Iba a escribir sobre la grosera manipulación de personajes famosos que ha hecho la Asamblea Nacional Catalana (ANC), utilizando entre otros a Vicente del Bosque y Dani Rovira en un panfleto independentista, pero me ha parecido notable la última del PP en plena campaña para las generales de no se sabe cuando. Como ahora quieren comunicar mucho y tener piel, aprovechan cada día para lanzar un mensaje. Están que se salen.

 

Hoy en varios medios nos venden la burra de que el PP está dispuesto a acometer una reforma a fondo del Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial y el Senado, con el objetivo de incrementar su “calidad democrática” y devolver a los ciudadanos la confianza en la política. Incluso dicen que quieren reformar el reglamento del Congreso para tratar de acercarlo más al personal y que fluya la transparencia.

 

Yo la verdad, tras leer detenidamente la propaganda, he dudaDO entre reir y llorar, y he optado por descojonarme. El PP, que durante esta legislatura ha dispuesto de mayoría absoluta, podía haber puesto en marcha todas estas propuestas y haberlas culminado. Incluso era uno de los compromisos adquiridos a través de su programa electoral. Pero se pasó las promesas por el forro e incluso, con Gallardón de estilete, caminó en la dirección contraria.

 

¿Por qué hemos de creer ahora al PP? ¿Qué motivos tenemos para pensar que lo van a hacer, que de verdad desean esas reformas que algunos venimos reclamando hace años? Y van y nos lo cuentan ahora, cuando agoniza el régimen, cuando buscan su tabla de salvación, en la hora undécima de la legislatura. No tienen reparos en mostrar su poca vergüenza.

 

Claro que hay que reformar a fondo las vigas esenciales del sistema. Para empezar hay que resucitar a Montesquieu y acabar con esto de que el poder ejecutivo lo controle todo. Y convendría más distancia entre el Ejecutivo y el Legislativo, de modo que quizá debamos ir pensando en un régimen presidencialista que lo posibilite.

Hay que rehacer la Ley Orgánica del Poder Judicial, el sistema de elección de los vocales del Consejo debe cambiarse, y también el de los magistrados del Tribunal Constitucional. Y el fiscal general del Estado debe ser elegido por mayoría cualificada del Parlamento, y no por el Gobierno. Y sí, hay que reformar el Reglamento del Congreso, claro. Y hay que cambiar el Senado, o cargárselo. Y de una puñetera vez hay que cumplir el artículo 6 de la Constitución para que los partidos políticos tengan un funcionamiento interno democrático.

 

O sea, hay que hacer todo lo que el PP, y el PSOE, llevan años reclamando cuando les toca purgar sus penas en la oposición y no han hecho jamás cuando se han turnado en el Gobierno. Está muy claro lo que hay que hacer, tan meridianamente claro como que el PP y el PSOE carecen de credibilidad alguna para que pensemos que son ellos quienes van a llevar a cabo estas reformas, y todas las demás, que son muchas, porque si se hacen, su chiringuito de intereses se va al carajo.

 

Quizá sea verdad que ahora van un poco en serio. El problema que tienen es que las encuestas dicen que llegan tarde. Y además dicen que el resultado de las generales es muy incierto, y puede salir de ellas un Parlamento complejísimo y un Gobierno imposible. O no. Porque hay que esperar, entre otras cosas a las catalanas de septiembre, que van a ser trascendentales.

 

O sea, que por ahora, la credibilidad del PP respecto a tantas reformas que proponen los nuevos portavoces a la orden de Moragas y Rajoy es nula. Y se lo han ganado a pulso. Ah, y lo que queda por llover de corrupción, con el otoño ardiendo de procesos y juicios por toda la merdé que ha anegado al partido en el Gobierno. Y está habiendo muchas reuniones. Y aunque sean secretas, terminaremos sabiendo que se han producido. Incluso terminaremos sabiendo lo que se cuece en ellas.