La última encuesta, de Metroscopia para El País, a tres semanas de las elecciones, muestra un triple empate entre PP (22,7%), Ciudadanos (22,6%) y PSOE (22,5%), con Podemos a la zaga (17,1%) pero aún en la batalla. Hay muchos indecisos, mucho personal con dudas, en el dilema de si es mejor malo conocido que bueno por conocer, y los expertos coinciden en que esta vez lo que queda, y la campaña formal que está a punto de arrancar, van a ser decisivas. No valen medias tintas, se la tienen que jugar, y por el camino pueden pasar cosas, en Cataluña y en Europa, con la batalla contra el yihadismo como telón de fondo.

A estas alturas es evidente que del 20-D va a salir un escenario más plural, con cuatro partidos por delante, y para gobernar es más que probable que la capacidad de negociar y pactar, con flexibilidad y sentido de Estado, sean esenciales. Y ahí se dibuja un plano en el que Ciudadanos y PSOE generan más confianza que PP y Podemos.

Rajoy, que llevaba unas semanas trasladando la impresión de que recuperaba terreno y mostraba unos modos más de estadista asomando la cabeza en la calle y en los medios, vuelve por donde solía. Respecto al escenario internacional, debería fijar la posición de España en la coalición internacional contra el terrorismo yihadista, lo cual no supone bombardear Siria o enviar tropas a ningún frente. Ello reforzaría la posición de España en el tablero de la política internacional. Pero quizá no lo haga. Y como por el camino al Daesh se le ocurra actuar en España…

Y el Rajoy de siempre, el de verdad, no el de las collejas en la radio y la cocina de Bertín, el auténtico Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana, se nos presenta en su ausencia en los debates, asunto este de fuste que muestra las debilidades de nuestro sistema.

Al debate de mañana no acude, y hace bien El País en no aceptar sustitutos y dejar el atril vacío. Gran error de Rajoy. El debate es entre cabezas de cartel, entre candidatos. Y se han equivocado Sánchez, Rivera e Iglesias en aceptar en otro combate a Soraya Sáenz de Santamaría, porque les sitúa un peldaño por debajo, en especial a los dos últimos, porque Sánchez aún tendrá un cara a cara después. Y escrito esto, le van a dar duro a Soraya en ese plató, cada poco, colocando en el escaparate reiteradamente la ausencia del candidato Rajoy. Y hay quien dice que enviando a Soraya está dando una pista el presidente de quien ocuparía su lugar si se diera la circunstancia de que para poder gobernar, el PP debiera entregar la cabeza de su líder.

Esta campaña electoral va a ser la más decisiva de la historia de nuestra imperfecta democracia. Va a pesar el debate ideológico y de programas más que nunca, como van a jugar un papel destacado el carácter, la personalidad, el temperamento y los modos de los candidatos, que, instruidos, alternan los espacios políticos en los medios con incursiones en programas de entretenimiento en los que la relación con el espectador se establece en torno a aspectos emocionales y formales que tienen su importancia, claro que sí.

El PP trata de volver a sus orígenes y ayer presentó en Valencia una parte de su programa electoral, en el que viene con el black friday fiscal, con promesa de bajada del IRPF de dos puntos, ayudas a las familias y las pequeñas empresas, exenciones fiscales a los jubilados que sigan trabajando y algunas cosas más. Hoy lanzan una segunda parte del papelito en el que prometen ser contundentes contra la corrupción, venden transparencia futura, garantizan la unidad de España, anuncia cambios en la ley electoral para que gobierne la lista más votada, y unas cuantas promesas regeneradoras más.

El problema que tiene el PP es que buena parte de las promesas y los compromisos ya los adquirieron en las anteriores elecciones, en el anterior programa, y se lo pasaron por el forro. ¿Por qué alguien ha de creerles ahora? ¿Qué nos debe hacer pensar que los mismos dirigentes que hace cuatro años nos engañaron no van a volver a hacerlo? Si el PP se hubiera renovado y hubiera cambiado a sus candidatos, a lo mejor este mensaje podría ser creíble. A estas alturas del partido a muchos nos les va a convencer.

Y ojo que hoy la CUP va a decidir si opta por entronar de nuevo a Artur Mas u opta por cumplir su palabra y le deja caer camino del final de verdad de su carrera política.

Está el patio caliente. Tenemos por delante tres semanas esenciales antes de que el día 20 se celebren unas elecciones de las que puede salir un Gobierno para que todo siga igual o un Ejecutivo con el que podamos pensar que algún día será posible la regeneración democrática en España. Por eso esta campaña va a ser verdaderamente decisiva. Nos jugamos mucho.