Andan todos en precampaña, porque en campaña llevamos meses, y se miran de reojo. Pablo Iglesias rebaja el listón cada día, amansa a las fieras tratando de captar voto indeciso de centro izquierda. Pedro Sánchez se ve contra las cuerdas, aunque las encuestas le sitúan como segunda fuerza, y sabe que de aquí al 20 pueden suceder cosas que le arruinen la carrera. Albert Rivera es el hombre del momento, aunque la sociometría comienza a no serle tan favorable. Y Rajoy. Rajoy a lo suyo. Centrado en la economía, despreciando hasta en el programa electoral la regeneración democrática, con viento estadista a favor, de visita en casa de Bertín, donde está como en casa, comentando la Liga de Campeones en la COPE y decidido a comparecer solo en un debate, en cara a cara con Pedro Sánchez.

Una vez que las circunstancias, ambas negativas, de Cataluña y el terrorismo islámico, le han permitido remontar el vuelo en las encuestas, Moragas y su gente no quieren jugársela y no le van a exponer a enfrentarse dialécticamente con Rivera e Iglesias. Rivera puede ser segunda fuerza política complicando a Rajoy ser reelegido. Iglesias puede crecer en detrimento del PSOE, y al PP le interesa consolidar el bipartidismo. Por eso no les dan bola de cara a cara, porque consideran en Moncloa que no tienen nada que ganar.

Por ahora los debates claros van a ser cuatro. El primero, el moderno de El País, el próximo lunes, con Sánchez, Rivera e Iglesias, y un atril vacío esperando a Rajoy. En esto Prisa ha acertado no aceptando que el PP enviará a Soraya Sáenz de Santamaría, como pretendía. Es un debate de candidatos, no de los segundos de la lista de Madrid. Y si uno no va, su lugar no debe ser ocupado. El lunes 7 Atresmedia emitirá en Antena 3 y La Sexta el que han denominado “Debate decisivo”, al que comparecerán Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Soraya Sánez de Santamaría. El lunes 14, la Academia de Televisión produce la señal de otro debate, cara a cara entre Rajoy y Sánchez, que aún no se sabe que cadenas van a emitir, aunque está a disposición de todas las televisiones, radios y diarios digitales con posibilidades de emisión en streaming, nacionales e internacionales. RTVE parece seguro que lo hará, pero aún no es oficial. Y la Radio Televisión pública prepara por su cuenta otro debate a ocho en el que tampoco estará el líder popular que aspira a ser reelegido presidente del Gobierno, y que aún no tiene fecha.

Vamos, que el espectáculo de los debates no tiene precio. Parten la mayoría de los políticos de una premisa equivocada y esencial y profundamente antidemocrática, como es que los debates dependen del deseo y la voluntad de cada candidato, cuando en los países desarrollados, en las democracias consolidadas, los debates son un derecho que tienen los ciudadanos para cotejar programas e ideas y conformarse mejor criterio de cara a la cita con las urnas.

No es de recibo en el Siglo XXI este cachondeo que se trae el presidente, que es el mismo que se han traído sus antecesores. Debiéramos disponer de una puñetera vez de una Ley Electoral en la que los debates estuvieran regulados como una obligación de los candidatos. Hay muchas fórmulas y posibilidades. La única no admisible es la de que cada uno haga lo que le venga en gana, que es la nuestra.

Además, los debates no deben ser espacios de debate tasado, protegido y descafeinado por los equipos de campaña de los candidatos, como sucede en nuestra patria. Los partidos deben establecer en el Parlamento las reglas del juego, establecer criterios respecto a los contenidos, señalar obligaciones de hacerlos a dos, a cuatro o a ocho, pero todo ello regulado por ley, para cerrar la salida al escapismo de quienes están en el Gobierno.

Hasta que no se solucione este problema, y solo si Ciudadanos tienen posibilidades de gobernar o ser decisivo para formar Gobierno hay garantía de que será así, España no será una democracia consolidada ni homologable. Este espectáculo es bochornoso. Y que el PP pretenda imponer a los organizadores quienes intervienen es patético, aunque menos patético que haya cadenas, a la derecha y a la izquierda, aunque en la casa común, que lo acepten. Esto es una chirigota.