Los ciudadanos y las autoridades francesas han reaccionado con unidad y fuerza a la masacre perpetrada por los islamistas en París, que conviene recordar que fue menor de lo que pretendían los matarifes de la Daesh, cuya intención era que los tres suicidas activaran sus cinturones en el estadio durante el partido de fútbol los dos primeros, y en la supuesta estampida posterior, el tercero.

El Gobierno francés ha hecho una ostentación de fuerza militar y una propuesta de reformas legales que incluye una modificación de la Constitución. Pero la Cumbre del G-20 celebrada en Turquía evidenció que no es lo mismo predicar que dar trigo, y que entre las potencias mundiales hay muchas diferencias de criterio sobre la respuesta adecuada al yihadismo. Hubo coincidencia y entusiasmo en la condena de la masacre, sencillo y lógico, y se elaboró un comunicado con nueve puntos en el que los firmantes se comprometen a luchar mejor y a compartir más atinadamente la información para combatir a los asesinos. Pero a la hora de poner en marcha una operación militar de envergadura, una ofensiva en toda regla, hay división de opiniones, como la hay respecto al futuro del dictador el Asad.

Hollande insiste en que Francia está en guerra. ¿Es así? Lo que no es discutible es que el yihadismo está en guerra, y no solo con Francia. No es una guerra convencional. Estamos en el Siglo XXI. Pero es una guerra que cada día acaba con la vida de muchos seres humanos, aunque nosotros en occidente solo nos calentemos cuando nos toca a nosotros. Cada día el Daesh, Al Qaeda y todas sus filiales liquidan a muchos nadie que mueren en silencio abandonados por quienes nos denominamos primer mundo.

Quizá sería bueno aclarar primero estos conceptos: ¿Nos han declarado, de hecho, una guerra? ¿Somos conscientes? ¿La hemos declarado nosotros? ¿Nadie la declara como en el XIX o el XX pero nos la están haciendo, y la estamos haciendo aunque a medias y malamente?

A estas alturas creo que nadie discute que hay que ajustar los comportamientos a la legalidad. Claro. Pero se cansa uno de que nuestros gobernantes hagan declaraciones formales, firmen pactos, acuerdos, más acuerdos, memorandos, resoluciones, más pactos…. ¿Alguien recuerda que hace ya muchos años el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea en uno de sus artículos recoge una cláusula que obliga a los socios a actuar conjuntamente si un Estado miembro es objeto de un ataque terrorista movilizando todos los instrumentos de que se disponga? ¿Alguien recuerda que el Tratado que fundó la OTAN dice que los estados miembros convienen que un ataque armado contra uno o varios de ellos será considerado un ataque contra todos?

No hay disenso en condenar la masacre, claro. Pero sí en la respuesta. Comenzando con qué hacer con el dictador. La realidad es que a día de hoy el Asad está sirviéndole al Daesh como salvavidas. EEUU y Francia quieren acabar con el, consideran que no hay solución con su presencia. Putin quiere mantenerle en el poder. En el pasado hemos vivido ya muchas veces el apoyo a dictadores contra los que después se han declarado guerras, legales e ilegales, de consecuencias conocidas.

Todos los expertos coinciden en algo. No se acabará con el expansionista y desalmado Estado Islámico solo con ataques aéreos puntuales, defensivos y de venganza. Para acabar con el enemigo hay que pisar tierra, hay que desembarcar a la infantería en una operación conjunta sumamente compleja que va a costar muchas vidas, y hay que hacerla con el respaldo de la inoperante ONU. Y ahí se acaba el consenso. Rajoy estuvo enorme, como siempre: “Hay que pensar muy bien las cosas”. Es lo suyo. Pensar. Quizá Rajoy le envió a Hollande un sms: “Françoise, se fuerte, te llamo mañana”. El Daesh puede respirar tranquilo si las decisiones dependen de Rajoy. Que no sabemos qué posición va a adoptar si quienes mandan de verdad deciden dar un paso al frente.

Y lo que hecho de menos, en todos, es más concreción y firmeza en un elemento clave en el combate a este enemigo de todos: su financiación, que es clave, como lo es en la lucha contra cualquier organización delictiva. Lo saben todos los expertos en la persecución del crimen organizado de cualquier tipo. La clave es el dinero. Sin dinero no hay Yihad que valga. Y ahí, de nuevo, surgen las contradicciones, porque países atacados por el yihadismo, como España, venden armas a países que apoyan a los asesinos, y países de esta Unión Europea tan desunida compran petróleo exportado por el Estado Islámico. Mucho cinismo cuando hablamos de dinero, porque la pasta lo puede casi todo.

El Estado Islámico se financia con el producto de una decena de campos de petróleo en Irak y Siria cuya producción le generó en 2014 más de 500 millones de euros. Ese petróleo lo compran particulares pero también se lo venden a los enemigos a los que trata de aniquilar. Además, obtiene mucho dinero de los secuestrados a quienes no corta el cuello o queman vivos. Reciben millones y millones de donaciones de mecenas de monarquías del Golfo, comenzando por Arabia Saudí. No digamos Qatar, tan activa en el patrocinio y la promoción del deporte de nuestros países. Trafica con obras de arte que se venden en ferias o anticuarios occidentales. Y mucho más. ¿Qué hacemos los países aliados en la persecución de ese dinero?

PS 1.- La memoria de las víctimas es importante. Ayer en Madrid, en el interior de la estación de Atocha, parte del monumento a las víctimas del 11-M seguía medio aplastado en el suelo. Lleva así más de dos meses. Falta aire comprimido para erguirlo. Como lo leen

PS 2.- En Cataluña sigue el dislate. Presionan a Mas para que deje de mendigarle a la CUP, división de opiniones acerca de si convocar nuevas elecciones y la banda de los Pujol, a lo suyo.

PS 3.- Podemos tiene listas cremallera. Las primarias son una risa. Hay dedazos a saco y los candidatos sorpresa entran y salen con facilidad pasmosa. Sánchez Gordillo y Cañamero, los sindicalistas, y Gómez Benítez y Pérez-Royo, los juristas, ya se han bajado del caballo. Pero se ha subido el juez Yllanes Suárez, que iba a presidir el juicio contra la infanta, el caso Noos. Y lo que queda por ver.

PS 4.- Temor en el PSOE, Ciudadanos y Podemos a que el asunto catalán y las consecuencias de la masacre de París beneficien a Rajoy y el PP en las generales. Temor en el PP a que un frente contra la guerra perjudique al PP en las generales. Mucho temor. Demasiado.