actúen contra la Forcadell y los miembros de la Mesa del parlamento catalán. Ahí veremos muchas cosas. De cómo actúe la policía de los catalanes deduciremos muchas cosas. Algunos mandos quieren lío, pero la mayoría está por la labor de respetar la legalidad. Después vendrán los consellers.

Escribo estas líneas desde Boston, en los EEUU. Esta mañana he charlado con tres profesores de Ciencia Política de la Boston University, dos demócratas y uno republicano. Les he preguntado por su opinión sobre el asunto español y catalán. Además de pillarles muy lejos, por ser su materia, conocían el asunto en lo general, y no dan crédito. Nos ven como unos marcianos. Ni con su formación y sus conocimientos alcanzan a comprender lo que sucede. Me recuerdan que Cataluña, como otras comunidades autónomas españolas, disfruta de más autogobierno que muchos estados de los Estados Unidos de Norteamérica. Y los tres coinciden solo en una cosa. En que les resulta inconcebible que los sucesivos gobiernos de España hayan dejado que la cosa llegara hasta donde ha llegado. Pues eso. Que ahora se acabó la broma de verdad y ha empezado la fiesta. A ver cómo termina.