Es el gran asunto. La desconexión de Cataluña. El choque de dos vehículos, el uno con varios conductores suicidas al volante, el otro con un pasmarote a los mandos. A las pocas horas de producirse el acelerón, Rajoy compareció para no concretar nada y amenazar a la gallega con el artículo 155 de la Constitución, que casi nadie ha leído y que está por desarrollar. Ayer en el vehículo que a veces parece un camarote de los hermanos Marx, pero sin gracia, hubo ya disensiones. La CUP le afeó a sus amigos de Juntos por la Corrupción que el Gobierno catalán obedeciera a la Audiencia Nacional, porque así no comienza uno a independizarse. Si no fuera dramático resultaría todo cómico.

Quienes manejan los dos vehículos se observan y esperan a que el otro modifique la dirección. Pero me malicio que ni uno ni otro tienen claro cómo salirse del carril que les enfrenta cara a cara. Ambos tienen miedo, y se encuentran en un disparadero de difícil salida. Están a ver quién aguanta más, y aún quedan kilómetros por recorrer, aunque se avistan en línea recta. Y el gallego al volante tiene acreditada su solvencia en la ambigüedad y el aguantar hasta el último segundo antes de mover el volante, mientras que los de enfrente andan liados por el control de los movimientos del volante.

Se escenifica en Madrid una unidad de acción entre Rajoy y Sánchez, con Rivera en segundo plano, que a ver cuánto dura y cómo termina, vista la desconfianza que pulula por debajo de la mesa. Porque hay votos en juego, y el 20-D está muy cerca, y van a pasar muchas cosas hasta entonces. Y no veo nivel en los partidos para entender que estamos ante un asunto que trasciende lo partidario y electoralista, porque están en juego asuntos de fuste que afectan al núcleo del estado y por lo tanto a todos los ciudadanos españoles.

En paralelo, los cuarteles generales de los partidos preparan sus campañas para las elecciones de diciembre. En Génova hay muchos temores. Y uno no menor. Tras el interesado y cobarde reconocimiento de Tony Blair de que la decisión de invadir Irak fue un formidable error que tuvo como consecuencia cientos de miles de muertos y el crecimiento amenazante del Estado Islámico (IS), todos los ojos están puestos ahora en Aznar, a la espera de que salga a la palestra para explicarnos esa foto sonrojante, y aquella otra con las patas encima de la mesa fumándose el puro de la vergüenza. Ahora van dando lecciones por el mundo con buena soldada, aunque el nos metió en esa guerra gratis, a mayor gloria suya. O eso creía. Pero la confesión tardía de Blair un telediario antes de que le saquen los colores con el informe que le acojona pone en un brete no solo a Aznar, sino también a Rajoy.

Sí, a Rajoy. Porque estaba en el escaparate ministerial de ese Ejecutivo, y porque tuvo alguna comparecencia en el Parlamento entonces, defendiendo la canallada y la mentira de las armas de destrucción masiva. Defendiendo el culo de su jefe entonces, el mismo que hoy le pone la cara colorada cada dos por tres. Vaya pareja.

Y en Génova se sabe que ya están preparados varios videos, de Aznar y de Rajoy. De entonces. Y como además de videotecas hay hemerotecas, hay mucho papel circulando. Y van a salir muchas cosas, mucha mierda en todas las direcciones en esta campaña que comenzó hace tiempo, pero que ahora se va a poner caliente como cañón de mortero.

Y resucitar la guerra de Irak, el papelón que jugó España por la mala cabeza y la egolatría de Aznar, y la sumisión genuflexa de sus mariachis entonces, con Rajoy a la cabeza, va a dar mucho juego en la pelea por los votos. Otra guerra, menor, pero en la que va a haber munición de grueso calibre, guerra sucia, porque se juegan mucho, nos jugamos mucho, y el patio anda revuelto. Demasiado revuelto. Y en nuestra política hay muchos idiotas, idiotas de la Grecia antigua, idiotés, los que en vez de dedicarse a defender los intereses de los ciudadanos se ocupan solo de los suyos propios.