Cada día va a peor. La marea de emigrantes y refugiados no cesa. Vagan, perseguidos y puteados, culpables de no saber qué culpa tienen. Nosotros los hemos abandonado hace mucho tiempo. El ejército de nadies, de parias, solos o en familia si cabe, crece cada día, huyen y mueren como moscas.

En nuestro universo de confort abundan las familias que observan aterradas cada día imágenes en las teles, en las tabletas, en los ordenadores y en los periódicos que las nuevas generaciones no tenían que haber visionado jamás. Y como suelen estropear el desayuno la comida o la cena en familia, generan una solidaridad verbal, afectiva y anímica que dura lo que tardan en acercarse a la puerta de casa.

Y no son recuas de delincuentes o sospechosos habituales, sino seres humanos que en su huida lo han perdido todo y han toreado excesivos canallas y demasiados cadáveres como para interrumpir el viaje a ninguna parte. Es lo que tiene la desesperación. Que no guarda fronteras.

Vienen por todos lados. Llegan desde África, Siria, Libia, América… es lo mismo. Huyen de la guerra, los bombardeos, los tiros en la nuca, la miseria, la persecución religiosa o política, el odio, el Ejército Islámico y sus filiales. Arriban en barco, en patera, en coches, en autobuses, caminando, en camiones congeladores, como pueden, hasta en maletas meten a los niños. Y Europa venga a construir vallas, cerrar fronteras, levantar muros, instalar concertinas, lanzarles miles de militares y policías armados hasta arriba, hasta con perros y balas de goma, o gases, o a palos. Y prohibiciones, muchas prohibiciones, de palabra y obra. Pero ellos siguen llegando porque no hay nada que le de a uno más convicción en la huida que el terror padecido en sus lugares de origen, y la hartura ya de estar hartos de la miseria. Y buscan en los países de la UE, incautos, un lugar donde salvar la vida, poder ganársela decentemente, y comenzar a construir una nueva integrados en un país que no es el suyo. Saben que llegan ilegalmente, como saben que han pagado un dineral que no tenían a las redes que trafican con ellos. Porque han de ponerse en manos de redes de tratantes de seres humanos que les sacan el poco dinero de que disponen para su desplazamiento, y les llevan de camino a no saben donde, muchas veces directos a la muerte, sin importarles si son mujeres, hombres niños o ancianos. Porque están bien aprendidos, y a los traficantes de personas las personas no les importan una higa, solo su negocio de defunciones a cámara lenta.

Y los movimientos políticos racistas y xenófobos en pleno auge, y en ascenso en las urnas, y hasta han llegado unas nazis alemanes a mearle encima a un niño de 5 años delante de su madre.

Todo esto no es demagogia. Es la puta realidad. Y Europa, cobarde, fracasada, insolidaria en incapaz de afrontar el problema, solo reacciona tímidamente cuando son demasiado duras las imágenes y los medios nos ponemos pesados en estropear cada día las cumbres de los mandamases con imágenes de la cruda realidad. Imágenes tomadas en su mayoría por periodistas freelance, porque los grandes medios no quieren problemas y prefieren que se la jueguen para contarlo los parias del oficio, porque esto va de parias.

Llevamos tiempo viviendo en un estado de emergencia real, pero la troika, los hombres de negro, los hombres de gris, los que manejan el cotarro, andan demasiado ocupados en el dinero como para dedicarle tiempo a este drama. Y además carecen de formación, sensibilidad o talento para aportar soluciones. Solo se manejan bien en los mercados, las bolsas y la corrupción. Y las prohibiciones, que se les dan de miedo. Y que es lo que hacen cuando no tienen ni puñetera idea de qué hay que hacer: prohibir, prohibir y prohibir.

Pero el futuro de esta Europa que no existe quizá dependa de que seamos capaces de resolver este drama. Aunque nadie nos lo diga. Y los que mandan en la UE, muchos de ellos sin haber sido elegidos por nadie, excepto por ellos mismos, manejan instituciones que no saben qué hacer ni cómo resolver el problema. Ahora dicen que la Comisión Europea quiere ofrecer más dinero para un fondo fiduciario Europeo-Africano que sirva para gestionar la crisis de los refugiados. Con condiciones, claro, muchas de ellas incumplibles.

No ha habido una crisis política, social, migratoria, económica, bélica o de cualquier especie ante la que la Unión Europea y la recua de funcionarios pagados con salarios de escándalo hayan reaccionado a tiempo y atinadamente. Somos tan pobres que solo tenemos dinero. Y hemos mirado a otro lado tantas veces (Irak, Irán, los Balcanes, la primavera árabe, Siria, el Sahel, el ébola, los diamantes de sangre, Boko Haram) que ahora se nos inunda el continente de cadáveres, vivientes o en féretros de madera de pino, y las olas engullen seres humanos como si fueran animales hambrientos. Y de esos no sabemos nada, porque no llegan nunca más que al fondo del mar.

Los Estados de la Unión han de diseñar una política exterior común de asilo que acabe de una vez por todas con las redes de trata de mujeres y hombres. Tienen que diseñar y poner en práctica medidas que posibiliten que cada uno de ellos pueda permitir, organizar, ordenar y posibilitar que los refugiados e inmigrantes lleguen a nuestros países ordenadamente y sin tener que recurrir a las mafias. La Agencia de Derechos Fundamentales Europea recordaba esta mañana que en 2010, antes de la guerra en Siria, la UE concedió 30.000 visados a ciudadanos sirios. ¿Saben cuantos ha concedido en 2013, ya en pleno conflicto? Ninguno.

Y explicaba también esta Agencia como, por ejemplo, se podría arbitrar un sistema para que quienes huyen del horror puedan solicitar protección internacional en las Embajadas de los países de acogida desde los Estados de origen o de tránsito. España es de lo los pocos países de la Unión que incluye en su legislación la posibilidad de hacerlo, desde 2009, pero no se puede llevar a cabo porque en 6 años nuestros gobiernos no han sido capaces de desarrollar un reglamento que lo regule. Y también se pueden conceder organizadamente estatutos de refugiado permanentes. Y organizar adecuada y fundadamente el traslado a nuestros países de los emigrantes y refugiados, con programas de reasentamiento.

Pero no. Se actúa siempre a golpe de titulares e imágenes dramáticas, a golpe de crisis de urgencia, con cumbres, reuniones, foros y demás mandangas que al final dejan las cosas como están. Los nadie viajando a la muerte y Europa fracasada, insolidaria e incapaz.