El PSOE lo parió y Mariano Rajoy incumplió la palabra dada y mantuvo las cosas como estaban. Va a acabar la legislatura y sin que mediara ninguna coacción de los hombres de gris, ni imposición alguna de la troika europea, el PP mantiene vigente una Ley Orgánica del Poder Judicial que permite a los parlamentarios nacionales elegir a quienes controlan el Poder Judicial y los nombramientos de jueces y magistrados, y a los autonómicos designar a la mitad de los magistrados que conforman la Sala de lo Penal y lo Civil de cada Tribunal Superior de Justicia de las Comunidades Autónomas, los Supremos de los virreyes que todo lo pueden en su territorio. Que es lo mismo que decir que los caciques de cada territorio eligen de entre sus coleguitas a los más obedientes para que sean ellos quienes hayan de impartir justicia cuando les trinquen en la mangancia y hayan de afrontar el banquillo de los acusados.

Gallardón quiso cambiarlo y cumplir con el programa electoral, pero el jefe le dijo que nones. No estaba el horno penal del PP para bollos de regeneración democrática y cumplimiento de los compromisos adquiridos, vaya estupidez. La corrupción llenaba portadas, juzgados y Audiencias y Rajoy, Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana, quería tener todo bajo control. Que necesidad de cumplir con la palabra. Después de tantas mentiras e incumplimientos con quienes le eligieron, uno más daba igual. Y este último le permitía un cierto control sobre las causas que les afectan, y por lo tanto, sobre sus inferiores jerárquicos que se la podían liar a él cuando vinieran mal dadas. Y así perfeccionó este sistema insoportable gracias al cual en vez de ser el Poder Judicial quien controla al Ejecutivo y el Legislativo es a la inversa, y son los políticos quienes tienen en su mano el control sobre los jueces.

Rajoy tiene miedo del “Informe Pelícano”, de Bárcenas, de un Rato que está a las puertas de Soto del Real, quizá hoy martes tras prestar declaración. Rajoy tiene miedo de todos los corruptos a los que el partido en el que él lo manda todo ha protegido hasta la náusea. Rajoy tiene un miedo fundado a perder las próximas elecciones. Y ahora está a punto de decidirse si los jueces Enrique López y Concha Espejel, apodada “Cospejel” en todos los foros, juzgan una de las piezas esenciales de la trama Gürtel.

Sería un escándalo que López, que es más del PP que Rajoy y Arenas juntos, carnets al margen, y Espejel, íntima amiga de María Dolores de Cospedal, formaran parte de esa Sala. Pero será. Debían haberse abstenido ellos mismos de tener una brizna de dignidad y respeto por la Justicia, pero no lo han hecho ni lo van a hacer.

Pero ojo que ahora nadie queda satisfecho. Las acusaciones porque como me decía el sábado uno de los letrados que las dirigen, “no cabe imparcialidad con dos jueces que todo el mundo saben que están estrechamente vinculados con el PP. No voy a entrar a valorar su cualificación, pero la Justicia debe ser ciega, y ellos no lo pueden ser. Es un escándalo que debiera evitarse”.

Y ayer lunes uno de los imputados, en compañía de su abogado defensor, me evidenciaba su temor a que el voto de estos dos magistrados pueda terminar por perjudicarles, ¿Por qué?, les pregunto. Y parecen tenerlo claro: “Porque como saben que todas las miradas van a estar fijadas sobre ellos, van a tratar de aparentar independencia, y van a considerar que la única forma de que el personal les absuelva de su pecado es mostrarse extremadamente duros con los acusados. Y esta es una forma de ser injusto, porque no nos van a tratar con equidad, y van a intentar lavar su imagen de modo que nos van a perjudicar”.

O sea, que van a hacer un pan con unas tortas. Nadie va a quedar satisfecho. La imparcialidad del Tribunal está herida de muerte antes de comenzar la vista oral. Y Mariano Rajoy Brey, a los suyo, que nunca es lo nuestro. Con sus sillas, sus mesas, sus puros y su Marca. Y dando clases de inglés con Dawn Allen, su profesora favorita, mientras España sufre su indolencia.