El Partido Popular se siente orgulloso del nombramiento del ex ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, como embajador ante la OCDE. Con un par. Lo dijo ayer en el Congreso Beatriz Rodríguez-Salmones, obediente diputada de Rajoy, en su discurso para rechazar en la Diputación Permanente del Congreso las comparecencias del propio Wert y del ministro de Exteriores para explicar un nombramiento que toda la oposición y buena parte de los ciudadanos considera un grave escándalo y una vergüenza.

Nombramiento que, recuerden, hizo a hurtadillas Rajoy, el viernes de su rueda de prensa de balance de año tras el Consejo de Ministros, hurtando la información a la prensa para evitar preguntas, haciendo público el nombramiento a última hora de la tarde con media España ya con un pie en la playa.

Rodríguez-Salmones, que con el mismo entusiasmo hubiera dicho lo contrario de estar en la oposición y haber hecho tan impresentable designación otro partido, o simplemente de habérselo mandado su jefe, al que le debe el sustento, llegó a afirmar que a la oposición se le debería “caer la cara de vergüenza” por criticarlo y encima pedir que comparezcan el ministro y el ex ministro ante los representantes de los ciudadanos.

Claro, se me olvidaba, ella no representa a los ciudadanos, ella representa a su partido, bueno, ni siquiera, a su jefe, que hace y deshace, que tan pronto te coloca en las listas como te fumiga si le viene a pelo.

Beatriz Rodríguez-Salmones fue fiel secretaria de Manuel Fraga en Alianza Popular, y aprendió sus modales. Lleva cinco legislaturas como diputada. O sea, que forma parte del paisaje del Congreso. Es vocal de la Diputación Permanente, portavoz sustituta en la Junta de Portavoces, vocal de las comisiones de Defensa, Cultura y comisión mixta para la Unión Europea, además de presidir la delegación española en la Asamblea Parlamentaria de la OTAN. Un currículo que acredita su ciega obediencia al que manda en el partido.

Ayer se expresó con vehemencia para defender el nombramiento de Wert. ¿Dónde estaban ayer los ministros y dirigentes populares que en su día osaron admitir ante periodistas que no tenían claro que hubiera sido adecuado el nombramiento? Acojonados y callados. O de vacatas aún. Eso sí, la diputada dijo con displicencia que Wert comparecerá en el Congreso más adelante, cuando arranque el período ordinario de sesiones, para explicar las funciones que va a llevar a cabo en su destino parisino que le regaló tras su boda Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana, después de que el propio Wert colocara previamente a su señora en un puesto directivo de la misma organización, lo cual puede generar hasta severos problemas a la delegación española y a la propia OCDE.

Wert no tiene la cualificación ni la experiencia que requiere una Embajada como esa, en una materia tan específica como la cooperación internacional. Si la señora de Wert no hubiera sido previamente colocada en París, el presidente del Gobierno no habría nombrado al ex ministro que se fue sin dar explicaciones.

Si el nombramiento fue una vergüenza, que Rajoy ordenara a Rodríguez-Salmones marcarse esa intervención y decir que el PP se siente orgulloso de este episodio lamentable es directamente una desvergüenza insoportable. Han perdido ya el más mínimo sentido del pudor los dirigentes populares. Les importa todo una higa. Van a lo suyo, que casi nunca es lo nuestro, lo de todos. Veremos lo que piensan los ciudadanos cuando vayan a las urnas. Para empezar en Cataluña. Y para continuar en las generales. Igual las encuestas se equivocan. No sabemos en qué dirección.