Viene malo el 2015, y recio este agosto que avanza canalla. En asesinatos de mujeres y niños, escribo. En lo que va de año van 23 víctimas mortales de violencia machista, de las que solo cuatro habían denunciado previamente. En solo medio agosto, un hombre asesina a sus hijos y a su mujer y otro acuchilla a su esposa en Barcelona, un padre mata a sus dos hijos de 4 y 9 años en Pontevedra, un tipo quema la casa de su ex mujer con ella dentro en Valencia y en Cuenca un macho con antecedentes asesina a su ex novia y a una amiga cuando iban a recoger los enseres de quien había decidido abandonarle cansada de sus excesos. Viene pésimo este agosto para las víctimas de estos repugnantes asesinos machos.

Hay muchos, demasiados hombres irracionales, descabellados, arteros, raposos. Es un ejército no uniformado de tipejos que viven convencidos de que la novia o la mujer es una propiedad privada, una cosa que les pertenece, y tienen derecho a cargársela si media un no, o simplemente el atisbo de una duda de que puedan decir no. No a cualquier cosa. No aceptan más que la sumisión. Y los que saben del coco me dicen que siempre empiezan cariñosos, hasta dulces. Engatusan en el inicio, ocultan en seda falsa su condición de lobos depredadores hasta que la presa se confía, y entonces no tienen piedad. Y saben que el miedo atenaza a muchas de ellas, como nos atenazaría a nosotros si nos lo hicieran. Y por ese pavor algunas no denuncian.

Y muchos optan por matarlas lentamente en vida asesinando previamente a sus hijos, engendrados por ambos o de padre anterior a ellos. Saben que liquidando a las crías acaban con ellas un mucho. Como saben que con la violencia diaria, gota a gota, previa a liquidarlas para siempre, las revientan no el rostro ni el cuerpo, sino el alma. Y las condenan a morir en vida hasta que las asesinan.

Hay un problema social detrás de esta violencia de asesinos machos repugnantes. Porque antes de quebrarles el alma y el cuerpo ha habido gritos, insultos, vejaciones, acoso público y privado. Maltrato psicológico que incluso a veces no se manifiesta en violencia ni siquiera verbal, sino en control de ellas por el conocimiento de sus debilidades y sus miedos. Conocen las teclas que han de tocar para manejar sus vidas y en un punto avientan la violencia hasta llegar al asesinato.

Sí, seguro que algunos padecen enfermedad. Todos estos tipejos conviven con frustraciones que eliminan golpeando o matando a quien consideran suyo. No se golpean ellos mismos, no se quitan ellos la vida previamente, no, las machacan a ellas porque las consideran suyas. Y sus colegas les ríen las gracias. Y los vecinos que saben o intuyen, callan.

Todo comienza en ese universo machista del chiste guarro y putero, en la coña en manada sobre la condición femenina y la superioridad del macho, en la risa sin gracia sobre los atuendos de ellas, en el insulto grosero a sus espaldas, en el piropo chabacano y obsceno, en la disculpa cuando se comenta uno de los crímenes machos.

Porque hay un problema cultural que nace y se mama en casa. Y después se transmite. Y no se ataja en las escuelas. Y se extiende en los bares y en las calles, y en las redes sociales, y en las barras de los baretos y las discotecas, donde se instalan a la caza de alguna presa. Y en los gimnasios donde se mazan, porque a algunas les gustan así, mazaos, en uso de su derecho, pero ello no significa que les guste que las liquiden.

Seguro que la legislación es mejorable. No hay duda de que el trabajo institucional en la prevención es perfectible. Es evidente que la actuación policial y judicial cuando hay denuncias para evitar que suceda es superable. Pero el problema esencial es previo, y está en la formación, en la cabeza, en las costumbres aprendidas por estos machos de mierda que solventan sus frustraciones, sus incapacidades o sus fracasos académicos, afectivos, sociales, económicos o de cualquier especie acabando con sus novias, con sus mujeres y a veces con los niños.

El asunto es muy serio. Y no depende solo de quienes nos gobiernan o de quienes han sido elegidos para legislar. Depende de cada uno de nosotros. Hay que comenzar por no reírles las gracias. Por ser intransigentes con el machismo a menor escala. No exagero. Se comienza así y se termina matando. No tienen ustedes ni idea de cuanto asesino macho, consumado o no, tienen alrededor. Muchos. Demasiados.

PS: he retirado el anterior artículo publicado. Escribí que Soraya Sáenz de Santa María había pasado unos días de vacaciones en el Hotel Villapadierna de Marbella y no es verdad. He cometido un error y pido disculpas por ello. La vicepresidenta del Gobierno no ha pasado las vacaciones en ese hotel y así quiero que conste junto a mis disculpas sinceras, que estoy seguro que aceptará.