Andamos aquí revueltos con las encuestas. El bipartidismo parece que respira, pero poco. Porque queda mucho para las generales, y van a pasar muchas cosas importantes. Y porque pese al repunte, PP y PSOE no van a poder gobernar solos, lo cual supone que parte del chollo se les ha acabado. Y los periodistas de vacatas también, o entregados a la crónica veraniega. O a copiar a los pequeños sin citar. En España ejercer el periodismo libre y crítico te puede costar el puesto, la persecución del Gobierno para que no te contraten, y que a algunas tertulias no te inviten. Pero en otros países te cuesta la vida. Y aquí, poco escaparate en prensa escrita y casi nada en las teles, que están en la playa desde mayo.

Sufro junto a mis Cuerdos de Atar en mi piel el drama de tres compañeros. Y ahora nos ha rozado el corazón y la carne el asesinato en México D.F. de Rubén Espinosa, Nadia Vera y sus amigas. Mi equipo de Cuerdos está haciendo un reportaje sobre colegas de profesión que ejercen este oficio maravilloso en zonas de riesgo y sometidos a la amenaza y la presión de grupos mafiosos y criminales, y de Gobiernos que amparan o directamente se asocian con estas organizaciones criminales. Hemos estado en Brasil, y claro, también en Méjico. Noemí Redondo fue la última persona que entrevistó a Rubén Espinosa antes de que lo mataran (pueden verlo en www.cuerdosdeatar.tv).

Rubén tuvo que huir de Veracruz, en el Golfo de México, uno de los Estados más azotados por el crimen organizado, donde como en casi todos las autoridades se confunden con los cárteles y las mafias. Se instaló en la capital, pero en su conversación con Noemí dejó claro que era consciente de que el riesgo no había desaparecido, aunque amainaba. El 30 de julio se reunió con Nadia Vera, promotora cultural, también perseguida en Veracruz. Junto a ellos dos amigas. Una empleada limpiaba la casa. De pronto entraron tres tipos. A las mujeres las violaron antes de matarlas. A todos les golpearon duro. Al final les asesinaron de un disparo en la cabeza a cada uno. Un solo disparo por cabeza. Buenos profesionales.

Ahora las autoridades mejicanas, a quienes la mierda enfanga por encima del cuello, deslizan miserables mensajes. Dicen no descartar ninguna línea de investigación. Apuntan a delincuencia común. Pablo de Llano termina su crónica de El País con una pregunta: “Pudo ser un robo. Pudo ser un asesinato político. Pudo ser un feminicidio. ¿Pudieron ser las tres cosas a la vez?”. Pablo, te respondo. Fueron las tres cosas a la vez. Fue un asesinato político en represalia por el trabajo periodístico de nuestro amigo Rubén. Fue un feminicidio, porque estos hijos de la gran chingada lo practican a lo largo y ancho de México cada día, y más aún con las mujeres con un par de ovarios que no se achantan. Y fue un robo, porque las estructuras mafiosas trufadas con los poderes del Estado que controlan el país lo hacen así, para que parezca un accidente.

Nosotros, en Cuerdos de Atar, vivimos no hace un año en carne propia como se las gastan en México con los periodistas que no la maman. Te revientan la madre. Que es lo que han hecho con Rubén, Nadia, Nicole, Yesenia y Alejandra. Por más que ahora vayan a vestir de robo el quíntuple asesinato.

Y el mensaje es claro, para cualquiera que conozca un poquito México. Es un mensaje al que no son ajenos el presidente Peña Nieto y Javier Duarte, el actual gobernador de Veracruz. Hasta la fecha, un periodista o un activista por los derechos humanos podía huir de un Estado y vivir en Distrito Federal con mínimas garantías de que allí se les dejaba razonablemente tranquilos. Son muchos los colegas que han huido del horror local y viven en la capital mínimamente seguros. Ahora no. Ahora a Duarte y sus secuaces se les ha entendido muy bien. Quien osa remover la mierda que anega Veracruz no vive en paz ni en D.F. ni en el último confín de México. Y Peña Nieto a lo suyo, con todos loa países democráticos del “primer mundo” bailándole el agua mientras las grandes empresas multinacionales se forran en México a ganar plata. Conviene recordarles que buena parte de esa plata que ganan está manchada de sangre de gente no sólo inocente, sino comprometida con la búsqueda de la democracia que quería construir un país mejor. Que lo sepan en el IBEX 35, y en Moncloa, y en Ferraz, y en tantos otros sitios.

Descansen en paz Rubén, Nadia, Nicole, Yesenia y Alejandra. Y mis respetos por tantos colegas de profesión que en los cinco continentes arriesgan sus vidas porque los ciudadanos reciban información, aunque a veces la pierdan. Algunos no les olvidamos y trabajamos y vamos a seguir trabajando junto a ellos.