Se están aplicando en el afán por abordar una renovación del callejero madrileño. Al poco de aterrizar, la gente de Podemos que rodea y controla a Manuela Carmena, se ocupó de filtrar a los medios en versión original con subtítulos que el consistorio va a dar el paseíllo a los nombres de algunas calles dedicadas a personas vinculadas con el franquismo. Los penúltimos que quieren ganar la guerra setenta y seis años después de terminada.

La lista de los nombres de las vías que quieren modificar que se filtró era amplia. Dos llamaban especialmente la atención. La de Pedro Muñoz-Seca, fusilado en Paracuellos no por su activismo, sino porque su humor no lo resistían, y la de Santiago Bernabéu, conocido mundialmente al parecer porque era simpatizante de la CEDA. Manda huevos, que diría el embajador Trillo.

Ahora insisten mucho en que uno de los nombres que más les urge modificar es el de la calle Juan Ignacio Luca de Tena, hijo de uno de los fundadores del diario ABC, y calle que alberga la sede del diario monárquico. Me cuentan, pero no me lo creo, que el empeño y la prisa son consecuencia de una portada que le molestó a la alcaldesa, en la que se le recordaba su trabajo en el decanato de los Juzgados de Madrid en relación con los desahucios. Hay mucho iletrado en los Ayuntamientos que no sabe diferenciar entre un franquista y un monárquico. Y hay mucho sectario ahora a braga quitada en el poder.

Vale que hay nombres de calles que debieran cambiarse. Diría más. Nunca debieron tenerlo. Pero de siempre han tenido los responsables municipales una tendencia a la utilización del callejero para honrar a los conmilitones, en vez de aplicar criterios democráticos, neutrales, culturales y no sectarios al nomenclátor del callejero. Estaría bien que de una vez por todas se aborde el asunto en serio, dejando al margen las ideologías y los revanchismos.

Y no es sólo Madrid. Hay lío en muchas otras ciudades. En Zaragoza anuncian que retiran al pabellón el nombre de Príncipe Felipe para homenajear a Abós, entrenador de baloncesto recientemente fallecido.

Se viene haciendo mal hace tiempo. Los políticos, enfangados en corruptelas, golferías y corrupciones urbanísticas, limpiaban su conciencia y creían que también el escaparate denominando con nombres de miembros de la Casa o la Familia Real a hospitales, museos, bibliotecas, centros culturales, pabellones deportivos, centros de ancianos o cualquier otro edificio en el que colocar una placa para después dar un vino español al personal enchufado.

Si se hubieran afanado en hacer las cosas como es debido, a los hospitales debieron haberles puesto nombres de científicos o médicos que lo merecieran. A las bibliotecas, de escritores ilustres. A los pabellones, de deportistas con mérito. A los museos, de artistas o mecenas reconocidos. No es tan difícil. Sin sectarismos. Pensando en las próximas generaciones, y no en mamársela al poder o en acreditar el mando en plaza. Pero tenemos lo que tenemos.

 

PS: Mañana comparece el ministro de Interior, Fernández Díaz, para explicar lo inexplicable. Le ha obligado Rajoy a hacerlo. Pero no esperan nada, que ya adelantó el presidente que no iba a aclarar nada. O sea, más escándalo. Que nos diga el ministro si es verdad que Rato a quien pidió ver es a Rajoy y que Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana le endilgó el corrupto a su ministro. Y vayan preparándose, porque Rato también tiene munición, y no solo ha visto a Fernández Díaz. Ha tenido otras reuniones sabrosonas con gente de nombre del PP. Es lo que tienen la corrupción y las arenas movedizas.