Artur Mas denunció ayer una operación del Estado contra Convergencia. Para Mas, que la Justicia investigue la corrupción es una maldad gubernamental en su contra. Una película que hemos visto ya demasiadas veces como para creer que es real. Una broma mas en la larga lista de bromas que nos gastan nuestros políticos desde hace tanto.

Escribo estas líneas desde Cataluña, donde por las calles y con la gente corriente se puede hablar, coincidir, discrepar y razonar. Pero los políticos siguen en la broma, y las bromas a veces acaban mal.

La decisión del PP de poner en marcha una reforma del Tribunal Constitucional para que sus sentencias sirvan para algo, una operación calamitosamente ordenada por el Gobierno de Rajoy a instancia del candidato Xavier García Albiol, acredita que todo se ha hecho muy mal desde hace tiempo en Cataluña.

Los sucesivos gobiernos nacionalistas, envueltos en la senyera, perfeccionaron una maquinaria tan corrupta como las que han funcionado en Madrid, antes con el PSOE, ahora con el PP, para financiar ilegalmente a los partidos y a algunos de sus mandamases mientras nos trataban de convencer de que estaban defendiendo los intereses generales. Pero andaban a lo suyo.

En la presentación de la iniciativa del PP respecto al Constitucional, al contarnos el arreón que le van a dar al TC, García Albiol nos dios la clave. No se si conscientemente. Hasta la fecha el Gobierno ha estado de broma. Y otro gobiernos anteriores también. Porque si no se hubieran tomado a chacota, a una irresponsable y temeraria chacota el problema que había en Cataluña, no se habría llegado a esta situación. Si los gobiernos del PSOE y PP no se hubieran tomado a broma las reiteradas deslealtades de los nacionalistas e independentistas catalanes, la cosa no estaría como está. Si se lo hubieran tomado en serio habrían hecho política y habrían legislado para no llegar a esta punto. Si esos gobiernos no hubieran hecho dejación de sus responsabilidades durante tantos años las cosas serían distintas.

García Albiol nos lo ha explicado todo perfectamente en cuatro palabras en un despacho del Congreso en el que él no ocupa lugar: “Se acabó la broma”. Es verdad. Es una triste realidad. Pero es indiscutible. Que lo anterior era una broma. Y ya veremos si se ha acabado o han llegado tarde a ponerse serios. Han sido demasiados años de broma y por eso la decisión ahora de legislar ad hoc, algo que siempre es poco recomendable, ha sido percibida como un disparate. Ahora veremos si se acabo la broma o si la broma se convierte en un drama con fractura social de consecuencias imaginables. Qué poca gracia ha tenido esta broma macabra. Que poca