La foto del cadáver de Aylan, de tres años, varado en la playa turca cuando huía desde Siria hacia Grecia ha conmocionado el mundo. Cuando conocimos esa imagen, algunos estábamos aún sin recuperarnos del horror de otra foto, la de una mujer postrada sobre sus rodillas, con la cabeza inclinada sumisamente, mientras un tipejo la suministra cien latigazos por adúltera impuestos por el gobernador de Gor (Afganistán). Y numerosos hombres asistiendo como espectadores cómodamente sentados. Y la televisión local retransmitiéndolo en directo. ¿Cuál será la próxima imagen que removerá conciencias durante unas horas para que, pasado el impacto, todo siga igual?

El debate no es el de si hay que publicar o no imágenes tan crudas. El fondo del asunto es la incapacidad de Occidente para reaccionar al fanatismo expansionista del Estado Islámico. Lo que hay es una orden de carácter teológico. Estamos ante una guerra del Siglo XXI y el enemigo es un Ejército de miles de personas en cuyas cabezas se combinan el fervor y la exacerbación ideológicas con el fanatismo religioso. Los niños, como siempre son víctimas, como las mujeres, y por eso hoy quiero centrarme en ellos y ellas, cuyo drama es insuperable.

Hace nueve meses el Departamento de Asuntos de la Mujer del Estado Islámico emitió una circular para el uso y el comercio de mujeres como esclavas en el Califato. Es estremecedor. No es suficientemente conocido. Y aún no ha habido un político del mundo occidental que haya parafraseado a García Albiol y haya dicho “se acabó la broma”. Porque es una broma macabra que estemos asistiendo impasibles a esta masacre. Porque quienes gobiernan el autodenominado primer mundo (¿primer mundo?), no han sabido aún reaccionar ante esta crueldad insoportable.

En Bloomberg encuentro información relevante (http://www.bloomberg.com/news/articles/2015-08-03/sex-slaves-sold-by-islamic-state-the-younger-the-better) Zainab Bangura, ministra de Sierra Leona, enviada especial de la ONU sobre la violencia sexual en los conflictos, ha elaborado un demoledor informe en el que acredita la existencia de esa circular, en la que se fija una lista de precios de mujeres y niños capturados. Bangura explica cómo “las chicas son vendidas como barriles de petróleo. Y una chica puede ser vendida y comprada por seis hombres diferentes. Y después de explotarlas se las revenden a sus familias por miles de dólares”. El gráfico que acompaña me deja estupefacto.

Una diez mil mujeres y miles de niños han sido convertidos en botín de guerra y mercancía. Y el mercado (son vendidos y vendidas, como en las películas de esclavos en blanco y negro, enlonjas en plena calle, como mercancía) ha fijado sus precios: las niñas de entre 1 y 9 años, 138 euros por cada una. Si tienen entre 10 y 20 años, 104 euros. Quienes están entre los 20 y los 30 años cotizan a 69 euros. Cuando alcanzan los 30 y hasta los 40 años, su precio baja a 52 euros por cabeza y de 40 años para arriba, el saldo, 35 euros de nada. Y para aquellos que andan estrechos de dinero, la autoridad religiosa islamista contempla la compra compartida de un niño o una esclava, porque para esos mandos la esclavitud de los infieles garantiza la pureza sexual de los creyentes.

Entre las víctimas mayoritarias del Estado Islámico que caen en este tráfico forzado, esclavista y sexual está, aparte claro de cualquiera que no sea musulmán sunita, los y las cristianas y yazadíes. Y siguen un manual, ese degenerado y pervertido catecismo islámico en el que se da respuesta a preguntas repugnantes, en 27 aclaraciones que suministra esta obra teológica en relación al sexo y la esclavitud. Abro comillas : “¿Qué hace esclavizable a una cautiva? Su incredulidad. Las cautivas incrédulas capturadas nos pertenecen, una vez que el imán las haya distribuido. ¿Pueden todas las infieles ser esclavizadas? Hay unanimidad entre los eruditos: pueden serlo las judías y cristianas y las politeístas. ¿Está permitido montar a una esclava? Está permitido. Alá, el todopoderoso, dice: gloriosos son los creyentes que guardan su castidad salvo con sus esposas y esclavas. ¿Está permitido montar a una esclava inmediatamente después de su captura? Sí, si es virgen. Si no, su útero debe antes ser purificado”. Cierro comillas.

Esto es lo que hay. Cada día alguien en nuestro mundo se culpa por no haber actuado a tiempo. Y pasa el tiempo. Y pasa. Y pasa. Y pasa. Y pasa. Y no se hace nada. Y el drama crece. Se están violando, mancillando y quebrantando todos los derechos de cientos de miles de seres humanos. Sólo se reacciona cuando un reportero freelance (en estos lugares del horror hay periodistas, pero no están los grandes medios de comunicación) capta una imagen que nos recuerda el espanto y nos revuelve el estómago y la conciencia. Pero cuando se capta esa imagen estamos ante su último grito, y todos los gritos anteriores, durante años y años, nadie los ha escuchado. Tarde. Siempre reaccionamos tarde. Y los niños y las mujeres siguen sufriendo en silencio. En un silencio insoportable.