No hay duda de que Artur Mas ha conseguido una victoria por goleada al convertir las elecciones autonómicas catalanas del próximo domingo en un plebiscito acerca de la secesión de Cataluña. No hay más debate que el sí o el no a la independencia. Y por Cataluña viajan los líderes nacionales de PP, PSOE y Podemos sin hablar de otra cosa que del plebiscito. Y todos, todos, hablan además con otra clave en su discurso: las elecciones generales de diciembre.

La victoria inicial de Mas y el resto de los partidarios de la secesión por las bravas es incuestionable y tiene, al menos, cuatro consecuencias graves. La primera, que han conseguido de este modo evitar que los ciudadanos catalanes puedan analizar propuestas y observar debates que sirvan para hacer balance de la gestión del Ejecutivo catalán y saber qué ofrece cada quien en lo asuntos que les afectan cada día, en materia social, económica, sanitaria, empleo…. La segunda, tapar con la estelada la corrupción que anega también a los líderes nacionalistas, ocultando la mangancia del 3% que en muchos casos llegó al 30%. La tercera, marcar ellos los ritmos del debate político, y alejar este de la realidad social que se vive en Cataluña. Y la cuarta, radicalizar y extremar la discusión de modo que se genera una división en dos de los ciudadanos entre catalanes de primera, pata negra y catalanes de segunda, españolistas que no aman a su patria. Un disparate.

Que el próximo domingo se va a celebrar un plebiscito que acojona al Gobierno y a los partidos nacionales lo evidencia además que desde el Ejecutivo y el PP se ha efectuado por el artículo 33, una modificación ad hoc del Tribunal Constitucional, se ha radicalizado el discurso y han conseguido implicar en la campaña a Obama, la señora Merkel, el premier Cameron, la Unión Europea y hasta la Banca y el IBEX 35, que tan calladitos estaban generando beneficios durante años y colaborando con la corrupción por activa o por pasiva. Casi nada al aparato.

El señor Rajoy, tan desesperada y disparatadamente pasivo durante años frente a este problema, se ha puesto las pilas, ha salido del bunker y ha desplegado todos sus efectivos en el plebiscito. Y dice estar tranquilo ante el resultado, aunque para el PP y para muchos ciudadanos vaya a ser un desastre. Esta semana va a ser potente. Dura. Pretenden en quince días hacer lo que no han hecho en cuatro años. Y no parece que vaya a ser suficiente.

Y esta semana, además, se va a evidenciar, en el gran duelo televisivo de la campaña, hasta que punto todo es un dislate. Al plató televisivo ha enviado Rajoy, miedoso como siempre y endosándole la responsabilidad a otros, a su ministro de Asuntos Exteriores, que se enfrentará al número 5 de Juntos por el sí, Oriol Junqueras, número uno ideológico y táctico en tantas cosas. Un disparate incomprensible.

Ya veremos quien sale ganador de ese debate el miércoles en la televisión que le regalaron a un grande de España, el Conde de Godó. Pero de entrada Junqueras, aspirante a presidir la República Catalana, y el independentismo, han conseguido una victoria espectacular con la mera celebración del lamentable evento. El PP, que no ha dejado de repetir durante meses que no hay riesgo alguno para la unidad de España, envía a debatir con Junqueras a su ministro de Asuntos Exteriores, que, además de sostener posiciones respecto a Cataluña discrepantes de las tesis oficiales de su partido, anuncia que acude a esa trampa “porque lo que más me preocupa es la unidad de España”. Con un par.

Va veremos dentro de una semana como termina este disparate. Las encuestas coinciden en algunas cuestiones importantes: ganarán en escaños los partidarios de declarar unilateralmente la independencia, Juntos por el sí y la CUP. Ciudadanos será la segunda fuerza política, un éxito importante de Albert Rivera que le situará en posición más que interesante de cara a las generales. PP y PSOE se estancan y juegan un papel residual en Cataluña y Podemos queda algo por debajo de lo que esperaba Pablo Iglesias. Es decir, que todo apunta a que la campaña del miedo diseñada por Rajoy lejos de perjudicar a los votantes secesionistas les ha estimulado.

El domingo saldremos de dudas. Si la victoria de los partidarios de la independencia es también en porcentaje de votos, no solo en escaños, el asunto se pondrá aún más serio. Pero todo apunta, en cualquier caso, a que a partir del lunes 28 los ciudadanos catalanes van a vivir en un clima de tensión política, social, institucional y legal muy serio. Se va a pasar de las musas al teatro, y el conflicto va a ser de fuste. Y, resumiendo desde lo que le importa de verdad al personal, desde el lunes 28 vivir en Cataluña va a ser más complicado, va a haber una tensión desconocida y creciente, se va a agravar la grieta social. Un escenario que no sabemos donde va a acabar, pero que sin duda va a ser peor para los ciudadanos, piensen como piensen. Porque estas aventuras se sabe como empiezan, pero no se sabe como terminan.