Rajoy se ha acreditado como un formidable experto en agotar los plazos legales y razonables para todo. No iba a ser menos a la hora de convocar las elecciones generales. Se lo anunció a Gloria Lomana en Antena 3 como quien dice que se va a comprar tabaco. Es una decisión absolutamente legítima, pero nos ha llevado a los españoles a vivir en campaña electoral permanente todo el año, con especial intensidad en este otoño que a ver cómo termina. Y ha conseguido que no puedan llevarse a cabo reformas de regeneración democrática que son tan necesarias en España. Y como guinda, el peregrino argumento de que convocando el 20 de diciembre las Cámaras se podrán constituir tranquilamente después de las fiestas. Con un par. Y se fumó un puro y se leyó la primera edición del Marca.

Ahora en el PP andan a palos con la elaboración de las listas. Hay batalla en muchas circunscripciones, sobre todo en Madrid, donde va a estar caro el número 2, especialmente relevante esta vez, ya que cabe alguna posibilidad de que quien vaya detrás de Rajoy pueda terminar siendo presidente o presidenta del Gobierno en función de cuales sean los resultados y qué apoyos pudiera necesitar para poder gobernar.

Se han puesto campanudos todos en el PP ahora en la tesis de que el enemigo es Pedro Sánchez, desdeñando a Albert Rivera y sus ciudadanos. Debieran andarse con cuidado. Esgrimió Rajoy en Antena 3 el argumento viejo de la antigüedad como patente de solvencia en la política (eso de “los políticos amateurs”). Que disparate, que evidencia de vivir en otro mundo. Un cualificado dirigente de la nueva hornada popular me decía ayer sábado que Rajoy “y el partido hemos de tener cuidado, mucho cuidado, en minusvalorar a Ciudadanos. Espero que en la campaña seamos inteligentes, no vaya a ser que les necesitemos y nos quedemos con un palmo de narices por hacer las cosas mal. Ciudadanos no es un partido fugaz, de paso, han venido para quedarse y lo están haciendo bien. Y es un partido que se nutre de los abstencionistas, de nosotros y del PSOE, y eso es un peligro”.

Otra de las preocupaciones que me expresaba este mando del PP es que Rajoy vuelva a querer agotar los tiempos para anunciar las listas: “Ya hemos pagado bien caro que el presidente no convocara las generales coincidiendo con las catalanas, como hemos pagado severamente el inmovilismo de Rajoy en las andaluzas, europeas, autonómicas y municipales, y espero que en Moncloa hayan aprendido. Los adversarios están ya en campaña activa, se sabe lo sustancial de las candidaturas y el PP debiera comenzar ya mismo a cerrar listas y sobre todo a trasladar ,mensajes en positivo. Y, por supuesto, las listas deben suponer una renovación a fondo de las caras, previa a la renovación a fondo en el partido. Si no es así será nuestro suicidio”.

Algunos en Génova esperan sorpresas, no muchas, pero quizá en alguno de los puestos importantes de Madrid, aunque la experiencia de Pizarro en 2008 ha vacunado a más de uno. Y hay batalla, sobre todo entre los viejos leones de la política populares y los jóvenes a los que ha aupado Rajoy, que no son bien vistos por más de una de las viejas glorias de la arena política. Y como va a haber menos escaños para colocar al personal, hay muchas menos posibilidades de que la peña genovesa quede satisfecha, y eso encona la guerra.

Y Rato. La investigación judicial avanza. Una persona muy próxima al ex vicepresidente y presidente del FMI me explicaba el miércoles pasado, tras haber tenido oportunidad de charlar con Rato a fondo, que él tiene “más que asumido que va a terminar ingresando en prisión”. Todo apunta en esa línea. Y la posibilidad de ver a Rato en Soto del Real, la hipótesis de que el ex vicepresidente del Gobierno incremente la cuerda de presos de personal del PP, asusta en la sede del PP y en los predios aznaristas de FAES. Hay mucho miedo a Bárcenas, y al Informe Pelícano, pero también más de uno se teme que Rato entre rejas puede ser una bomba de relojería para Rajoy y sus edecanes.