Seguimos en esta actualidad política nacional reiterativa, monótona, cutre y vieja. En Cataluña el dislate va en aumento, mientras Rajoy prepara al detalle la aplicación del artículo 155 de la Constitución que tantos ni han leído. La campaña electoral comenzó hace tiempo, las encuestas van que vuelan y Podemos incorpora a sus listas a un teniente general que fue Jefe del Estado Mayor de la Defensa. A ver quién da más. Pero hoy no quiero hablar de esto. Abundan las crónicas y los comentarios.

Hoy quiero escribir un asunto que no aparece en ninguna portada. Ni siquiera un breve en página par. El éxodo masivo de seres humanos que huyen del horror en Siria, entre ellos muchos niños.

El cadáver de Aylan escandalizó a muchos ciudadanos. Los directores de los medios de información se pusieron estupendos para abrir informativos de televisión y radio y ocupar portadas en papel y digitales. Dos días con el cadáver del niño Aylan para arriba y para abajo. Sesudas reflexiones sobre lo ético y lo legal respecto a darle escaparate a la imagen. Y hasta hoy. Pero cada día hay muchos niños que mueren igual.

Lo escribí entonces y lo reitero. Me avergüenzan a veces mi oficio y los seres humanos en general. Los niños como Aylan que pueblan el mundo, ya muertos, merecen otro trato, y más atención verdadera. Pero sobre todo lo merecen los vivos. Porque cada Aylan que pierde la vida y llega a las portadas ha vivido lo que haya vivido en un grito, y nadie le ha escuchado. Y eso es lo terrible, lo que ha vivido. Ya muerto incluso a lo mejor encontró una liberación, para no sufrir más.

Nos centramos ahora en Siria, y lo merece, pero hay muchos lugares en el mundo donde mayores y niños, mujeres y hombres, sufren y padecen cada día el infierno en silencio, abandonados a su suerte. El calvario que sufren en silencio en vida es lo grave. Ahora en Siria dejan a los mayores, porque los mayores siempre son una dificultad para la huida, y huyen mujeres y hombres con sus pequeños en pos de una vida digna. Y pocos la van a encontrar. De entrada, los que no llegan más que a la muerte. Pero incluso los que alcanzan su destino son para siempre unos parias señalados condenados a morir la vida.

Ahora muchos cadáveres aparecen en orillas aisladas, o en playas a las que aún pueden acudir algunos a solazarse. Nadie recuerda, incluso muchos no lo saben, que cada día las aguas de muchos mares engullen decenas y decenas de seres humanos que huyen de su tierra en busca de una nueva vida que la mayoría no va a encontrar. Por cada embarcación que llega a buena orilla, por cada ser humano que pisa tierra, hay uno, o dos, o tres, o vaya usted a saber cuantos que mueren ahogados sin que nadie siquiera los busque. Por son los nadie. No llevaban billete. Solo portaban una esperanza y todo su sufrimiento.

No hay derecho. Repugna tanto egoísmo. No esperamos al siguiente Aylan para hacer algo, cada uno lo que pueda en función de sus posibilidades. Cualquier cosa menos permanecer quietos. Si quieren ver fotos, cada día hay algún buen reportero que cuelga una en internet. De niños muertos. Y de niños y adultos vivos. Nosotros solo nos alteramos de cuando en vez por una imagen. Ellos lo viven en su piel cada día. No nos resignemos. Los nadie merecen un respeto. Y atención. Y ayuda.