Miércoles 14 de octubre. Cafetería del Hotel Wellington. Calle Velázquez de Madrid. Espero a un abogado que influye en los ropones. Se retrasa. Mañana despejada pero fría. Por delante de mí pasan dos ex secretarios de Estado. Después, dos antiguos popes de PP y PSOE hoy coleguitas y colocados en empresas del Ibex 35. Solo faltaba el vecino ex presidente de Gobierno reconvertido a la biutiful. Y de pronto me saluda un dirigente popular curtido en mil batallas citado con un empresario de postín. Y me lanza a bocajarro tras el saludo: “Como viene la canallesca. Cuerpo a tierra que vienen los nuestros. A este paso, todos a palos, nos cargamos el PP antes de las generales. A palos terminamos desapareciendo. Lo de UCD puede ser una broma”.

Creo que exagera. No llegará el agua al río de la desaparición como el partido de Suárez, pero el PP de Rajoy se acerca cada día al abismo. El bombazo de ayer fueron las declaraciones de Montoro a Jorge Bustos, reivindicándose a sí mismo en El Mundo, y repartiendo estopa a los suyos. Un rosario de perlas que han caído como una bomba que le espera a Rajoy, que sigue de tournée, ausente como siempre: “Mi gestión se puede medir, a otros que les midan por sus palabras… Yo me paso aquí todo el día, haciendo números, mientras otros salen y hablan… Lo malo no es la crítica del adversario, sino la de los tuyos, que confunde al personal. Hay compañeros míos que se avergüenzan de lo que hemos hecho. Lo explican sin convicción porque en el fondo se avergüenzan de ser del PP… Yo estoy en política por Aznar. Pero no puedo admirar a alguien que ahora se dedica al business y da lecciones desde fuera. Si quieres ayudar entra al quirófano. Si no, no moleste: estamos operando… Luis de Guindos ha hecho su trabajo. El fue un fichaje… A Rodrigo solo podría preguntarle: ¿pero no estábamos todos jugando a a lo mismo? ¿No se trataba del país? ¿Y cómo alguien de tu renta puede usar una black para ahorrarse unos miles de euros?… Margallo es un hombre muy inteligente, pero los demás no somos del todo estúpidos. El lleva diciendo lo mismo desde 1994, pero uno tiene que saber revisar sus ideas con el tiempo, porque, si no, es rehén de su propia arrogancia intelectual”.

Mi interlocutor, que antes de llegar al Wellington ya ha pasado por Génova, tiene ganas de largar en privado. Llega calentito: “Moragas ya ha llamado. Ha puesto el grito en el cielo. El jefe está cabreado porque es una detrás de otra y, en su ausencia para triunfar en el imperio, en dos días le han creado varios incendios. Esto va a tener consecuencias, no lo dudes, porque el gallego no grita, no llama directamente, pero guarda las facturas y las pasa al cobro. Y ya no le queda más tiempo, o sea que va a haber quien se va a quedar fuera de las listas”.

Y me dice que Montoro no va a ser uno de ellos: “Cristóbal ha dicho eso sabiendo que el presidente le respalda. Si lo ha hecho es por algo. Y tiene la confianza del jefe. O sea, que a buen entendedor….”.

Ayer también a Cayetana Álvarez de Toledo le dieron lo suyo y lo del inglés en sede parlamentaria, donde la increparon y la llamaron al orden. No tiene gran peso específico en Génova, pero Cayetana es Aznar, y van dos muy seguidas. Y Cospedal, que ha fracasado de nuevo con la cagada de Arantza Quiroga, que se ha ido tras liarla en un PP vasco a la deriva donde Borja Semper puede durar dos telediarios, entre poema y poema. Y el mitin de Soraya en el Congreso, con video copiado incluido, que ha sido interpretado en la sede popular como un golpe de mano para dejar claro quien es la mano derecha de Rajoy. Y el lío catalán, donde el PP y el Gobierno ni están ni ya se les espera. Y la Comisión Europea, que le suministra bambú al Gobierno poniendo en cuestión sus Presupuestos y desmiente el discurso de la recuperación del Ejecutivo.

“Esto es un desastre sin paliativos”, suelta el dirigente popular antes de irse a su cita, y abrocha el desahogo: “Mariano se carga el partido en mil pedazos que a ver quien recompone. El PP es un sindiós que no se arregla en dos meses. De aqu a las elecciones incluso puede empeorar la cosa. Mira que nos ha defraudado este hombre. Y en Moncloa, donde se maneja también el partido, no hay nadie que le haga ver que la deriva es terrorífica. Todos están a la orden de un capitán que nos lleva al naufragio. Obedientes. Sumisos. Cobardes. Con lo que habíamos sido”. Pues eso.